Por Arash
A propósito del "período de reflexión" del Presidente del Gobierno y de este fin de semana, sea lo que sea lo que venga, cabe decir algo. Y es que si para dar tal o cual paso o tomar una decisión, se espera antes a ver lo que dice o hace el Congreso de los Diputados o el Consejo de Ministros, como si fueran los turnos en el juego de las damas, quienes en realidad partan el bacalao serán los gestores políticos y no los sindicatos de vivienda.
En tal caso, la movilización se habrá convertido, más pronto que tarde, en otro 15M porque su orientación y finalidad será la de otra canalización estéril del descontento. Las últimas convocatorias han tenido relativa asistencia y participación. Si se determinan unas elecciones anticipadas y un seguimiento de manifestaciones como las recientes no fuera ya masivo, con vistas a prolongarse indefinidamente en el tiempo, será como ponerle una moqueta al PP-VOX para que entren en Moncloa.
El camino alternativo se llama independencia de clase. Es tener agenda propia. Una que no espere ni esté supeditada a ninguno de los movimientos que hacen todos aquellos profesionales del cretinismo parlamentario. Para enfrentar a la derecha y el fascismo no servirá ni su tutela, ni la de ninguna de las sucursales mediáticas. El panorama ya está repleto de los tertulianos y sus clubes de debates redifundidos por televisión y por las plataformas digitales. Eso es así desde al menos 2011, pero no quiere decir que no haya que pretender la citada independencia. Excepto los pseudomedios buleros y nazis, los reales pueden reportar lo que deseen, pero la lucha está en la calle.
Hay algunas demandas reconocibles de la misma: bajada de precios y rentas de alquiler, expropiación de fondos buitre, contratos indefinidos de vivienda. Si se van a añadir más puntos, que nadie consiga que se olvide que sean eso, demandas añadidas sobre aquellas que se hayan considerado como fundamentales. También se puede exigir que se despenalice la ocupación por familias en situación vulnerable de aquellas viviendas que no se encuentren habitadas; un aval estatal para inquilinos en el mercado inmobiliario y de alquileres, etc.
Y puesto que tenemos un serio problema de infiltración en las FCSE, en la judicatura y en el funcionariado, en el empresariado y en el clero, no estaría de más una urgente depuración de elementos antidemocráticos, si es que se acuerda algo semejante. No hay que olvidar que las bandas de desocupación son los squadristas armados para defender el derecho de propiedad por encima del acceso universal a la vivienda o cualquier otra de nuestras necesidades. A aquellas empresas de desocupación se les sirve y protege con descaro. Agresiones e intentos de ellas como las de Oviedo o de Madrid, o de cualquier otra de las grandes y pequeñas localidades irán a más, si no lo impedimos por todos los medios posibles.
La vivienda es una de las necesidades inmediatas que tiene la clase trabajadora. Si el acceso a la misma "se come" la mayor parte del salario, eso no deja de ser expresión de cómo el rentismo inmobiliario es una de las principales formas de exprimir que se añaden a la explotación cotidiana. Eso sin hablar de la luz y el gas, o de la cesta de los alimentos.
Sobra razones para salir a la calle.
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