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Espacio de producción propia, reproducción ajena y discusión de teoría analítica sobre estructura, relaciones y cambio sociales, y de difusión de iniciativas y convocatorias progresistas.

miércoles, 7 de octubre de 2026

11-N: huelga general


Por Arash

En la historia reciente existen otras ocasiones en las cuales la CEOE, principal organización representante del empresariado nacional, ha afirmado respetar el derecho de huelga de los trabajadores incluso reconociendo, al mismo tiempo, que esta última fuera una convocatoria de corte político. Hay a quienes esto le sonará extraño, pero es absolutamente cierto. 

Por el contrario, no es de ningún modo casualidad que en este momento, asegurando esos patronos que ahora la huelga tiene aquel mismo carácter político, llamen de manera casi abierta, a los poderes públicos más afines, a que éstos vulneren el correspondiente artículo del texto constitucional, que se supone que garantiza su ejercicio. Ya emplean a sus matones y perros a sueldo contra las concentraciones y manifestaciones de inquilinos, mientras vean que legalmente no pueden hacer nada o no les sea suficiente. Por la vía legal o por la ilegal, tratarán de restringir también el derecho a la huelga.

En realidad nos encontramos ante una  convocatoria que sí tiene razones más que sobradas de índole económica y laboral. En este caso la iniciativa sí ha nacido de organizaciones de base, concretamente de los sindicatos de inquilin@s y de vivienda, a los que se han sumado sindicatos laborales que son los que han legalizado la convocatoria de paro del próximo 11-N. Dicha iniciativa no ha sido ni de los partidos, ni de sus políticos profesionales, más allá de la distinta posición que estos puedan manifestar en sus comunicados y publicaciones en las plataformas digitales.

Estamos viendo en nuestra cara cómo se están tratando de violar derechos fundamentales, como también intentan con el de reunión en los espacios públicos. El derecho de reunión no les preocupaba tanto a los líderes, varones y referentes históricos de Vox-PP, formaciones que ya trata de acceder a la Moncloa by any means neccesary, como diría Trump, cuando quienes aparecían en las calles eran otros no muy lejos de su cuerda, neonazis y falangistas pertenecientes a distintos grupúsculos violentos y escuadristas. 

Pero no voy a entrar ahora en más comparaciones entre convocatorias. El caso es que desde las derechas se pretende establecer que la huelga sea ilegal, algo que pueden desmentir perfectamente juristas y economistas que no se encuentren completamente comprados y manipulados en el ejercicio de su profesión.

Lo que intentan los enemigos de la movilización en defensa de la vivienda es desviar por todos los medios posibles los objetivos de la misma. Seguramente saben, o al menos sospechan, que a partir del enfrentamiento contra el rentismo inmobiliario, se puede abrir un escenario que también sirviera para dar continuidad y mayor dimensión a cierto malestar y descontento. Uno en el que se reflejasen los conflictos aislados, más o menos localizados que han venido teniendo lugar, de manera dispersa, a lo largo de todos estos años en numerosos centros de trabajo, con independencia de lo que se haya querido hablar sobre ello. 

En uno de los argumentos que se están intentando esbozar para dividirnos, se establece que la "solución" a la cuestión de la vivienda es una reestructuración de la demanda que, al provocar una disminución de la misma en las grandes ciudades, hiciera bajar los precios en localidades como Madrid o Barcelona, Bilbao o Valencia, porque dicha demanda se hubiera movido a las zonas rurales. Es una propuesta absurda para nosotros, porque la economía se orienta hacia donde más ganancia se obtiene pero lo que significa en cualquier caso, en román paladín, es que hay que aceptar las necesidades que nos imponen, irse aquí o allá, siempre con el culo al aire si algo apenas se puede pagar, mientras quienes imponen esas  necesidades, que son sólo las suyas, siguen "haciendo" su dinero sin que nadie les moleste.

No existe que se sepa ninguna "teoría del capital inmobiliario", tal y como pretenden ciertos individuos que en realidad son esbirros solapados del neoliberalismo avanzado y de sus grupos derechistas de acción callejera. En el planteamiento neoliberal, el héroe siempre es el terrateniente y el gran agrocapitalista, y no el pequeño productor lechero o ganadero que intuya certeramente cuál es la causa de sus problemas. El ejemplo a seguir, según aquel, es siempre el fenómeno que se maneja con soltura en los negocios y que dicen que "se hace a sí mismo", el tipo que especula con el pan de los demás porque para eso tiene educación financiera. 

Y los culpables son los de siempre: el asalariado mileurista o el que está hipotecado. El pequeño cuentapropista para el que no quedan ayudas y no la competencia más aventajada que le aplasta en el mercado, y también el falso autónomo que factura siempre para las mismas empresas. Algo no muy diferente sucede con el inquilino en régimen de alquiler, el temporero en la vendimia y el superexplotado precario de la ciudad, e incluso el que ha sido desahuciado y el sintecho, al que acusan de no poder pagar por no haber trabajado lo suficiente. Son algunos de los objetivos a los que se suele apuntar para que funcionen como chivos expiatorios. El culpable es el viejo que busca en los contenedores o que se plantea hacerlo, porque su jubilación ha estado siendo recortada. Ahora los fascistas quieren dar otro golpe más contra las pensiones públicas, como reconoció el propio degenerado Figaredo, y ciertos mal nacidos que son cómplices suyos votarán a sus partidos. 

La culpable es la anciana enferma a la que le golpean la puerta de su casa los uniformados de la policía, previa orden de los jueces, y con la salvedad de unos dignos bomberos que se niegan a ser ejecutores, y a la que tienen que acabar sacando los sanitarios en camilla, antes de quedar ingresada en el hospital en el que unos desgraciados a los que  no pondré los adjetivos en los que estoy pensando, llamados Urbagestión y compañía, terminarán con su vida. La gestora de pisos forzada a retractarse sólo por la presión en las calles y el riesgo de deterioro de su imagen corporativa, pero ella nunca volvió ni volverá a su casa. 

Ahora quienes insultaban a Mari Carmen Abascal, como hicieron con Paca Blanco (será desahuciada si la solidaridad no la alcanza a ella) y que le señalaban hace dos días como causa de su propio sufrimiento, tertulianos y políticos de la fosa séptica, manipularán su memoria para justificar el golpe de estado civil permanente que llevan años perpetrando contra el ejecutivo, corresponsable, junto con todos los socios que en algún momento lo conformaron, por haber administrado el mismo tipo de recetas de siempre; pero un ejecutivo que fue elegido en las urnas y al que quieren echar por demasiado blando. 

El planteamiento consciente de la clase trabajadora es muy distinto del anterior. En última instancia no se puede pretender explicar precios a partir de precios, a no ser que se acepten como válidos los razonamientos circulares: todo sistema de precios hace referencia inmediata a la circulación. Ahora bien, las leyes del mercado pueden ser objeto de un tratamiento teórico específico, según cuáles sean los intereses que se establezcan de partida.

La dedicación masiva de pisos a usos turístico-vacacionales, en lugar del alojamiento estable de familias, concentra la propiedad en grandes tenedores (no me refiero a los cubiertos para comer, como dijeron los piezas esos de la gran burguesía catalana) y en empresarios freelance, defraudadores que no pagan impuestos, aunque luego digan que éstos últimos se utilizan para esto o para lo otro. La propiedad inmobiliaria acaba creciendo en manos de los dueños de fondos buitre que ya hacen negocio, desde hace mucho tiempo, no sólo con la vivienda sino también con las pensiones. Ellos son quienes imponen las condiciones.

Esto último sí contribuye a explicar por qué se elevan los precios de los bienes de subsistencia, hasta hacer del techo algo inaccesible para la clase trabajadora, y cómo la expulsan así de sus hogares. De manera análoga, y si son inteligentes, quienes no lo hicieron entonces comprenderán ahora, al mismo tiempo, aunque sea tarde, la justicia que había entre las protestas que sacudieron las carreteras y el campo europeo y del país hace unos años.

Entre los agricultores, por ejemplo, que no son una población tan homogénea como a menudo se pretende, había motivos reales y muy fundados para los cortes y tractoradas frente al Mercadona y el Eroski, tanto como los hay ahora para luchar contra los abusadores de Alquiler Seguro o los de Fonditel, contra los inversionistas que saquean nuestros servicios públicos y que se quedan con nuestros bienes de primera necesidad. Una parte de los agricultores se plantaron frente a los supermercados y los establecimientos de las principales cadenas alimentarias. Ahí los auténticos adversarios, más allá de determinados funcionarios de la UE o ciertos ministros nacionales de los Estados correspondientes, gestores en definitiva con su grado de responsabilidad, eran los empresarios del sector agroindustrial, que se hacen con los mayores volúmenes de capital y de las subvenciones ligadas a la PAC, en detrimento de los pequeños productores agrarios que las necesitan más que nadie. 

En lo concreto que ahora nos respecta, la oferta inmobiliaria se ha estado desplazando hacia cierto tipo de demandantes, usuarios vinculados al turismo, e incluso hacia otros rentistas que aspiran a hacer lo mismo que aquellos a quienes tratan de comprarles el inmueble o el apartamento. De ahí la pertinencia de una de las reivindicaciones de los inquilinos: vivienda para vivir, y no para otras cosas. Por supuesto, el precio de la misma no se puede explicar eternamente como un asunto de desplazamientos de la oferta y la demanda. 

Esta última insuficiencia ya nos conduce a comprender esos motivos que los enemigos de la convocatoria de huelga general del próximo 11-N niegan que haya para organizarla. Se trata de que se devalúa la capacidad que tenemos (la fuerza de trabajo en la medida en que la emplease el capital productivo) de rentabilizar la propiedad de cuyo aprovechamiento nos excluyen, no solamente de la vivienda, que por supuesto también, sino incluidas otras muchas cosas. La plusvalía que se queda un especulador o un rentista de la vivienda, proviene en último término de la parte del trabajo que se entrega sin ningún tipo de contrapartida, y que permite engordar las rentas del capital. Eso es lo que luego se coloca en unos u otros nichos, aquellos que le resulten más beneficiosos. 

Es decir, el ingreso de las constructoras y las inmobiliarias, el de otro tipo de sociedades mercantiles (socimis y demás) o el de empresas personales incluso si estas no se encuentran de momento legalmente registradas, proviene de la parte del trabajo que queda fuera del recibimiento monetario tanto en la explotación como, de manera añadida, si hablásemos de las grandes distribuidoras alimentarias y de los bienes primarios, en otras relaciones económicas de carácter opresivo. Los precios en el sector inmobiliario también se explican a partir del salario, pero nuestros enemigos de clase fascistas ya se atreven contra las libertades democráticas, e intentarán coartar cualquier intento de ejercerlas para defender todo lo que consiguió la lucha obrera del pasado.

Hay oportunidad no para poner "colchones", como he escuchado ya en alguna tertulia. Los colchones sirven para amortiguar. La oportunidad debe ser para preparar una lucha de clases. 

sábado, 3 de octubre de 2026

Tras los dos decretos tumbados sobre vivienda


Por Arash

A propósito del "período de reflexión" del Presidente del Gobierno y de este fin de semana, sea lo que sea lo que venga, cabe decir algo. Y es que si para dar tal o cual paso o tomar una decisión, se espera antes a ver lo que dice o hace el Congreso de los Diputados o el Consejo de Ministros, como si fueran los turnos en el juego de las damas, quienes en realidad partan el bacalao serán los gestores políticos y no los sindicatos de vivienda.

En tal caso, la movilización se habrá convertido, más pronto que tarde, en otro 15M porque su orientación y finalidad será la de otra canalización estéril del descontento. Las últimas convocatorias han tenido relativa asistencia y participación. Si se determinan unas elecciones anticipadas y un seguimiento de manifestaciones como las recientes no fuera ya masivo, con vistas a prolongarse indefinidamente en el tiempo, será como ponerle una moqueta al PP-VOX para que entren en Moncloa.

El camino alternativo se llama independencia de clase. Es tener agenda propia. Una que no espere ni esté supeditada a ninguno de los movimientos que hacen todos aquellos profesionales del cretinismo parlamentario. Para enfrentar a la derecha y el fascismo no servirá ni su tutela, ni la de ninguna de las sucursales mediáticas. El panorama ya está repleto de los tertulianos y sus clubes de debates redifundidos por televisión y por las plataformas digitales. Eso es así desde al menos 2011, pero no quiere decir que no haya que pretender la citada independencia. Excepto los pseudomedios buleros y nazis, los reales pueden reportar lo que deseen, pero la lucha está en la calle.

Hay algunas demandas reconocibles de la misma: bajada de precios y rentas de alquiler, expropiación de fondos buitre, contratos indefinidos de vivienda. Si se van a añadir más puntos, que nadie consiga que se olvide que sean eso, demandas añadidas sobre aquellas que se hayan considerado como fundamentales. También se puede exigir que se despenalice la ocupación por familias en situación vulnerable de aquellas viviendas que no se encuentren habitadas; un aval estatal para inquilinos en el mercado inmobiliario y de alquileres, etc.

Y puesto que tenemos un serio problema de infiltración en las FCSE, en la judicatura y en el funcionariado, en el empresariado y en el clero, no estaría de más una urgente depuración de elementos antidemocráticos, si es que se acuerda algo semejante. No hay que olvidar que las bandas de desocupación son los squadristas armados para defender el derecho de propiedad por encima del acceso universal a la vivienda o cualquier otra de nuestras necesidades. A aquellas empresas de desocupación se les sirve y protege con descaro. Agresiones e intentos de ellas como las de Oviedo o de Madrid, o de cualquier otra de las grandes y pequeñas localidades irán a más, si no lo impedimos por todos los medios posibles.

La vivienda es una de las necesidades inmediatas que tiene la clase trabajadora. Si el acceso a la misma "se come" la mayor parte del salario, eso no deja de ser expresión de cómo el rentismo inmobiliario es una de las principales formas de exprimir que se añaden a la explotación cotidiana. Eso sin hablar de la luz y el gas, o de la cesta de los alimentos.

Sobra razones para salir a la calle.

viernes, 1 de mayo de 2026

El mundo enfermo, huérfano

 

Por Arash

Hay una esperanza que exige lo mejor de cada uno, y no dejarse engañar ni seducir por ciertos charlatanes. Estos últimos buscan solaparse. Intentan algo así como encontrar la manera de ponerse a rebufo de pensadores, críticos, y militantes que en la práctica totalidad de los casos ni siquiera les conocen, y en la mejor de las posibilidades ni les prestan atención. Aunque la buscan.

Si aquel investigador de la praxis, exiliado y perseguido por toda la Europa del siglo diecinueve, regresara como de ultratumba y se personara entre nosotros, estos mamones le cerraban ahora la puerta de sus casas y respectivos países para dejarle personalmente con una mano delante y otra detrás, a él junto a su mujer y con sus hijos en brazos.

No está vetada de antemano la posibilidad de hacer una lectura que podría considerarse convencional sobre la "sustancia social", y al mismo tiempo, evitar convertirse en alguien cerrado de mente, que es como son estos sujetos a los que me acabo de referir.

Interesantes son el sistema único de valores-precios de Andrew Kliman, el nuevo enfoque de teoría monetaria de Duncan Foley, los muy didácticos y recomendables fundamentos de Jacques Gouverneur, o la economía marxista avanzada y aplicada de Rolando Astarita. Eso sin olvidarse de los importantes trabajos empíricos y de investigación de Michael Roberts, sobre la tasa de ganancia y la tendencia general de crisis. No son las únicas perspectivas que se manejan.

Hay algunos autores que parecen más centrados en advertir sobre los riesgos, que al final todo los entraña, asociados a cuestiones como tratar de inferir las condiciones de vida o existencia a partir de lo fenoménico de los salarios, o de que se olvidasen los patrones y regularidades básicas del proceso económico, cualquiera que fuese la unidad o sociedad que se asentara en la separación entre productores directos y medios de producción. Estas contradicciones pueden tener lugar en el marco de economías más o menos dirigistas, pero en las que nunca se priorizan los intereses de los explotados y los oprimidos, por mucho patriotismo que se siguiera inoculando.

También los hay que piensan, y con mucha razón, que la comprensión del carácter histórico de los fenómenos económicos y sociales no puede ser convertida, de ninguna de las maneras, en una excusa para desatender lo concreto y del "día a día", o los análisis de orientación más específica sobre el capitalismo. No nos lo podemos permitir, porque el primer ciclo revolucionario ya se terminó hace mucho tiempo, en el pasado siglo veinte, y ya no existen comunistas. Será muy importante cómo se haga notar el descontento general de la parte afectada de la población, y que de hecho lo haga como necesariamente dictamine su conciencia.

De todos los economistas que he citado, de su quehacer teórico en tal condición de críticos con el orden económico establecido y de sus ideas más explícitas o más implícitas de emancipación social, son adversarios frontales esos bots humanos de la hispanidad, que imaginan sus delirios imperialistas sobre la regeneración material y moral de la nación. Los grupillos de estos últimos construyen su ideología y elaboran sus "programas políticos" con el chatgpt y otros softwares, y constituyen la continuación de un fracaso anterior.

Cuando la clase trabajadora y los sectores populares salieron, en América Latina y en Europa, a luchar contra los ajustes neoliberales que les estaban imponiendo sus gobiernos, las izquierdas se lamieron mutuamente los orificios, las unas a las otras, entre ambas orillas del océano que separa ambos continentes. Es simplemente un hecho verificable que en la justificación de sus lengüetazos, a este lado del charco, se sintieron arropadas por el fanatismo de sus acríticas bases sociales.

No comprenden que de hecho nada impide que se puedan incrementar los niveles en que se extrae el excedente para el capital a partir de la explotación. Este es el punto en el que se lleva tiempo articulando otro posible retroceso ideológico. Sucede que después de que nos hubieran entregado a las hirientes y dañinas políticas de la globalización en esta última década, corremos un serio peligro: que las izquierdas europeas involucionen ya hacia el socialpatriotismo, o nacionalismo de redistribuir los restos de un modelo welfarista que, en realidad, ya transformaron en algo muy distinto.

Lo que se espera es que las ayudas tiendan a ser aún más insignificantes e inaccesibles que las que quedaron en la ronda anterior, por si acaso alguien tiene dudas. Es lógico que tenga lugar la susodicha deriva patriotera, porque tampoco tienen proyecto ni itinerario. No tienen ni tendrán nada que ofrecernos. Por eso resultan arrastradas.

Tales restos están ya siendo obtenidos para intentar seguir camelando más en los países centrales, mediante una división que se acentúa con respecto a la periferia, machacada hasta la extenuación con las varias carnicerías y sangrías abiertas a lo largo y ancho del planeta. No funcionará tratar de resolver los acuciantes y crecientes problemas que tenemos y tendremos aquí jodiendo al resto. Estamos ya ante la persecución y la brutal, inhumana e insolidaria restricción de una inmigración que seguirá masificándose. A duras penas se alcanzan nuestras jurisdicciones, relativamente seguras en comparación con la brutalidad de la que se alejan millones de personas en todo el mundo, buscando refugio.

En el mismo sentido que el anterior, uno que nadie con dos dedos de frente duda que es nítidamente reaccionario, juegan las cambiantes e imprevisibles tácticas comerciales y belicistas de Washington, especulativas e intervencionistas al mismo tiempo. Estamos en el desarrollo profundo de la actual fase neoliberal, y en ello participan las principales superpotencias económicas o militares del globo.

Hay una corriente que manifiesta con mucha claridad la posible contaminación ideológica, que puede tener lugar ya de manera parcial, al interior de las propias izquierdas, y es la de los rojipardos. Aquellos que se encuentran en su libelo terminan prefiriendo, antes o después, tales o cuales "facetas y aspectos" de Meloni, de Orbán o de Radev. Es porque resulta más fácil blanquear la orientación de sus gobiernos y la dirección política que se va imponiendo en el continente, antes que hacer algo por la salud de las dañadas democracias, en cuya defensa nunca se han implicado.

Algunos son ahora prochinos. Muchos de ellos reconvertidos porque, antes de que se le hiciera la jugada sucia al depuesto gobierno laico de la república árabe siria, ahora en manos de Tahrir al-Sham, los muy cretinos habían convertido a Putin en su héroe, y al Kremlin en un bastión del antiimperialismo, porque se apoyaban en la teoría campista y de la bipolaridad. Y todavía antes, se habían tragado aquello de que el sucesor de Biden sí iba a acabar con todas las guerras, una idea que incluso reproducían sin pudor ni vergüenza alguna.

Son los mismos que se negaban a mirar hacia Irán, cuando protestaba allí la población contra los abusos y crímenes cometidos por sus autoridades y los matones a su servicio. Su completa ceguera estratégica pronto quedaría olvidada al respecto. Vino el protegido de Estados Unidos a avanzar en el proyecto genocida y expansionista sin control por Oriente Medio que se llama Israel. Pero a las Fuerzas de Defensa de ese exterminio no las pagan solamente los gringos.

El presidente de la votada idiocracia estadounidense, Donald "Chromp", cuyo apellido suena como algo sucio cayendo por la tubería de un desagüe en un inodoro del que nadie tira de la cadena, tiene su propia visión del orden. Pero si Europa no quiere terminar haciéndola suya, en ninguna de las formas mundiales existentes, hay que dejar el pseudoactivismo de las plataformas digitales, inherentemente inútiles.

Habría que pasar a la acción y la organización, de clase y con autonomía con respecto a cualesquiera que fuesen los intereses de Estado, con los que tratarán de confundir a los descontentos. Eso es compatible con permitir la bienvenida a todos aquellos que aún conserven algo de humanidad. Una lucha para aplastar a la serpiente que la amenaza, dependería necesariamente de tener los brazos muy abiertos. Pero ésta no tendrá éxito si esa implicación en cada brote de malestar no se empieza a producir desde el respeto, eso para empezar.

miércoles, 28 de enero de 2026

Tuiteros contra la acogida de irregulares y refugiados


 Por Arash

Las alturas alcanzadas son ya de vértigo, por la enorme distancia que separa a los enfermos, que invocan la distopía, de los cuerdos que, en contra de lo esperado, aún se mantienen sobre la tierra en alguno de los continentes de este planeta.

Cuando se alcanzan esas altitudes estratosféricas y no se comprenden cuáles son las reglas del juego, estando tan lejos siquiera de intuirlas con una mínima claridad, resulta mucho más fácil terminar en el nacionalismo y el fascismo. Estas dos últimas son las que vienen a ser fases actuales del capitalismo.

Con ninguno de estos nazis vestidos con disfraces tan rancios, puede intentar razonar nadie con los tradicionales argumentos para establecer, por ejemplo, que bajo las condiciones específicas en que se define y cobra sentido, el dominio absoluto de las leyes que rigen las economías realmente existentes no hacen excepciones de ninguna clase. Tampoco las que brotan de la particular imaginación de tales individuos, tan fanáticos y voluntaristas como son.

Le dirían al atrevido que, si se quiere revertir la pérdida de capacidad adquisitiva de los salarios, o bien su contención en las actualizaciones de los convenios, lo que se tiene que hacer es implementar las recetas del neoliberalismo avanzado de las derechas, porque en la URSS también se controlaban las fronteras. No es broma que así proceden en sus divagaciones mentales. Aún no se han enterado de qué puñetas significará eso que aparentan enfrentar desde hace al menos quince años. En todo ese tiempo no estuvieron jamás en el combate.

Si la economía en su conjunto global no tuviera restricciones, la ubicación y el reparto serían diferentes, qué duda cabe, de los que realmente son. La salida que defienden los rojipardos es la que se plantea para un ratón de laboratorio, correr eternamente por la rueda. Eso es justo lo que quieren para las clases trabajadoras y populares europeas, y no les ha ido del todo mal en sus deseos para con ellas.

La citada corriente ideológica no es única dentro de las posiciones que mantiene. Pero sí se caracteriza por presentarse como algo que no es, lo cual la hace especialmente estridente y desagradable para cada vez más sectores, que están viendo en qué consiste su auténtica naturaleza. Es una corriente que tiene el "virtuoso" efecto de alejar, de eso que manipula y tergiversa a su capricho, a posibles y muy necesarios luchadores sociales. No se puede pelear por ventajas reales y duraderas desde el revanchismo hacia el extranjero o hacia el inmigrante, así que "si el marxismo es racista, no hay que ser marxista".

Pero lo único que cabe es estar del lado de quien se busca la vida venido desde fuera, y por eso hay que presionar por acabar con su sobreexplotación, que al parecer también confunden los tipejos con la base. El marxista también distingue entre izquierda y derecha: por el contrario, estos otros las confunden, porque sólo son los niñatos de treinta o cuarenta años, o de la edad que fuesen en cada caso, que hicieron suya la pretensión de los "indignados" desde los cuentos de literatura roja que se cuentan. Y estos últimos, repiten ahora su confusión a los cuatro vientos, para seguir propagando la infección.

La cuestión es cómo se tienen que articular y traducir recíprocamente los mecanismos del mercado de trabajo, y del trabajo y la reproducción salarial, y cómo esto repercutirá sobre la calidad de vida que había sido conseguida. Es el proceso por el que tiende a la convergencia el ritmo de los ingresos del capital, que es el poder último al que sirven todos estos pardillos, a quienes por el algoritmo de Elon Musk se les amplifican indebidamente sus oraciones. 

Más allá de que contasen o no, o de que lo hicieran más o menos, con una representación parlamentaria, la lógica que aplican también comparte algo con la del supermercado electoral del voto: hay que plantear diferencias. De lo contrario no podrían tratar de atraer así la atención del consumidor frente a la ya menguada competencia política real, atributo de una democracia liberal (burguesa) que perece y deja paso al delirio que viene. 

Lo normal no va a ser escuchar o leer a uno de estos reconocer que, la traición al Polisario y el pueblo saharahui, se debe en gran medida a una externalización de la política fronteriza. Si lo hicieran, probablemente estarían admitiendo, casi de manera automática, que en la cuestión migratoria, como en otras, tampoco defienden nada que sea sustancialmente distinto con respecto a lo que pretenden todos y cada uno de los gobiernos. Estoy hablando, sin exagerar tampoco ya que hay lugares y circunstancias incomparablemente peores, de esta Europa de sabor tan gustoso para algunos. Aunque esos gobiernos hacen lo suyo con sus más y con sus menos. No es lo mismo el actual ejecutivo en funciones de nuestro país, que el de Italia con Meloni. 

De la misma manera, tampoco fueron idénticas, ni mucho menos, las consecuencias de la pandemia en España, y al otro lado del charco en países como Estados Unidos o Brasil, con abiertos delincuentes al mando de sus correspondientes gobiernos: el magnate pedófilo que sigue, Donald Trump, y el militar golpista que está donde tendría que estar el otro, en la trena, Jair Bolsonaro. O de igual modo que tampoco un tipo o una tipa que fueran hipotéticamente decentes, son lo mismo que la IDA y Carlos Cabrón, en las comunidades autónomas madrileña o valenciana.

Pero hay algo por lo que en tal corriente, nunca se cuestionará al gobierno más progresista del cosmos y los miembros de la coalición, y es por su orientación reaccionaria. Porque la corriente en cuestión sólo puede augurar el despliegue de ese hilo conductor, por el que se conduce a los socios hacia la derecha. Así que lo que enciende los ánimos es, precísamente, un real decreto por el que podrían concederse permisos de trabajo y residencia a una parte muy significativa de la población (hasta 500.000 personas, eso siempre según las fuentes disponibles y que se deben contrastar) que, siendo irregular su situación legal en España, se encuentra al borde más absoluto de la catástrofe humanitaria. El decreto fue precedido, por cierto, por una iniciativa legislativa popular en 2024, que no terminó de desarrollarse.

A lo mejor es que el reajuste provocado por las actuales políticas migratorias que los rojipardos defienden, esto es, el que se deriva de esas medidas encaminadas a restringir la circulación vinculada al flujo global, debe ser obligatoriamente acompañado, en términos generales, de una mayor devaluación de la mano de obra en todas partes. De ahí las fantasías industrialistas del imperialismo, a las que también se van arrastrando estos y otros elementos.

Lo que queda tras ir recurriendo al cierre, después de ir echando el candado poco a poco en las puertas, es más explotación laboral. Para el que tiene la nacionalidad y para el que no, el extranjero. Para el que ha nacido aquí y para el que entró, el inmigrante. Y en cualquier lugar. La paulatina restricción del movimiento migratorio, en la medida en que dicha restricción va teniendo lugar, es algo simultáneo y, desde luego, muy compatible, con el incremento del ritmo al que se le extrae el excedente a la formación asalariada, dividida primero por esto, luego con aquello, y mañana vaya a saber uno de qué otra manera adicional.

Y si la llevamos al nivel de las relaciones internacionales, esa misma contradicción que entraña el desempeño de las actividades productivas, puede que se esté dando mientras se acentúa el desarrollo desigual. Con ello, a escala global se podrá abrir aún más la brecha salarial entre, por un lado los países de nuestro entorno, que vayan dejando de ser tan de acogida como solían, y por otro los países de origen, que pueden ser aún más subdesarrollados y dependientes.

Esta nueva involución se puede dar incluso con la instrumentalización de nuevas capas más elevadas, a las que se recurre para neutralizar o evitar que la conflictividad, ahora localizada, trascienda más allá de todas sus adversidades inmediatas. Unas capas aburguesadas que estarían constituidas esencialmente por  nacionales. Esa es la manifestación que la geopolítica tiene "hacia adentro": la aparición de tales segmentos en el interior de la propia población que debiera tener el protagonismo.

Un protagonismo que debe suceder en el marco de una alianza con las clases golpeadas, y aglomerar por encima de la posesión o no de la nacionalidad, y por encima de la procedencia de cada cual.

Sea como sea, por fuera de los intereses de los Estados, y con respecto a la cuestión de la dimensión más allá de los ámbitos territoriales de estos últimos, hace falta seguro una actualización teórica porque aquel período, el de la dominación de los monopolios tal y como fue conceptualizado, ya no es "antesala" de nada, por mucho que ello contradiga a Lenin. Hace tiempo que hay marxistas trabajando en el asunto, desde una perspectiva que sí se presta a la discusión.

¿Qué hacer con los salarios?

Propongo empezar por desearles colectivamente a todos aquellos insinuados revolucionarios, a esos que pretenden arrogarse una potestad para decidir dónde tienen o no que poder buscarse las habichuelas los demás, un feliz crucero por mitad del océano Atlántico. Para que pudieran disfrutar la experiencia completa de un soleado día de verano, o de la majestuosidad provocada por el oleaje y la meteorología de una impetuosa tormenta.

Podrían utilizarse esas mismas pateras con grietas con las que llega, por las peligrosas rutas de Canarias y el Mediterráneo, una parte minoritaria del total de los sin papeles que habitan en nuestro país. Si este deseo que propongo se convirtiera en una realidad inminente, quizá comprobaríamos si es realmente cierto que estos hiperventilados, que descargan la frustración de sus propias carencias e inoperancia sobre aquellos supervivientes de periplo a quienes culpabilizan, no están persiguiendo en los demás lo que no quieren para sí mismos. 

Todo suponiendo que acaso les importase esta última regla, que no se deduce del análisis económico, pero que sí debiera ser de aplicación universal, a no ser que seas materia prescindible.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

La "virgen" María y la supuesta aconfesionalidad del Estado


Por Arash

El pasado 8 de diciembre tocaba festivo nacional, por el "Día de la Inmaculada Concepción". De acuerdo al dogma de la Purísima Concepción de María, proclamado en 1854, ésta última habría quedado libre, por gracia divina, del pecado de haber nacido. Los justicieros decidiendo siempre si castigar o perdonar vidas ajenas.

No ignoro que cualquier confesión puede no ser objeto de los practicantes de su liturgia y serlo, tan sólo, de los identificados con sus símbolos; ni que el fascismo puede recurrir más a ella, o bien no hacerlo con tanto ahínco, porque prefiere optar por combinarla con nuevos dogmas o rituales que la complementan. Aunque no por ello deja de tratarse, cuando hablamos de las religiones, de lo que son. Cuentos propios de una etapa más primitiva en el desarrollo humano, en una sociedad que ahora se neomedievaliza y tiende a regresar a sus etapas evolutivas infantiles.

Del mito aquel de la concepción original se derivó la idea, tan compatible con la ciencia y la razón, de que Jesús habría nacido del vientre de una madre "pura", que es como hoy en día muchos perciben a las mujeres que son vírgenes, porque eso sería prueba inequívoca de que, si se llegaran a acostar con ellos, estos últimos habrían sido los primeros en haberlo hecho con ellas. Así es como piensan muchos malcriados. 

El caso es que se habían iniciado acciones legales en el año 2004 contra el Colegio de Abogados de Sevilla, una Corporación pública que tenía a la "virgen" María como su patrona oficial. A fecha de hoy la sigue teniendo porque, tras varios años de proceso, la judicatura dictaminó en 2011 que no se percibía confesionalidad alguna en los hechos denunciados.

Hay otros muchos hechos similares que, al igual que el anterior, se pretenden justificar  equivocadamente en la jurisprudencia resultante. Es lo que sucede con la participación de las Fuerzas Armadas en las procesiones y demás marchas, durante todas y cada una de las festividades anuales que se suceden de la Semana Santa católica, ya después de la dictadura. En numerosos casos incluso portando los estandartes y los distintivos oficiales de sus unidades militares.

La señalada jurisprudencia no debería servir como justificación de ninguna descarada exaltación de este tipo, puesto que aquellas unidades pertenecen a instituciones del Estado distintas de aquellas otras de las que, en estricto acuerdo con la teoría del derecho, emana su poder. Ni tampoco de las exenciones religiosas, u otros beneficios fiscales de la Iglesia Católica.

Así pues, el rechazo de aquel recurso judicial, según el cual no cabía inferir "respaldo o adherencia a postulados religiosos" si "esa tradición se encuentra integrada en el conjunto del tejido social de un determinado colectivo", refiere a los poderes públicos. Pero las únicas instituciones estatales que los constituyen son las Cortes Generales, el Gobierno de España, y el Tribunal Supremo. En el sentido jurídico del término, no lo son las Corporaciones de derecho público, ni las Fuerzas Armadas, como tampoco la Guardia Civil, o el Cuerpo Nacional de Policía, ni ninguna otra fuerza adscrita a cualquier otro nivel administrativo.

¿Cuál es la base legal para la promoción y las reiteradas manifestaciones anuales del catolicismo por parte de los militares? Tampoco la hay, pero tampoco se las prohíbe, como no se prohíben ni se consideran expresiones de odio determinadas convocatorias y concentraciones, ni las manifestaciones de exaltación del franquismo, ni fuera ni dentro de las Fuerzas Armadas.

Si alguien denunciara al chiringuito abascaliano, o al menos a alguno de sus jabalíes políticos por contravenir la normativa suprema del Estado, esa a la que ciertos sectores se refieren, con más o menos inquina, como la del régimen del 78, ¿se pronunciaría el Tribunal Constitucional (no confundir con el poder judicial) de modo comparable en relación con otra costumbre que también "se encuentra integrada en el conjunto del tejido social de un determinado colectivo", aunque no se tratara de la misma confesión a la que se refería la STC 34/2011?

No lo digo por la tolerancia religiosa, porque hay quienes por esto último entienden, a mi pesar, otra cosa muy diferente a la del simple respeto y la convivencia entre nosotros. Lo decía porque las libertades individuales son un pilar básico de la democracia liberal, pero Vox propuso restricciones en la vestimenta islámica en los espacios públicos. Es algo a lo que también se prestarían desde el PP, al igual que con toda probabilidad sucedería en Junts con respecto a Aliança. 

Hay una cuestión muy diferente a la de pretender imponerle a nadie cómo debe de vestirse en la vía pública. En la realidad política española (y catalana) lo de menos es la dignidad de nadie, a no ser que se trate de la que se atribuye a quienes ocupan, o pretenden hacerlo, los asientos remunerados y a repartir, que entonces se convierte en lo principal.

Según las definiciones que se manejan, un Estado aconfesional es aquel en cuyo ordenamiento jurídico no se declara que tenga lugar confesionalidad o adscripción hacia religión alguna, en ninguna de las variantes y sectas habidas y por haber. Aunque se acepte que puedan existir tratados con instituciones clericales que las promueven. La conceptualización plantea claros interrogantes.

De acuerdo con su texto constitucional, el Estado español encajaría en el marco de sus propias definiciones legales. Sin embargo, tal y como se desarrolla según el mismo articulado, sí tiene acuerdos con la Iglesia Católica y no con otras autoridades religiosas, lo que significa que, en la práctica, sí existe priorización hacia una religión, concretamente esa con la que se vinculan los que se dicen devotos de aquella. Así que la supuesta aconfesionalidad del Estado no es real, por mucho que se la declare en la Constitución.

No se trataría de promover una "nivelación" entre variantes, sino de que, al menos, se cumpliera esa declaración formal de la normativa constitucional, por encima de la excusa de cualquier contradicción.

Salvando todas las distancias pertinentes, la peculiaridad que, a este respecto, caracteriza países como España, o también Israel, es que mientras en otros Estados, como por ejemplo los de Grecia y Marruecos, la confesionalidad cristiana ortodoxa e islámica, en cada uno de los respectivos casos, aparece de manera nítida y clara, esa que también existe hacia el cristianismo católico y el judaísmo en aquellos dos primeros, tal y como corresponde, se explicita sólo a medias. Esto es, en la forma de una legislación que infunde confusión o llama a engaños.

A Israel incluso se la define en la legislación judía como si fuera uno laico, algo que a estas alturas, hasta el tertuliano más "medio" sabe que es un embuste como la copa de un pino. En el caso de España, se aplican las dudosas definiciones de uno aconfesional. La distinción entre laicidad y aconfesionalidad tal vez carecería de sentido, de no ser por la definición legal. Pero en cualquier caso ahí está el derecho. 

O se formula una demanda al respecto, o dejar ya que monten otra persecución.

martes, 4 de noviembre de 2025

Retos globales y asimetrías en la circulación


Por Arash

Las posiciones u opiniones que se van afianzando e interiorizando en unas sociedades en declive, que por el momento siguen adoleciendo de la falta de alternativas creíbles frente a la descomposición que las atraviesa, ya se encuentran contaminadas por la geopolítica en casi todas las cuestiones de actualidad.

Se trata con la geopolítica de una disciplina repugnante, inseparablemente vinculada al mantenimiento o bien búsqueda de tutelajes o padrinazgos, a veces mejor disimulados, en tales o cuales superpotencias de lo que un día fue referido, por algunos sociólogos y economistas, con el nombre de "sistema-mundo".

Tanto si ello tiene lugar de manera internacionalmente cruzada o, por el contrario, el seguidismo que uno observa se queda en el propio  polo global del país de pertenencia, lo que ahora nos importa retener es que la geopolítica necesita siempre de una plena subordinación hacia los intereses de las clases dominantes, porque esos intereses y no otros son los que se encargan de hacer valer a través de cualquiera de las alianzas interestatales, en cualquiera de los bloques comerciales, cualesquiera que sean los centros con respecto a los que graviten: EE.UU., Rusia o China.

En todo ello también es fundamental el sector mediático, porque se debe ir imponiendo la ideología dominante en que se justifique el ciclo de acumulación en cada fase, y ese complejo audiovisual juega un papel importante en esa tarea. La censura recíproca de algunas de las principales agencias de noticias no detiene el proceso, porque éste comienza en cada parte y además, también están las plataformas digitales, por las que se difunde y acepta la mayor parte de la porquería que luego reproducen los medios.

La posición que se adopta ante determinados retos globales no sólo tiene que ver con lo anterior, sino también con la incompetencia del movimiento comunista que queda del pasado siglo veinte. Es evidente la responsabilidad que hay en las tradiciones dogmáticas que continúan, porque al haberse refugiado durante décadas en ideas acabadas, en lugar de haberse querido enrriquecer desde la perspectiva histórica, terminaron cayendo en el más patético etapismo. 

Así se facilitó una injusta manipulación del enfoque macroeconómico y de largo plazo. Ahora ya está acabado el Ciclo de Octubre desde hace mucho tiempo, y lo que se proyecta sólo es el socialismo simulado que imaginan ciertos grupillos y partidillos, de presencia más bien virtual.


Va calando la idea: el mundo está esencialmente dividido en patrias y naciones

Esa nefasta idea esconde tras de sí una larga involución social y política, y vaticina el retorno a la incivilización. Ha sido aceptada como propia por una parte importante de la población. Será complicado, aunque no imposible, combatir a partir de aquí a todos los enemigos de clase que encuentran en sus ocurrencias, rebuscadas maneras de enmascarar las más viles consecuencias de la crisis económica, para presentarlas como si fueran un avance en nuestro favor.

Ningún marxista se colgaría esa medalla cuando, con la mirada adecuada, se revela pronto que todo se sigue yendo a la mierda, como casi siempre ha sucedido. Infundir una determinación de lucha no exime tampoco de la posibilidad de sujetarse siempre a un diagnóstico serio sino al contrario, lo necesita. Y menos todavía permitiría aquel que se confundiera el proyecto que defendemos, expuesto en el Manifiesto de 1848, con las políticas que nos imponen el capital y sus gobiernos.

La necesidad que tienen ciertos segmentos ideológicos de inventarse con urgencia algún éxito que ofrecer a las potenciales audiencias que aspiran a pastorear, no vaya a ser que se les reconozca su insignificancia, les conduce incluso a concebir las homicidas políticas migratorias restrictivas que se están llevando a cabo en Europa y otros lugares de tal manera que, si éstas se profundizasen, porque en realidad ya se están implementando, se trataría entonces de una "mayor" ventaja  estratégica que con respecto a todas las que de hecho no han parado de arrebatársenos. ¿Qué es lo que hay que fumarse para aceptar eso?

Por mucho que disfracen el derrotismo quienes así lo consideran, el síntoma claro del fracaso es la inexistencia de asociaciones en la actualidad, que fueran de clase y mantuvieran autonomía con respecto a los aparatos capitalistas, los Estados y los creadores de opinión, única manera de hacer frente y organizar una resistencia, que también debe ser para denunciar las políticas que persiguen o criminalizan la inmigración y buscar, en su lugar, el establecimiento de puentes por encima de nacionalidades legales y étnicas.

Si partimos del carácter periódico o recurrente de la crisis y las convulsiones del ciclo, éstas han de tener sus respectivas manifestaciones en el comportamiento de los principales indicadores económicos. Es por la consideración de la ganancia, en el marco en el que se relacionan productores directos y medios productivos, que se puede constatar el engarzamiento o acoplamiento de los períodos expansivos y de contracción.

Desde el punto de vista de las matemáticas aplicadas, en el anterior encadenamiento tenemos que el límite hacia el que evoluciona la ganancia, por la utilización que se hace de la máquina y las tecnologías, sería el de un punto algebraicamente hipotético. Si agregamos entonces el análisis comparado de distintos ámbitos, merece la pena tener en mente una de las leyes que han llegado a ser expuestas con meridiana claridad, porque se desmontan en ella las bulerías que otros se dedican a difundir. A saber, toda asimetría en la distribución de valor se ha de compensar necesariamente a escala del sistema en el ámbito de que se trate.

Por lo que respecta a las clases trabajadoras en particular, esto anterior resulta congruente con dos hechos. El primero es que, en los países dependientes y menos desarrollados, el ritmo al que se extrae y se apropia de plusvalías es mayor, en esos términos comparados. Y  el segundo es que en el dinero que se recibe en concepto de salario, se expresan ciertos mecanismos por los que las clases dirigentes que pugnan en el mercado mundial de bienes o servicios, no compiten más que por sus propios intereses. 

Las influencias del poder capitalista se dejan notar en las decisiones gubernamentales, incluidas en lo relativo a la política migratoria. Pero de entre lo que más merece atención sobre los rojipardos, es lo que hacen algunos de ellos para ir colando su mierda fascista a los más incautos y desprevenidos, y es entre otras cosas el presentar su "solución definitiva" como si fuera por el bien de todos esos desplazados, a los que no contabilizan en sus planteamientos porque, si por ellos fuera, les dejarían morir a todos ahogados o deshidratados. 

A quienes así proceden en sus razonamientos me gustaría verles metidos en una embarcación con agujeros y que les dijeran que van rumbo a la Atlántida, a ver si llegan o no a aquella isla de la mitología platónica que se encontraría hundida en el fondo del océano. Puede que entonces se pensaran al menos dos veces el proponer para otros lo que, estoy completamente seguro, no querrían para ellos mismos. 

Lo que persiguen en su repetición mecánica de lo que decidieron creer, con independencia de si lo hacen o no de forma consciente, es dejar ideológicamente desarmadas a las clases trabajadoras y populares. El "esquema" que van haciendo suyo quienes promueven mayores restricciones fronterizas, y ello incluye insisto lo relativo a la inmigración, no es más que una manipulación de lo que tergiversan con impunidad, porque las ideas preconcebidas desde las que parten les vuelve incapaces de conocerlo.

Se han inventado una pseudoteoría paraeconómica, por si no hubiera ya pocos curanderos y naturópatas, con la que encima persiguen legitimar la política criminal que defienden, y que atenta no ya contra la calidad de vida de esos explotados y oprimidos, sino contra su integridad física, porque lo que se están jugando éstos últimos, en cuanto empiezan el periplo, ya es la propia vida como tal, eso cuando no estaban ya en riesgo en sus países de origen. En el desarrollo profundo y a futuro de la actual fase neoliberal, lo que vendría después si no lo consiguiéramos impedir, ni se le parecería a lo que se desprende de sus disparatadas "interpretaciones". 

Existe un remedio para no terminar en el regazo de quienes promueven y aplauden la esencia de medidas como las impulsadas y sostenidas por Giorgia Meloni o Viktor Orbán. Es mantenerse lejos de prejuicios fascistas y hacer, en su lugar, una lectura comprensiva de los textos, que no es lo mismo que repetir citas como si fueran mandamientos, ni que echar el vistazo rápido de un borracho drogado. 

Según ellos, lo que sucedería es que los trabajadores nacionales de los países de acogida verían reducido su salario real debido a la inmigración, pero al mismo tiempo, la restricción de las fronteras tendría lugar "por el propio bien" de quienes intentasen traspasarlas. Y lo creen y afirman convencidos, a pesar del flagrante embuste de que los inmigrantes que no las alcanzasen se quedarían íntegramente, según parece, disponibles para ser empleados en aquellos lugares que abandonan, o donde sea que vayan quedando algunos por el camino, sin poder escapar.

Mi problema no es con la ignorancia, puesto que ninguno nacemos con una flor en el culo, sino con la pretensión de hacer de ella algo sobre lo que predicar, cuando mejor harían simplemente en cerrar sus canales, cuentas y podcast de las redes sociales. Sé que no lo harán porque así como se hace en la religión y en el nacionalismo, lo suyo es aprovechar lo desconocido para divulgar relatos ficticios. Pero entonces estamos hablando de harina de otro costal porque eso conduce a lo más abyecto de nuestra especie. 

Si uno aparta la basura que le meten otros en su cabeza, no es difícil saber con qué desenlace y opción se corresponde la interposición de trabas legales y administrativas que dificultan la obtención de permisos de trabajo y residencia, de barreras en las rutas marítimas y en los países de tránsito, los acuerdos con estados-tapón como el reino alauí de Marruecos, o la sustitución de la vigilancia de tipo humanitario por la de los policías y los guardacostas. 

Las lociones para calvos que venden no se corresponden con las históricas barricadas internacionalistas, sino más bien con las de una especie nacionalista de "internacionalismo", que se encuentra justo hacia el otro lado del teatro de operaciones, siguiendo con la metáfora miliciana de una supuesta lucha de clases. Cada ajuste resultante de las políticas migratorias, económicas y represivas, tiene como fundamento último la rentabilidad, es decir, las expectativa de apropiación de la ganancia.

Ese conflicto, el que sirve para combatir todos los otros con los que nos dividen, es incompatible con lo que previsiblemente viene tras esa confederación de prostitutas políticas al servicio de una de las caras del imperialismo, o en paralelo suyo, pero que no será mejor opción: el cuadro aquel de una Europa asquerosamente pintarrajeada con los colores del trapo de cada patria, tanto de las que ya tengan algún Estado propio al que adorar, como las que se pretendieran encontrar en un futuro para que los idiotas quedasen encandilados.


La realidad de las políticas restriccionistas

Sin que me haga falta entrar a pormenorizar diversas circunstancias, la devaluación de nuestros ingresos ha de seguir ahondándose, antes o después, mientras continúan obstaculizándose cada vez más las entradas o incluso si crecieran las deportaciones, porque la explicación de la pérdida de la capacidad adquisitiva es el acto de crear o añadir valor: he ahí el interés en mantener desocupada la reserva laboral. El cierre fronterizo no es ninguna transgresión del capitalismo, ni siquiera del capitalismo globalizado porque no atenta contra su base económica, sino la continuación lógica en la que se prolongan sus consecuencias.

Incluso si se trataran de gestores o funcionarios en el marco de una economía estatizada, a quienes personifican la propiedad en consideración no les interesa que lleguen más inmigrantes si la amenaza de recesión, constante y persistente, no permite un balance de mercado suficiente. De hecho en los círculos neoliberales se pretenden obscenos cálculos precisamente de ello. La intención de revertir la evolución bajista del salario mediante actuaciones encaminadas hacia esa circulación, con independencia de que se trate de países comunitarios, con Estados miembros, o entre la UE y su exterior, o entre Estados europeos que fueran extracomunitarios, sólo es parte de la misma patraña de siempre.

Uno de los ejemplos más radicales pero obvios fue la siniestra finalización, en el año 2014, de la antigua operación italiana Mare Nostrum, que sería reemplazada por otro "plan" financiado con el equivalente a 1/3 del presupuesto del anterior. A no tardar demasiado fue acompañado por la creación, en Albania, de dos centros de detención (Schengjin y Gjader) que tienen un claro objetivo: servirle a uno de los varios gobiernos europeos, el de la que parece nieta del dictador que colgaron los partigiani, Giorgia Meloni, para eludir las disposiciones establecidas en el derecho comunitario e internacional, en materia de refugio y asilo. Todo juega en favor del capitalismo. 

Unos casi 6 millones de euros mensuales es un montón de dinero que emplear de manera productiva, y no para salvarles la vida y que se les pueda prestar una ayuda a todos esos navegantes que cruzan mares, después de haber atravesado desiertos, para luego entre alambres saltar vallas, y tras haber pasado por jaulas, si es que la macabra odisea no termina para ellos con la retención al conseguir llegar a Europa, que puede acabar muy fácilmente en su deportación. De ahí la operación Tritón.

Según la CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado) ya han muerto, en la última década, unas casi 30.000 personas tratando de llegar a Europa por las rutas del Mediterráneo, y sólo durante el año 2023, de las algo menos de 60.000 que intentaron llegar a España, perecieron unas casi 1.500 personas. No cabe duda de que se incrementará el número de víctimas que traten de alcanzar nuestras costas, mientras a otros no les parece suficiente desde sus relativas facilidades.

La eliminación (física) del excedente de fuerzas productivas, incluyendo por supuesto al trabajo potencial desempleado, se relaciona estrechamente con lo que Reinhard Kühnl describió, hace ya tiempo, como una de las dos disyuntivas enfrentadas que se llegaron a exponer en la primera mitad del siglo veinte. La antihumanista en lugar de la humanista; la opción del holocausto, la muerte y la creciente dominación del capital y sus fracciones mundiales, en lugar de la opción revolucionaria y del comunismo.

Pero ya sabemos que ahora, a la otra de las opciones, la que no deja tirado a nadie a la hora de hacer un conteo, también hay quienes la consideran "cosmopolita" o la denominan "buenista". Cuántos mal nacidos se han convertido ya en nazis. ¿Le extraña a alguien que el difunto Julio Anguita, el de la partida del ajedrez, junto a dos de quienes en Podemos fueron sus indecentes colegas, Héctor Illueca y Manuel Monereo, se sumaran en 2014 a la idea de echar el candado en las aduanas? A mí no, como tampoco me extrañará que, tras su ejemplo, vengan otros a infiltrar la basura que digieren previamente de las derechas, como vinieron Robert Fico o los laboristas.

Seguramente, el mencionado especialista checoslovaco en sociología podría ser actualizado por diversas razones, como la trayectoria reaccionaria de eso que en algún momento se volvió lo que denominó una "ideología defensiva", prolongándose más allá del siglo veinte hasta el presente. Pero al menos Kühnl sí distinguía y criticaba esa tendencia, al contrario de lo que hacen determinados prometeos del youtube, supermanes del teclado y embaucadores de los podcasts, que es alimentarla desde el horizonte hacia el que la van avanzando, ellos y quienes la profesan.

La intención de los rojipardos, y en general de los socialpatriotas, es la de instrumentalizar los restos del ya extinto modelo welfarista en un sentido abiertamente excluyente. Eso no va a servir más que para tratar de camelar a una parte de los trabajadores europeos durante un brevísimo período de tiempo. Han pervertido el significado de los conceptos de seguridad y de protección para llevarlos a su molino, que será lo mismo el de las reinversiones en el negocio armamentístico, que el del blindaje legal y físico de las fronteras. 

Una parte son autoproclamados comunistas y socialistas sugiriendo, al mismo tiempo, que lo suyo tiene algo que ver con el comunismo y el socialismo. Ese es todo el daño que hacen. Tengo otros adjetivos y dedicatorias para definir a todos estos prendas de las redes sociales a los que me refiero, pero ya me los escucharán seguro en otra ocasión, porque en este caso he decidido respetar al esporádico lector que haya tenido la paciencia de llegar hasta el final.

miércoles, 29 de octubre de 2025

¿Qué dirección del cabreo hacia la gestión política?


 Por Arash

En función de cómo vaya orientado el hastío, que subyace por la gestión ante la gota fría del año pasado en Valencia y Albacete y otras varias cuestiones, la elevación de la denuncia contra todos los cargos y representantes de las instituciones puede ser muy tramposa, según cómo se plantee. Este fue el caso de ciertos ciberfanáticos que se identificaban a sí mismos con la formación podemita, en relación al ataque perpetrado a Pedro Sánchez en 2024, durante su aparición en Paiporta.

Resulta que a los machacas que fueron a pintarse de barro las rodillas o lucir sus prietas camisetas, les habían confundido los muy cretinos, o eso prefiero  pensar, con los vecinos y damnificados que estaban limpiando el desastre. Por eso más de un internauta pudo comprobar cómo al principio aplaudieron hasta con las orejas a aquellos primeros. Puede que los jaleadores se sintieran arengados por el revanchismo de algún ex vicepresidente.

Encaja con lo que fue el eslogan, tan del gusto de los acampados de hace casi quince años, que decía sobre el PP y el PSOE, y sobre el resto de los diputados del arco parlamentario que "la misma mierda son" sea cual fuese su color. Tal es la regla que sus herederos siguen aplicando ahora pero sacando, claro está, a su partido y a sus referentes fuera de la ecuación, que son justo los que resultaron de ese movimiento que decían que era tan horizontal. Desde los que tradujeron el "yes we can" del Partido Demócrata hasta los afines al trumpismo del Partido Republicano. 

Ni la emergencia de los nuevos partidos del momento, ni las maniobras en los que ya existían previamente, ni los partidos que han venido surgiendo después como resultado de las nuevas escisiones y las nuevas maniobras, se pueden explicar en ningún caso sin el 15-M porque el embrión patriotero que desembarcó desde las plazas, verborreas a parte, no traía más que la invasión descarada de los aparatos mediáticos y de intoxicación en la opinión pública. 

Los mismos aparatos que acabaron con la opción reformista y de clase que existía, y que nos han venido colando en su lugar la mierda correspondiente a cada paso que se da para erosionar la democracia liberal. Las corporaciones de Atresmedia, entre lo menos repugnante de las que cobraron protagonismo, y de la que resuenan nombres como los de Jaume Roures o los de José Manuel Lara padre e hijo, y de Intereconomía, de la peor basura y asociada a otros como Julio Ariza o Fernando Paz. Más de uno pasó por las tertulias de unos o de todos esos empresarios y falsificadores para dar a conocer sus respectivas facultades, porque todo les debe de valer a los figuras. 

Esa dirección que se pretende imprimir también parece coherente con ciertas inclinaciones hacia el unitarismo como forma de estado porque, aunque a España se la define en principio de esa manera, el hecho es que hay una descentralización y la administración periférica dispone de los medios con los que actuar en las competencias que tenga reconocidas en cada caso, más allá de cualquier posible decreto de un estado de alarma. 

Cuando desde el cálculo electoral y mediático se hace caso omiso del contenido de una legislación específica por la que también existe el estado de las autonomías, que es precisamente relativa a la protección civil y ante emergencias, y de acuerdo con la cual recaía en la Generalitat la responsabilidad de haber tomado medidas para evitar las más de doscientas muertes en la comunidad autónoma presidida por Mazón, conviene que los demás tengamos claro cuál es el objetivo. 

Lo que se está pretendiendo entonces no es hacer justicia con las víctimas y sus familiares, sino aprovechar el empuje de otras tendencias con el fin de intentar recuperar parte de la influencia que no se tiene o se había perdido. Pero si ese es el caso, lo de menos será entonces que ese intento sea en base a una desgracia ajena a la de quienes lo protagonizan.

Por ese camino llegamos, en ese mismo sentido, a las posiciones de quienes defienden al estirado, y a su esposa la calavera, como las salvaguardias de la patria, el orden y la religión. Y más aún hacia el extremo que éstos últimos, en la parte más profunda de la fosa séptica, están aquellos para quienes hasta la mismísima conferencia episcopal y la monarquía española se han vuelto anticatólicas y comunistas. A estos les va lo más hitleriano o lo joseantoniano, sin ningún tipo de complejos.

La credibilidad del sistema político está en juego si tipej@s asqueroso@s que se comportan de manera negligente, como un Mazón que pudo haberse ido de putas mientras corría el agua por las calles, una Ayuso que para mantener los sistemas de salud o de pensiones elimina a enfermos y jubilados, y quienes destruyen pruebas que no consiguen ocultar, como puede ocurrir con los cribados en las pruebas de detección de cáncer de mama, terminan de rositas sin que las administraciones de justicia impartan el servicio que se supone que prestan a la ciudadanía.