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miércoles, 28 de enero de 2026

Tuiteros contra la acogida de irregulares y refugiados


 Por Arash

Las alturas alcanzadas son ya de vértigo, por la enorme distancia que separa a los enfermos, que invocan la distopía, de los cuerdos que, en contra de lo esperado, aún se mantienen sobre la tierra en alguno de los continentes de este planeta.

Cuando se alcanzan esas altitudes estratosféricas y no se comprenden cuáles son las reglas del juego, estando tan lejos siquiera de intuirlas con una mínima claridad, resulta mucho más fácil terminar en el nacionalismo y el fascismo. Estas dos últimas son las que vienen a ser fases actuales del capitalismo.

Con ninguno de estos nazis vestidos con disfraces tan rancios, puede intentar razonar nadie con los tradicionales argumentos para establecer, por ejemplo, que bajo las condiciones específicas en que se define y cobra sentido, el dominio absoluto de las leyes que rigen las economías realmente existentes no hacen excepciones de ninguna clase. Tampoco las que brotan de la particular imaginación de tales individuos, tan fanáticos y voluntaristas como son.

Le dirían al atrevido que, si se quiere revertir la pérdida de capacidad adquisitiva de los salarios, o bien su contención en las actualizaciones de los convenios, lo que se tiene que hacer es implementar las recetas del neoliberalismo avanzado de las derechas, porque en la URSS también se controlaban las fronteras. No es broma que así proceden en sus divagaciones mentales. Aún no se han enterado de qué puñetas significará eso que aparentan enfrentar desde hace al menos quince años. En todo ese tiempo no estuvieron jamás en el combate.

Si la economía en su conjunto global no tuviera restricciones, la ubicación y el reparto serían diferentes, qué duda cabe, de los que realmente son. La salida que defienden los rojipardos es la que se plantea para un ratón de laboratorio, correr eternamente por la rueda. Eso es justo lo que quieren para las clases trabajadoras y populares europeas, y no les ha ido del todo mal en sus deseos para con ellas.

La citada corriente ideológica no es única dentro de las posiciones que mantiene. Pero sí se caracteriza por presentarse como algo que no es, lo cual la hace especialmente estridente y desagradable para cada vez más sectores, que están viendo en qué consiste su auténtica naturaleza. Es una corriente que tiene el "virtuoso" efecto de alejar, de eso que manipula y tergiversa a su capricho, a posibles y muy necesarios luchadores sociales. No se puede pelear por ventajas reales y duraderas desde el revanchismo hacia el extranjero o hacia el inmigrante, así que "si el marxismo es racista, no hay que ser marxista".

Pero lo único que cabe es estar del lado de quien se busca la vida venido desde fuera, y por eso hay que presionar por acabar con su sobreexplotación, que al parecer también confunden los tipejos con la base. El marxista también distingue entre izquierda y derecha: por el contrario, estos otros las confunden, porque sólo son los niñatos de treinta o cuarenta años, o de la edad que fuesen en cada caso, que hicieron suya la pretensión de los "indignados" desde los cuentos de literatura roja que se cuentan. Y estos últimos, repiten ahora su confusión a los cuatro vientos, para seguir propagando la infección.

La cuestión es cómo se tienen que articular y traducir recíprocamente los mecanismos del mercado de trabajo, y del trabajo y la reproducción salarial, y cómo esto repercutirá sobre la calidad de vida que había sido conseguida. Es el proceso por el que tienden a la convergencia los ingresos del capital, que es el poder último al que sirven todos estos pardillos, a quienes por el algoritmo de Elon Musk se les amplifican indebidamente sus oraciones. 

Más allá de que contasen o no, o de que lo hicieran más o menos, con una representación parlamentaria, la lógica que aplican también comparte algo con la del supermercado electoral del voto: hay que plantear diferencias. De lo contrario no podrían tratar de atraer así la atención del consumidor frente a la ya menguada competencia política real, atributo de una democracia liberal (burguesa) que perece y deja paso al delirio que viene. 

Lo normal no va a ser escuchar o leer a uno de estos reconocer que, la traición al Polisario y el pueblo saharahui, se debe en gran medida a una externalización de la política fronteriza. Si lo hicieran, probablemente estarían admitiendo, casi de manera automática, que en la cuestión migratoria, como en otras, tampoco defienden nada que sea sustancialmente distinto con respecto a lo que pretenden todos y cada uno de los gobiernos. Estoy hablando, sin exagerar tampoco ya que hay lugares y circunstancias incomparablemente peores, de esta Europa de sabor tan gustoso para algunos. Aunque esos gobiernos hacen lo suyo con sus más y con sus menos. No es lo mismo el actual ejecutivo en funciones de nuestro país, que el de Italia con Meloni. 

De la misma manera, tampoco fueron idénticas, ni mucho menos, las consecuencias de la pandemia en España, y al otro lado del charco en países como Estados Unidos o Brasil, con abiertos delincuentes al mando de sus correspondientes gobiernos: el magnate pedófilo que sigue, Donald Trump, y el militar golpista que está donde tendría que estar el otro, en la trena, Jair Bolsonaro. O de igual modo que tampoco un tipo o una tipa que fueran hipotéticamente decentes, son lo mismo que la IDA y Carlos Cabrón, en las comunidades autónomas madrileña o valenciana.

Pero hay algo por lo que en tal corriente, nunca se cuestionará al gobierno más progresista del cosmos y los miembros de la coalición, y es por su orientación reaccionaria. Porque la corriente en cuestión sólo puede augurar el despliegue de ese hilo conductor, por el que se conduce a los socios hacia la derecha. Así que lo que enciende los ánimos es, precísamente, un real decreto por el que podrían concederse permisos de trabajo y residencia a una parte muy significativa de la población (hasta 500.000 personas, eso siempre según las fuentes disponibles y que se deben contrastar) que, siendo irregular su situación legal en España, se encuentra al borde más absoluto de la catástrofe humanitaria. El decreto fue precedido, por cierto, por una iniciativa legislativa popular en 2024, que no terminó de desarrollarse.

A lo mejor es que el reajuste provocado por las actuales políticas migratorias que los rojipardos defienden, esto es, el que se deriva de esas medidas encaminadas a restringir la circulación vinculada al flujo global, debe ser obligatoriamente acompañado, en términos generales, de una mayor devaluación de la mano de obra en todas partes. De ahí las fantasías industrialistas del imperialismo, a las que también se van arrastrando estos y otros elementos.

Lo que queda tras ir recurriendo al cierre, después de ir echando el candado poco a poco en las puertas, es más explotación laboral. Para el que tiene la nacionalidad y para el que no, el extranjero. Para el que ha nacido aquí y para el que entró, el inmigrante. Y en cualquier lugar. La paulatina restricción del movimiento migratorio, en la medida en que dicha restricción va teniendo lugar, es algo simultáneo y, desde luego, muy compatible, con el incremento del ritmo al que se le extrae el excedente a la formación asalariada, dividida primero por esto, luego con aquello, y mañana vaya a saber uno de qué otra manera adicional.

Y si la llevamos al nivel de las relaciones internacionales, esa misma contradicción que entraña el desempeño de las actividades productivas, puede que se esté dando mientras se acentúa el desarrollo desigual. Con ello, a escala global se podrá abrir aún más la brecha salarial entre, por un lado los países de nuestro entorno, que vayan dejando de ser tan de acogida como solían, y por otro los países de origen, que pueden ser aún más subdesarrollados y dependientes.

Esta nueva involución se puede dar incluso con la instrumentalización de nuevas capas más elevadas, a las que se recurre para neutralizar o evitar que la conflictividad, ahora localizada, trascienda más allá de todas sus adversidades inmediatas. Unas capas aburguesadas que estarían constituidas esencialmente por  nacionales. Esa es la manifestación que la geopolítica tiene "hacia adentro": la aparición de tales segmentos en el interior de la propia población que debiera tener el protagonismo.

Un protagonismo que debe suceder en el marco de una alianza con las clases golpeadas, y aglomerar por encima de la posesión o no de la nacionalidad, y por encima de la procedencia de cada cual.

Sea como sea, por fuera de los intereses de los Estados, y con respecto a la cuestión de la dimensión más allá de los ámbitos territoriales de estos últimos, hace falta seguro una actualización teórica porque aquel período, el de la dominación de los monopolios tal y como fue conceptualizado, ya no es "antesala" de nada, por mucho que ello contradiga a Lenin. Hace tiempo que hay marxistas trabajando en el asunto, desde una perspectiva que sí se presta a la discusión.

¿Qué hacer con los salarios?

Propongo empezar por desearles colectivamente a todos aquellos insinuados revolucionarios, a esos que pretenden arrogarse una potestad para decidir dónde tienen o no que poder buscarse las habichuelas los demás, un feliz crucero por mitad del océano Atlántico. Para que pudieran disfrutar la experiencia completa de un soleado día de verano, o de la majestuosidad provocada por el oleaje y la meteorología de una impetuosa tormenta.

Podrían utilizarse esas mismas pateras con grietas con las que llega, por las peligrosas rutas de Canarias y el Mediterráneo, una parte minoritaria del total de los sin papeles que habitan en nuestro país. Si este deseo que propongo se convirtiera en una realidad inminente, quizá comprobaríamos si es realmente cierto que estos hiperventilados, que descargan la frustración de sus propias carencias e inoperancia sobre aquellos supervivientes de periplo a quienes culpabilizan, no están persiguiendo en los demás lo que no quieren para sí mismos. 

Todo suponiendo que acaso les importase esta última regla, que no se deduce del análisis económico, pero que sí debiera ser de aplicación universal, a no ser que seas materia prescindible.

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