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Espacio de producción propia, reproducción ajena y discusión de teoría analítica sobre estructura, relaciones y cambio sociales, y de difusión de iniciativas y convocatorias progresistas.

viernes, 1 de mayo de 2026

El mundo enfermo, huérfano

 

Por Arash

Hay una esperanza que exige lo mejor de cada uno, y no dejarse engañar ni seducir por ciertos charlatanes. Estos últimos buscan solaparse. Intentan algo así como encontrar la manera de ponerse a rebufo de pensadores, críticos, y militantes que en la práctica totalidad de los casos ni siquiera les conocen, y en la mejor de las posibilidades ni les prestan atención. Aunque la buscan.

Si aquel investigador de la praxis, exiliado y perseguido por toda la Europa del siglo diecinueve, regresara como de ultratumba y se personara entre nosotros, estos mamones le cerraban ahora la puerta de sus casas y respectivos países para dejarle personalmente con una mano delante y otra detrás, a él junto a su mujer y con sus hijos en brazos.

No está vetada de antemano la posibilidad de hacer una lectura que podría considerarse convencional sobre la "sustancia social", y al mismo tiempo, evitar convertirse en alguien cerrado de mente, que es como son estos sujetos a los que me acabo de referir.

Interesantes son el sistema único de valores-precios de Andrew Kliman, el nuevo enfoque de teoría monetaria de Duncan Foley, los muy didácticos y recomendables fundamentos de Jacques Gouverneur, o la economía marxista avanzada y aplicada de Rolando Astarita. Eso sin olvidarse de los importantes trabajos empíricos y de investigación de Michael Roberts, sobre la tasa de ganancia y la tendencia general de crisis. No son las únicas perspectivas que se manejan.

Hay algunos autores que parecen más centrados en advertir sobre los riesgos, que al final todo los entraña, asociados a cuestiones como tratar de inferir las condiciones de vida o existencia a partir de lo fenoménico de los salarios, o de que se olvidasen los patrones y regularidades básicas del proceso económico, cualquiera que fuese la unidad o sociedad que se asentara en la separación entre productores directos y medios de producción. Estas contradicciones pueden tener lugar en el marco de economías más o menos dirigistas, pero en las que nunca se priorizan los intereses de los explotados y los oprimidos, por mucho patriotismo que se siguiera inoculando.

También los hay que piensan, y con mucha razón, que la comprensión del carácter histórico de los fenómenos económicos y sociales no puede ser convertida, de ninguna de las maneras, en una excusa para desatender lo concreto y del "día a día", o los análisis de orientación más específica sobre el capitalismo. No nos lo podemos permitir, porque el primer ciclo revolucionario ya se terminó hace mucho tiempo, en el pasado siglo veinte, y ya no existen comunistas. Será muy importante cómo se haga notar el descontento general, y que de hecho lo haga como necesariamente dictamine su conciencia.

De todos los economistas que he citado, de su quehacer teórico en tal condición de críticos con el orden económico establecido y de sus ideas más explícitas o más implícitas de emancipación social, son adversarios frontales esos bots humanos de la hispanidad, que imaginan sus delirios imperialistas sobre la regeneración material y moral de la nación. Los grupillos de estos últimos construyen su ideología y elaboran sus "programas políticos" con el chatgpt y otros softwares, y constituyen la continuación de un fracaso anterior.

Cuando la clase trabajadora y los sectores populares salieron, en América Latina y en Europa, a luchar contra los ajustes neoliberales que les estaban imponiendo sus gobiernos, las izquierdas se lamieron mutuamente los orificios, las unas a las otras, entre ambas orillas del océano que separa ambos continentes. Es simplemente un hecho verificable que en la justificación de sus lengüetazos, a este lado del charco, se sintieron arropadas por el fanatismo de sus acríticas bases sociales.

No comprenden que de hecho nada impide que se puedan incrementar los niveles en que se extrae el excedente para el capital a partir de la explotación. Este es el punto en el que se lleva tiempo articulando otro posible retroceso ideológico. Sucede que después de que nos hubieran entregado a las hirientes y dañinas políticas de la globalización en esta última década, corremos un serio peligro: que las izquierdas europeas involucionen ya hacia el socialpatriotismo, o nacionalismo de redistribuir los restos de un modelo welfarista que, en realidad, ya transformaron en algo muy distinto.

Lo que se espera es que las ayudas tiendan a ser aún más insignificantes e inaccesibles que las que quedaron en la ronda anterior, por si acaso alguien tiene dudas. Es lógico que tenga lugar la susodicha deriva patriotera, porque tampoco tienen proyecto ni itinerario. No tienen ni tendrán nada que ofrecernos. Por eso resultan arrastradas.

Tales restos están ya siendo obtenidos para intentar seguir camelando más en los países centrales, mediante una división que se acentúa con respecto a la periferia, machacada hasta la extenuación con las varias carnicerías y sangrías abiertas a lo largo y ancho del planeta. No funcionará tratar de resolver los acuciantes y crecientes problemas que tenemos y tendremos aquí jodiendo al resto. Estamos ya ante la persecución y la brutal, inhumana e insolidaria restricción de una inmigración que seguirá masificándose. A duras penas se alcanzan nuestras jurisdicciones, relativamente seguras en comparación con la brutalidad de la que se alejan millones de personas en todo el mundo, buscando refugio.

En el mismo sentido que el anterior, uno que nadie con dos dedos de frente duda que es nítidamente reaccionario, juegan las cambiantes e imprevisibles tácticas comerciales y belicistas de Washington, especulativas e intervencionistas al mismo tiempo. Estamos en el desarrollo profundo de la actual fase neoliberal, y en ello participan las principales superpotencias económicas o militares del globo.

Hay una corriente que manifiesta con mucha claridad la posible contaminación ideológica, que puede tener lugar ya de manera parcial, al interior de las propias izquierdas, y es la de los rojipardos. Aquellos que se encuentran en su libelo terminan prefiriendo, antes o después, tales o cuales "facetas y aspectos" de Meloni, de Orbán o de Radev. Es porque resulta más fácil blanquear la orientación de sus gobiernos y la dirección política que se va imponiendo en el continente, antes que hacer algo por la salud de las dañadas democracias, en cuya defensa nunca se han implicado.

Algunos son ahora prochinos. Muchos de ellos reconvertidos porque, antes de que se le hiciera la jugada sucia al depuesto gobierno laico de la república árabe siria, ahora en manos de Tahrir al-Sham, los muy cretinos habían convertido a Putin en su héroe, y al Kremlin en un bastión del antiimperialismo, porque se apoyaban en la teoría campista y de la bipolaridad. Y todavía antes, se habían tragado aquello de que el sucesor de Biden sí iba a acabar con todas las guerras, una idea que incluso reproducían sin pudor ni vergüenza alguna.

Son los mismos que se negaban a mirar hacia Irán, cuando protestaba allí la población contra los abusos y crímenes cometidos por sus autoridades y los matones a su servicio. Su completa ceguera estratégica pronto quedaría olvidada al respecto. Vino el protegido de Estados Unidos a avanzar en el proyecto genocida y expansionista sin control por Oriente Medio que se llama Israel. Pero a las Fuerzas de Defensa de ese exterminio no las pagan solamente los gringos.

El presidente de la votada idiocracia estadounidense, Donald "Chromp", cuyo apellido suena como algo sucio cayendo por la tubería de un desagüe en un inodoro del que nadie tira de la cadena, tiene su propia visión del orden. Pero si Europa no quiere terminar haciéndola suya, en ninguna de las formas mundiales existentes, hay que dejar el pseudoactivismo de las plataformas digitales, inherentemente inútiles.

Habría que pasar a la acción y la organización, de clase y con autonomía con respecto a cualesquiera que fuesen los intereses de Estado, con los que tratarán de confundir a los descontentos. Eso es compatible con permitir la bienvenida a todos aquellos que aún conserven algo de humanidad. Una lucha para aplastar a la serpiente que la amenaza, dependería necesariamente de tener los brazos muy abiertos. Pero ésta no tendrá éxito si esa implicación en cada brote de malestar no se empieza a producir desde el respeto, eso para empezar.

miércoles, 28 de enero de 2026

Tuiteros contra la acogida de irregulares y refugiados


 Por Arash

Las alturas alcanzadas son ya de vértigo, por la enorme distancia que separa a los enfermos, que invocan la distopía, de los cuerdos que, en contra de lo esperado, aún se mantienen sobre la tierra en alguno de los continentes de este planeta.

Cuando se alcanzan esas altitudes estratosféricas y no se comprenden cuáles son las reglas del juego, estando tan lejos siquiera de intuirlas con una mínima claridad, resulta mucho más fácil terminar en el nacionalismo y el fascismo. Estas dos últimas son las que vienen a ser fases actuales del capitalismo.

Con ninguno de estos nazis vestidos con disfraces tan rancios, puede intentar razonar nadie con los tradicionales argumentos para establecer, por ejemplo, que bajo las condiciones específicas en que se define y cobra sentido, el dominio absoluto de las leyes que rigen las economías realmente existentes no hacen excepciones de ninguna clase. Tampoco las que brotan de la particular imaginación de tales individuos, tan fanáticos y voluntaristas como son.

Le dirían al atrevido que, si se quiere revertir la pérdida de capacidad adquisitiva de los salarios, o bien su contención en las actualizaciones de los convenios, lo que se tiene que hacer es implementar las recetas del neoliberalismo avanzado de las derechas, porque en la URSS también se controlaban las fronteras. No es broma que así proceden en sus divagaciones mentales. Aún no se han enterado de qué puñetas significará eso que aparentan enfrentar desde hace al menos quince años. En todo ese tiempo no estuvieron jamás en el combate.

Si la economía en su conjunto global no tuviera restricciones, la ubicación y el reparto serían diferentes, qué duda cabe, de los que realmente son. La salida que defienden los rojipardos es la que se plantea para un ratón de laboratorio, correr eternamente por la rueda. Eso es justo lo que quieren para las clases trabajadoras y populares europeas, y no les ha ido del todo mal en sus deseos para con ellas.

La citada corriente ideológica no es única dentro de las posiciones que mantiene. Pero sí se caracteriza por presentarse como algo que no es, lo cual la hace especialmente estridente y desagradable para cada vez más sectores, que están viendo en qué consiste su auténtica naturaleza. Es una corriente que tiene el "virtuoso" efecto de alejar, de eso que manipula y tergiversa a su capricho, a posibles y muy necesarios luchadores sociales. No se puede pelear por ventajas reales y duraderas desde el revanchismo hacia el extranjero o hacia el inmigrante, así que "si el marxismo es racista, no hay que ser marxista".

Pero lo único que cabe es estar del lado de quien se busca la vida venido desde fuera, y por eso hay que presionar por acabar con su sobreexplotación, que al parecer también confunden los tipejos con la base. El marxista también distingue entre izquierda y derecha: por el contrario, estos otros las confunden, porque sólo son los niñatos de treinta o cuarenta años, o de la edad que fuesen en cada caso, que hicieron suya la pretensión de los "indignados" desde los cuentos de literatura roja que se cuentan. Y estos últimos, repiten ahora su confusión a los cuatro vientos, para seguir propagando la infección.

La cuestión es cómo se tienen que articular y traducir recíprocamente los mecanismos del mercado de trabajo, y del trabajo y la reproducción salarial, y cómo esto repercutirá sobre la calidad de vida que había sido conseguida. Es el proceso por el que tienden a la convergencia los ingresos del capital, que es el poder último al que sirven todos estos pardillos, a quienes por el algoritmo de Elon Musk se les amplifican indebidamente sus oraciones. 

Más allá de que contasen o no, o de que lo hicieran más o menos, con una representación parlamentaria, la lógica que aplican también comparte algo con la del supermercado electoral del voto: hay que plantear diferencias. De lo contrario no podrían tratar de atraer así la atención del consumidor frente a la ya menguada competencia política real, atributo de una democracia liberal (burguesa) que perece y deja paso al delirio que viene. 

Lo normal no va a ser escuchar o leer a uno de estos reconocer que, la traición al Polisario y el pueblo saharahui, se debe en gran medida a una externalización de la política fronteriza. Si lo hicieran, probablemente estarían admitiendo, casi de manera automática, que en la cuestión migratoria, como en otras, tampoco defienden nada que sea sustancialmente distinto con respecto a lo que pretenden todos y cada uno de los gobiernos. Estoy hablando, sin exagerar tampoco ya que hay lugares y circunstancias incomparablemente peores, de esta Europa de sabor tan gustoso para algunos. Aunque esos gobiernos hacen lo suyo con sus más y con sus menos. No es lo mismo el actual ejecutivo en funciones de nuestro país, que el de Italia con Meloni. 

De la misma manera, tampoco fueron idénticas, ni mucho menos, las consecuencias de la pandemia en España, y al otro lado del charco en países como Estados Unidos o Brasil, con abiertos delincuentes al mando de sus correspondientes gobiernos: el magnate pedófilo que sigue, Donald Trump, y el militar golpista que está donde tendría que estar el otro, en la trena, Jair Bolsonaro. O de igual modo que tampoco un tipo o una tipa que fueran hipotéticamente decentes, son lo mismo que la IDA y Carlos Cabrón, en las comunidades autónomas madrileña o valenciana.

Pero hay algo por lo que en tal corriente, nunca se cuestionará al gobierno más progresista del cosmos y los miembros de la coalición, y es por su orientación reaccionaria. Porque la corriente en cuestión sólo puede augurar el despliegue de ese hilo conductor, por el que se conduce a los socios hacia la derecha. Así que lo que enciende los ánimos es, precísamente, un real decreto por el que podrían concederse permisos de trabajo y residencia a una parte muy significativa de la población (hasta 500.000 personas, eso siempre según las fuentes disponibles y que se deben contrastar) que, siendo irregular su situación legal en España, se encuentra al borde más absoluto de la catástrofe humanitaria. El decreto fue precedido, por cierto, por una iniciativa legislativa popular en 2024, que no terminó de desarrollarse.

A lo mejor es que el reajuste provocado por las actuales políticas migratorias que los rojipardos defienden, esto es, el que se deriva de esas medidas encaminadas a restringir la circulación vinculada al flujo global, debe ser obligatoriamente acompañado, en términos generales, de una mayor devaluación de la mano de obra en todas partes. De ahí las fantasías industrialistas del imperialismo, a las que también se van arrastrando estos y otros elementos.

Lo que queda tras ir recurriendo al cierre, después de ir echando el candado poco a poco en las puertas, es más explotación laboral. Para el que tiene la nacionalidad y para el que no, el extranjero. Para el que ha nacido aquí y para el que entró, el inmigrante. Y en cualquier lugar. La paulatina restricción del movimiento migratorio, en la medida en que dicha restricción va teniendo lugar, es algo simultáneo y, desde luego, muy compatible, con el incremento del ritmo al que se le extrae el excedente a la formación asalariada, dividida primero por esto, luego con aquello, y mañana vaya a saber uno de qué otra manera adicional.

Y si la llevamos al nivel de las relaciones internacionales, esa misma contradicción que entraña el desempeño de las actividades productivas, puede que se esté dando mientras se acentúa el desarrollo desigual. Con ello, a escala global se podrá abrir aún más la brecha salarial entre, por un lado los países de nuestro entorno, que vayan dejando de ser tan de acogida como solían, y por otro los países de origen, que pueden ser aún más subdesarrollados y dependientes.

Esta nueva involución se puede dar incluso con la instrumentalización de nuevas capas más elevadas, a las que se recurre para neutralizar o evitar que la conflictividad, ahora localizada, trascienda más allá de todas sus adversidades inmediatas. Unas capas aburguesadas que estarían constituidas esencialmente por  nacionales. Esa es la manifestación que la geopolítica tiene "hacia adentro": la aparición de tales segmentos en el interior de la propia población que debiera tener el protagonismo.

Un protagonismo que debe suceder en el marco de una alianza con las clases golpeadas, y aglomerar por encima de la posesión o no de la nacionalidad, y por encima de la procedencia de cada cual.

Sea como sea, por fuera de los intereses de los Estados, y con respecto a la cuestión de la dimensión más allá de los ámbitos territoriales de estos últimos, hace falta seguro una actualización teórica porque aquel período, el de la dominación de los monopolios tal y como fue conceptualizado, ya no es "antesala" de nada, por mucho que ello contradiga a Lenin. Hace tiempo que hay marxistas trabajando en el asunto, desde una perspectiva que sí se presta a la discusión.

¿Qué hacer con los salarios?

Propongo empezar por desearles colectivamente a todos aquellos insinuados revolucionarios, a esos que pretenden arrogarse una potestad para decidir dónde tienen o no que poder buscarse las habichuelas los demás, un feliz crucero por mitad del océano Atlántico. Para que pudieran disfrutar la experiencia completa de un soleado día de verano, o de la majestuosidad provocada por el oleaje y la meteorología de una impetuosa tormenta.

Podrían utilizarse esas mismas pateras con grietas con las que llega, por las peligrosas rutas de Canarias y el Mediterráneo, una parte minoritaria del total de los sin papeles que habitan en nuestro país. Si este deseo que propongo se convirtiera en una realidad inminente, quizá comprobaríamos si es realmente cierto que estos hiperventilados, que descargan la frustración de sus propias carencias e inoperancia sobre aquellos supervivientes de periplo a quienes culpabilizan, no están persiguiendo en los demás lo que no quieren para sí mismos. 

Todo suponiendo que acaso les importase esta última regla, que no se deduce del análisis económico, pero que sí debiera ser de aplicación universal, a no ser que seas materia prescindible.