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Espacio de producción propia, reproducción ajena y discusión de teoría analítica sobre estructura, relaciones y cambio sociales, y de difusión de iniciativas y convocatorias progresistas.

lunes, 27 de marzo de 2023

Macrón se quita el reloj: hace lo suyo

 

Ahora lo véis, ahora no lo véis

Por Arash 

Hace no mucho que, en España, los progres hacían lo propio con bastante más "encanto" que Macrón. Ahora están ya gastados, cada vez son más quienes no se creen una sóla palabra de lo que dicen, y miren quiénes son los que sacan rédito político de ese descontento hacia ambos lados del Pirineo.

No me apetece dar un repaso de las múltiples maneras en que a veces consiguen estar tan cerca de ese agregado estúpido, caótico y contradictorio, la gente, como Pablo Iglesias cuando iba a dar clases a sus alumnos de la Universidad Complutense de Madrid en un Renault Clío, y demás coches viejos e indumentarias en las últimas campañas (electorales).

Desde Unidas Podemos se ha mantenido bastante bien la temperatura a través tanto de sus dirigentes, profesionales de los intereses personales que allí defienden, como de las bases, que son ya sólo de afiliados a los partidos convergentes y simpatizantes varios.

Ninguno de los diputados de esa formación ha despegado el culo de su asiento con motivo de la mochila austríaca, ni ha amenazado con hacerlo aprovechando la circunstancia del escaño que obtuvieron. Ni me decepciona ni me sorprende. 

Hasta para algo tan poco "transgresor" como eso habría que estar hecho de otra pasta diferente a la de quien tiene como prioridad continuar su carrera en las instituciones, y para el que cualquiera de las tímidas mejoras en la situación de algunos trabajadores sólo es algo secundario y supeditado a esa carrera.

La complicidad por ese paquete de recetas, que pone millones de euros de asalariados y pensionistas en manos de bancos, aseguradoras y mútuas, incumbe de lleno a dos de sus principales responsables sindicales en España: CCOO y UGT.

Era lógica la corresponsabilidad de ese ataque contra el sistema público de pensiones, porque el planteamiento de la cobertura o prestación ideal que caló hondo en cierta parte de la población ya desde el 15-M, cuando más se daba rienda suelta a la imaginación de un "mundo feliz" y chiripitifláutico, era y sigue siendo, verborreas aparte, el de un individualismo que huele que tira para atrás.

Desde hacía décadas habían estado enfrentando distintos conceptos sociales de gasto para dividirnos a todos, y lo hicieron con éxito. Lo de menos es que cambiara el arquetipo en el desmantelamiento de todas esas conquistas que, con sus vaivenes, comenzaron hace dos siglos y culminaron hace uno.

Los veteranos de la lucha de clases, que son jubilados, pensionistas en distintas circunstancias, viejos jodidos y agotados, estuvieron sólos en las calles de Bilbao, de Barakaldo, de Madrid y de tantas localidades del territorio nacional del estado. No salieron a provocar volcando contenedores al grito de libertad, ni denunciaban ninguna conspiración de los hombres lagarto.

La montaron para defender con uñas y dientes las pensiones públicas, encontrándose las restricciones y en varias ocasiones la violencia de la policía, el silencio y luego la tergiversación de los medios, y también la indiferencia de activistas y "revolucionarios" del teclado. Hay que ser idiota para que te la sude tanto lo que algún día podrías tener que necesitar. 

Mientras tanto, ciertos experimentos fallidos dentro y fuera de Europa forzaban a los vendedores de crecepelos para calvos a tratar de colarles más o menos la misma loción pero bajo nombres diferentes, con el fin de evitar la desilusión por asociación, por su traducción en una falta de votos para los candidatos de sus partidos.

La "propuesta estrella" de lo que sería el actual gobierno de coalición, ahora permanentemente hostigado por los fascistas de Vox y otro pelaje y señalado por una degradada masa cargada de sentimientos viscerales, apenas alcanzaba hace unos años a una mínima parte de aquellos a quienes prometió que serían sus beneficiarios. Aunque la propia idea en sí era la del gato por liebre, un cambiazo.

No era ningún secreto para nadie que uno de los principales objetivos de su formación, años después de la moción de censura que depuso al gobierno autoritario de Rajoy, era la reforma del sistema público de pensiones, para obtener de ahí el presupuesto.

El resto fue obra, pues, de la majadería general; del imbécil que prefiere fantasear con el ideal que sea que le inspire, en lugar de comprender e incluso cuestionar el porqué de la realidad en la que vive, o al menos entender cómo le están tomando el pelo y hasta se lo dicen en su puñetera cara.

Hay mucho que envidiar a la CGT de Francia, a la que las centrales sindicales mayoritarias de España no le llegan ni a la suela de las botas. Muchos ni siquiera sospechan las potentes razones que hay para ello.

Lo que me pregunto es qué inventarán las malas lenguas aleccionadoras del internet, los gurús del ordenador aquí y allá para ensuciar la protesta que ahora, en su punto álgido, sacude el país vecino, y cuánto tardarán en mostrar y reproducir los señuelos con los que modificar los objetivos de ese pulso hacia lo que sí pueda ser asimilado en un capitalismo en descomposición.

Bajo cualquier organización hay siempre luces y sombras, pero si algo ha vuelto a poner esta de manifiesto para el que todavía quiera mirar, es la existencia de un sujeto en defensa de sus intereses prioritarios y de sus necesidades inmediatas, lejos de la colorida fantasía de quien sea.

El tonter, como el facebook y demás redes de entontecimiento colectivo, son un estéril océano de egos más o menos disimulados, lo mismo en la forma de la publicidad comercial que tras la apariencia de una supuesta voluntad revolucionaria, y serán fundamentales en la búsqueda de fórmulas para sofocar la iniciativa de quienes aún apuestan por combatir.

sábado, 6 de agosto de 2022

Anticomunismo y fascismo: el compadreo no es cachondeo

Por Arash

El refrán "dime con quien andas y te diré quien eres" no es aplicable para describir mi orientación ideológica, en primer lugar, por lo que respecta a la primera parte de aquel, porque no se puede hablar de ese aspecto de mí en base a unos cerdos fascistas con los que no me codeo ni en pintura, y en segundo porque creo que hay que contestar, aunque fuese tarde y mal, esa bilis anticomunista que escupe la serpiente, con la que están logrando impregnar la conciencia de muchos que se identifican a sí mismos de diferentes maneras.

Reconozco que no he sido justo conmigo a la hora de dar esa respuesta: puede que estar desempleado, un tiempo ya demasiado prolongado, o no haber conocido hasta la fecha una estabilidad laboral, me haya estado predisponiendo a rodearme más de la cuenta, de forma agotadora, con cierto tipo particular de desagradecidos, individuos que desconocen por completo tanto la manera en que fue alcanzada en el pasado la calidad de vida que tienen, esa de la que aún disponen mientras venden lo suyo a plazos cada vez más inciertos, como el marco de libertades que lo hizo posible.

No me engaño, sé que en el sentido socioeconómico somos los mismos pringados de siempre estemos dentro o fuera, que en los centros de trabajo, de distintos sectores y con distintas condiciones laborales, se respira el mismo hedor que en la puerta del bar o la taberna. Pero la realidad de una alternativa hoy inexistente frente al temible horizonte que nos espera se tendría que construir, para que fuera creíble, no tanto "ahí" pero sí "desde ahí", que es donde se da la explotación, y estar lejos obstaculiza el mantener los pies en la tierra tanto como cuando la tienes enfrente de las narices y no quieres verla. Hago lo que puedo, no es fácil cuando el mundo enloquece.

Desde los tiempos de la transición seguramente nunca habíamos vuelto a conocer, hasta la fecha actual, un ambiente tan hostil -tan normalizado y aceptado- hacia todo aquello que se asocia con ese término tan emputecido al que recurren cada vez más para dejar de pensar con la cabeza y empezar a expresarse con el intestino, sean ideas eso que se asocia a dicho término, argumentos, e incluso personas. E importa poco la mayor o menor semejanza o, por el contrario, la total falta de correspondencia de dicha asociación. 

El último hijo de la gran puta al que escuché hablar de cerca era un malnacido que, habiéndose ocupado antes de excepcionar, eso sí, a aquellos de quienes decía que era amigo, como cuando en el franquismo se le perdonaba la vida a algún conocido, encontró el momento para espetar: "a mí lo que me gusta es dar de hostias a los etarras y a los comunistas". Los viejos, como esos miles que contra viento y marea han estado tanto tiempo en las calles reivindicando la defensa de lo nuestro, habrían captado al instante la naturaleza de tal declaración, pero se vé que en las generaciones posteriores consiguen engañar incluso con maneras tan obvias como esta. ¿Por qué se creerá en estas últimas que los fascistas divulgan a los comunistas como los mayores enemigos? Me muero de curiosidad por conocer lo que responderían.

Obviando sólo por un momento, y sin pretender ser selectivo en mi repulsa absoluta al terrorismo o la represión, su fétido desaire hacia aquel último de esos dos grupos tan dispares entre sí, sólo un poco después mencionó a cierto partido de la socialdemocracia vasca en una conversación que le oí mantener, así que enseguida tuve otra corroboración más de que, si había llegado a hacer gala de su execrable condición buscada de matón, seguro no habría sido con ningún miembro de aquella organización armada -cuya práctica siempre repudié, ese es otro tema- y que este homúnculo "confundió" con ese partido que les mencionaba. Junto con otro más que le acompañaba, que parecía estar reproduciendo verbalmente un podcast del Mein Kampf, podría haber sido perféctamente un neonazi miembro de Alianza Nacional, esa otra organización en cuyas sedes se han almacenado armas de fuego.

Por lo tanto, yo mismo podría haber sido uno de esos tipos con los que ese sujeto de mierda hubiera podido pretender disfrutar dándome "de hostias", en sus propias palabras, eso si antes no le consiguiera parar los pies a ese saco de basura humana, claro está.  Pero lo que no puede ser, y es por eso que se me hinchan los narices, es que cuando alguien que se presupone a sí mismo cabal se topa con algo como eso, con seres deseosos de encontrar a quienes convertir en su muñeco del pim pam pum para desahogar sus frustraciones personales, no ponga todo lo que debería estar poniendo de su parte.

Imagina que, con la excusa de que fueses algo, hay quienes seas lo que seas están dispuestos a señalarte como un blanco a abatir, a convertirte en objetivo de una paliza, a meterte en una lista o a darte un paseo, mientras ves que otros se descojonan de risa. Como mínimo resultaría "incómodo", ¿verdad? No es cachondeo el compadreo porque si te tienen que enseñar un brazo tatuado para que te empiece a parecer más obvio eso que antes no te lo parecía, entonces es que te pilló desprevenido. Tu inconsciencia le concedió lo que nadie debería estar concediéndoles.

A lo mejor si, después del comunista, te conviertes tú -ya sé que no lo eres, no hace falta que lo jures- en el próximo objetivo real o potencial de estos alevines aspirantes a delincuente, te comienzas a plantear la parte de la responsabilidad que pudiste tener por dejar que gente peligrosa como esa divulgara lo que te parecían unos "chistosos" mensajes sobre comunistas, los que tildan de tal manera o cualquiera que discrepe del frenesí que se está imponiendo, mientras tú les reías las gracias a sus comentarios. 

Poco importará porque ya será demasiado tarde, si es que no hace mucho que ya atravesamos ese umbral y sus designios son ya inevitables, pero mientras tanto no seré yo quien les haga sentir cómodos. Si han leído estas líneas y el título que escogí para ilustrar su contenido, aquellos a los que me refería ya se habrán dado correctamente por aludidos. 

martes, 8 de marzo de 2022

El capitalismo de estado sigue siendo el horizonte por las izquierdas


Por Arash

Cuando la ahora agonizante y, salvo notables excepciones, también desintegrada clase trabajadora irrumpió de lleno en el siglo que nos precede, los distintos experimentos socialistas de los viejos utópicos ya habían dado paso a otros de muy diferente y marcada tendencia ideológica, ya fueran estos encuadrados en procesos políticos más amplios o bien estuvieran más aislados y localizados bajo circunstancias particulares.

Toda esta última generación de experiencias, las del movimiento obrero una vez ya había superado su período más ingenuo hasta entonces, se pueden cuestionar tanto por la naturaleza de cada una y quienes fueron sus protagonistas como por los respectivos contextos en que fueron desarrolladas, aunque cada vez estoy más convencido de que es una imbecilidad de campeonato hacerlo cuando se están ignorando cuestiones mucho más elementales. 

Cuestiones más elementales se ignoran cuando, lejos de querer comprenderse el fondo de verdad del lógico y penetrante miedo con vistas a construir una realidad que se oponga a sus causas materiales, lo que se pretende es hacer bandera de aquel sentimiento y yuxtaponerle una esperanza, que es algo así como ponerse a "liberar chakras" frente la clara orientación fascista que va adoptando. Se pueden encontrar matices e inclinaciones diferentes, dentro de ese conjunto de emociones y supersticiones políticas que es la democracia parlamentaria.

Si me preguntasen, diría que el cambio de propietarios en determinadas empresas o centros de trabajo hacia quienes sí son técnicamente imprescindibles para su funcionamiento son ya palabras mayores, desde luego no un capricho de nadie. Pero qué más da si la idea, que como cualquier otra siempre tiene por supuesto quienes la refieran, puede sumar algunos seguidores más, de lo que sea.

Al respecto de aquellas experiencias se podrían mencionar desde el socialismo autogestionario de la antigua Yugoslavia hasta la colectivización agraria catalana de julio del treinta y seis, pasando por los consejos obreros antes y durante el gobierno de Imre Nagy o los mismísimos koljoses. Seguro que distintos predicadores muy españoles, por cierto, "ensalzan" estos últimos cuando se cumpla el puto centenario dentro de unos años, algo que creo muy diferente a la comprensión de la mayor o menor pertinencia que tuvieron este y otros acontecimientos en la historia moderna.

Su conversión en un objeto de consideración por parte de quienes jamás han tenido pretensión alguna de cuestionar el capitalismo, que a lo mucho habrán tenido que lidiar de la correspondiente manera interesada cuando fueron puestas en práctica, va mucho más allá de lo que parece y de lo que nos cuentan. A la acelerada creación de granjas colectivas en Rusia a finales de los años veinte, y es sólo un ejemplo de ello, la acostumbran a presentar muchos como un exceso en sí mismo, como una injusta requisación del grano en el campesinado.

Es lo que sucede cuando consigue hacer efecto el espíritu de quienes elaboraron la Declaración de Praga: que aparece como un exceso todo aquello que interese calificar de comunista, se parezca más, algo o nada eso que se califica de tal manera a esto último, que es lo de menos. En esos partidos de tendencia criminal que señalan a inmigrantes y en buena parte de los gobiernos que están levantando alambradas por toda Europa tampoco se tiene el menor reparo en servirse incluso de la propaganda de los nazis alemanes (Hearst) y colaboracionistas a la hora de pronunciarse para espetar su veneno.

Por su parte hay quienes, desde otras posiciones particulares, no dudan ni por un segundo de que ni la susodicha colectivización, ni la URSS, ni siquiera el mismísimo desalojo del Palacio de Invierno y la insurrección en la que tuvo lugar, hubieran existido sin aquel a quien rinden crecientemente su patético culto a la personalidad, porque en el fondo para ellos es todo lo mismo. Cualquier día nos los encontramos en Sol o por la Gran Vía de alguna capital con un gorro de orejeras puesto y bailando un trepak si hace falta.

Su grado de desconexión actual con el presente, no tanto en un sentido emocional o por el estado de ánimo predominante, que es lo que aspiran a capitanear, sino por lo que respecta al salto que imaginan, no se entiende en toda su magnitud sin tener en cuenta eso que algunos partidos declaran ahora que se haga con ciertas compañías energéticas, en estos tiempos que corren de una monumental y lucrativa subida de los precios de la luz y del incremento del coste de vida en general, que se están viendo enormemente agravados como consecuencia tanto de la aventura bélica del capitalismo ruso en Ucrania como de las sanciones que se han ido escalonando de manera unilateral. 

Lo que tienen los más ortodoxos es que manejan unas retóricas más contestatarias, curiosamente igual que se hacía desde la izquierda hace cien años. No discuto la medida en que eso por lo que apuestan sería una opción más o menos perniciosa y perceptible, sino a cómo la pintan y por qué. 

Así, el que en lugar de decir "tomar" o "control por los trabajadores" algunos digan "tomar el control" es una enrevesada e interesante composición lingüística que sería bastante significativa de las intenciones reales de quienes afirman reconocerse en la idea de la desaparición de todas las clases, de no ser porque al igual que ellos, el resto de quienes se plantean o hablan de "nacionalizar" también están pensando simplemente en estatalizar, lo que dadas las circunstancias supondría algo parecido.

Debe haber quienes están convencidos de que se avecina una nueva revolución social y de que tenemos a la vuelta de la esquina la constitución de unos sóviets a punto de asaltar las estaciones térmicas, eólicas o hidroeléctricas de las corporaciones energéticas. Como mínimo ha de estar habiendo una enorme y sostenida movilización de trabajadores con las cosas muy claras, como para que el Estado vaya a ponerse a repartir alegremente la energía u otras formas de la riqueza entre todos, si este pasara a controlar la economía.

Tampoco pondré en duda la capacidad de autopersuasión de quienes así lo creen, al margen de la propia percepción de las masas. Mientras en aquellas corrientes se han estado tratando de divulgar utopías de cada vez más cortos vuelos, o se va creyendo ver en el sectarismo una respuesta a la crisis, la parte de estas últimas que aún está organizada trata de oponer alguna resistencia efectiva frente a la paulatina defenestración de lo conseguido a partir del hace mucho terminado ciclo de octubre, cuando la realidad es que la mayoría de las mismas permanece indiferente y se limita a plantearse cómo coño sobrevivirá con el empleo de chico de los recados o cuando ya no quede más que la chatarra asistencial que necesitan los gobiernos para intentar mantener el orden.

Pero me da la impresión de que estamos sobrados de aspirantes a los consejos de gestión o administración pública incluso cuando el apelativo de comunista se "otorga" a diestro y siniestro, costumbre esta última que se practica ya sea para azuzar los peores prejuicios e instintos de la sociedad irguiendo los muñecos del pim pam pum del mañana, que se refieren a los mismos del ayer a pesar de que hoy tendrán que inventarse a muchos más, aunque también para colgarse medallas a uno mismo como un cretino, que no es sólo cosa de la nueva socialdemocracia al contrario de lo que se acostumbra a pensar en los demás partidos que han convertido la hoz y el martillo en un emblema.

Los que se identifican a título personal de tal manera, o lo han hecho alguna vez, desde las instituciones sólo representan a un sector que ya consiguió convertirse en una burguesía de Estado o algo parecido, y que conste que ni estoy diciendo, ni de hecho pienso en ningún modo, que ni ellos ni parte de sus pretendientes más próximos, que tratan de ganarse descaradamente un hueco en el sistema de partidos junto con los que ya tienen representación en el congreso, merezcan o deban ser en absoluto equiparados a lo que representan los principales partidos parlamentarios ajenos a la llamada mayoría de la investidura. Todo hay que decirlo, no vaya a ser que alguien se equivoque. Sería injusto e inexacto decir que son lo mismo que esa "suma" de aspiraciones delictivas que padeceríamos con creces de tenerlos en la Moncloa. 

Por eso mismo, pese a mi absoluto rechazo de la recuperación de la teoría del "socialfascismo", de aplicación tan extremadamente inoportuna como lo fue cuando la diseñaron en 1928 y señal inequívoca de la irremediable degeneración del polo comunista, me pregunto qué nivel de bajeza ha de tener también esa idea de sociedad que se dice perseguir a medida que uno se plantea la totalidad de la corroída diáspora (incluidos y especialmente aquellos a quienes la política profesional Yolanda Díaz se refirió, con razón, como marginales) vista la manera convencida en que los del extremo en esa tendencia se suponen a sí mismos algún tipo de alternativa frente al actual estado de cosas y frente a quienes tampoco han planteado la que necesitamos. 

No consideran ni pretenden estimar la validez de sus propias organizaciones por sus posicionamientos y por los resultados a los que estos las conducen, pero para captar adherentes a siglas o a colores siempre han estado los performances. Para tratarse de una respuesta a la pusilánime y frustrante posmodernidad y sus mil y una caras, también parece bastante exacerbada su inclinación hacia la iconografía y el simbolismo, por mucho que hagan el egipcio cuando se lo recuerdan, pero ellos a lo suyo como siempre. 

A parte de la cronología de fechas, que se concatenan como una secuencia de datos irrelevantes porque no son comprendidos por aquellos a quienes se dirigen quienes los exponen, el simple exhibicionismo de banderas ya era, por cierto, una botella a la que se le pegaban buenos lingotazos con las últimas convocatorias del PCE-IU, que es cuando las manifestaciones regresaron a sus orígenes históricos: las procesiones. 

Todo ello ya venía de antes pero, no por casualidad, se volvió mucho más agudo después de que se enamorasen perdidamente de quienes decían aquello inquisitorial del "sin banderas", a pesar de que trataban de expulsar a los propios asistentes afiliados a sus organizaciones y, por extensión, a todo el que mostrase alguna enseña "no inclusiva", que ya sabemos lo que eso significaba. En Italia hasta los llegaron a golpear. Los sectores marginales sólo son los despechados de ese amor inconfesado hacia lo que se profesaba en un movimiento que odiaban pero del que interiorizaron tanto su contenido, cambiando las formas. 

Si alguno de todos los anteriores se hubiera leído a Rosa Luxemburgo, en lugar de haber pasado la vista por encima de alguno de sus textos como mucho, seguramente se haría una idea más certera sobre los logros que obtuvo el gobierno bolchevique en los años inmediatamente posteriores a 1917, en vez de utilizarlos como mera propaganda de las insuficiencias o vergüenzas de lo que hoy llaman el "movimiento comunista". 

La trayectoria de esta marxista de origen polaco y alemán resulta tan tergiversada, por quienes se atreven a transmutarla en objeto de las mentiras de las feministas, como esta y la de Lenin lo son ambas por parte de la izquierda en su conjunto, o bien se la tiene a aquella por una mera teórica y política de segunda fila a la que relegan a la sombra con muy poco disimulo.

En aquel otro país, Rusia, la estatalización de los medios de producción había que consignarla y, en ese sentido, había que defender a la dirigencia del proceso frente a todos sus adversarios y los gobiernos extranjeros que lo confrontaron, pero porque en vísperas de lo que sería aquel desplazamiento insurreccional del poder, la clase obrera de la época estaba organizada o a punto de hacerlo en tanto dictadura de clase, o sea, en la forma de Estado si lo prefieren. Igual que ahora, vamos.

Me juego un almuerzo a que si alguno de los caudillos y twitstars que pueblan ese estercolero de egos y trending topics que son las redes sociales les instase a ello, más de uno sería capaz hasta de tomar el Puente de Monteolivete con un moshin nagant. Lo mismo da si un nuevo "don" Miguel Primo de Rivera se subiera al estrado de la presidencia con una docena de tanques como escolta en las puertas del edificio que alberga su sede. Alguien declararía ante toda la población que el socialismo está comenzando y se quedaría más ancho que largo.

Posteriormente, si fueron alcanzados unos elevados estándares materiales o de vida en el contexto de la sociedad de la época fue precísamente por la extensión de los koljoses en el campo, que siempre fueron mucho mayores en número y en importancia en relación a los sovjoses o granjas estatales. Incluso el propio sistema estatal de protección social, que de manera indirecta se volvió una referencia hasta en occidente, se comprende a partir de la formación de aquellos.

Pero los actuales campeones de la revolución ignoran que la importancia de esa colectivización se debió también a que la dirección revolucionaria había sido desplazada por la burocracia política. Antes, no después. Tratar de presentar al Estado como si hubiera sido lo mismo recién oficializado el poder soviético que según fueron pasando los años, es algo tan vulgar como pretender desarrollar una explicación sobre la involución de la revolución rusa a partir de una personalidad o de un congreso, que es a lo que tienen acostumbrados a sus escasos seguidores. Pero las últimas semanas vuelven a enseñar que no es tiempo de revoluciones, sino de cretinos que justifican invasiones como lo hace Putin cuando se presenta como justiciero.

La socavación de las bases de ese poder ya manifestaba entonces, apenas comenzado el período de entreguerras, importantes diferencias en la correlación de fuerzas, pero es que hoy la clase trabajadora se está reconvirtiendo, generación tras generación, en proletariado como en el siglo diecinueve, pero en el siglo veintiuno. Eso sí, hay quienes cada vez se atribuyen con más énfasis una autoproclamada condición no sólo comunista sino también de vanguardia desde la que se habla de colectivizar y de socializar.

Está claro. Si los liberales no distinguen entre una estatalización y la tendencia monopolista, más allá de esa ideología que profesan también se la pretende confundir con una hipotética expropiación socialista. Por cierto, la orientación del liberalismo es tan liberticida como puede llegar a serlo todo lo que queda fuera, ni más ni menos.

¿Alguien cabal que crea en la necesidad de organización de clase confía acaso en los guardianes de las esencias? Prefieren la retórica y la liturgia porque la actualidad les parece demasiado desagradable. Sí que lo es, poco a poco esto va tomando forma y no se parece en nada a la toma de la "Bastilla petrogradiense", pero lo será así y peor aún mientras ellos continúen convirtiendo esa pasividad en motivo para seguir evocando el pasado, que es lo que les sirve para invocar alguna supuesta correspondencia en el presente. Otros se ponían en círculo hace un tiempo para invocar otras cosas, personas o supuestas "cualidades".

Nada de eso es obviamente una alternativa creíble, y mientras siga sin haberla, el poder incuestionado del capitalismo contemporáneo, sea cual sea su color y signo político, seguirá encontrando la manera de ir ventilándose los niveles conseguidos de protección social, que queda como una inercia de otra época en vías de desaparición. 

El motivo no es ninguna fuerza sobrenatural sino que todas esas coberturas que constituyen dicha protección en su conjunto son parte del salario, y quienes resisten con su ejemplo no tienen quienes les tomen el relevo. Es perféctamente comprensible el agotamiento de los pocos que se deciden a tomar este otro camino.

viernes, 25 de febrero de 2022

Arrastrados hacia la propaganda

Kiev, 2022. Fuente: DW

Por Arash

¿Se da cuenta o le importa acaso al personal que, en función de la línea editorial, los discursos de una parte de los dirigentes políticos involucrados en este conflicto bélico se retransmiten íntegramente, o bien se presentan fragmentados y retocados según el país de que se trate? Y de ser así, ¿por qué creerá que sucede?

¿Se da cuenta de que hay varias agencias de comunicación distintas además de aquellas a las que pueda recurrir con una frecuencia mayor, y de que todas ellas dependen económicamente y de manera regular de las diferentes fracciones del capital internacional, ya sea mediante la financiación oficial de los gobiernos, porque están subvencionados por estos, o porque los paga diréctamente como Euronews, DW o France24, BBC o NBC, Russia Today, o Al Jazeera? De preguntárselo, ¿creerán que alguno de esos gobiernos representa los intereses de "todo el mundo" de los países y regiones de referencia de los oligarcas o "desinteresados altruistas" que los financian?

Tampoco se debería pretender evaluar la veracidad o la falsedad de las afirmaciones exclusivamente en función de quienes las aseveran. Si algunas de las tendencias ideológicas más peligrosas están tomando fuerza desde hace décadas es, en parte, porque se ha dado la oportunidad de que sean sus líderes actuales quienes se aprovechen de la verdad, sin perjuicio de que la digan a medias junto con mentiras. En este sentido se ha fracasado estrepitósamente al intentar que se entienda que la OTAN lleva mucho tiempo incrementando el número de sus bases hacia todo el globo, el este europeo en particular, porque es un autócrata, corrupto y anticomunista como el presidente Putin quien lo puede decir como para que se oiga.

 Uno de esos pocos líderes conservadores que reconocen el papel protagonista de los soviéticos en la derrota del nazi-fascismo durante la segunda guerra mundial aún setenta años después, es él. Ni De Gaulle, ni Churchil ni nadie que me venga a la cabeza de entre las personalidades principales de la denominada "resistencia exterior" ni tan siquiera en 1945, cuando aún no se había impuesto la versión angloestadounidense de los hechos en Europa. Aquel es inteligente: conecta con una parte del sentimiento antifascista (yo diría que la acción en este sentido es otra cosa; acción no es lo mismo que sentimiento y ni siquiera tiene que haber correspondencia entre este último y las declaraciones, por un lado, y los hechos) y sabe que lo puede emplear en la justificación de los conflictos comerciales.

El despliegue de tropas rusas hacia el interior de Ucrania, de la misma manera que las fuerzas estadounidenses y atlantistas han estado desplegando las suyas todos estos años en las inmediaciones territoriales del estado ruso de la manera más irresponsable, incluso traspasando las fronteras terrestres, marítimas y aéreas como ha sido denunciado en numerosas ocasiones, me parece una noticia muy negativa porque significa una escalada militar y eso nos pone en riesgo a todos de una u otra forma, como resultado de esas pugnas por el gas. 

Las guerras se pagan primero en el frente, y después en retaguardia. En este caso, imagino que es previsible que se incrementen los precios del combustible en los países de la Unión Europa, quizás en unos más que en otros, y por ende, el de otras muchas mercancías. Ya veremos lo que nos viene, en cualquier caso también me parece despreciable la voluntad de imponer a la economía rusa sanciones y la insistencia de otros miserables en endurecerlas, que pagarán tanto los rusos como nosotros.

También es cierto que Ucrania está en guerra desde 2014. Van unos 14.000 muertos, muchos de ellos rusos étnicos que tenían la ciudadanía ucraniana, como consecuencia de los bombardeos y los ataques de infantería terrestre en el Donbás, y en ese caso son las autoridades radicadas en Kiev las que tienen las manos manchadas de sangre ante el silencio generalizado en prácticamente todo el mundo, que es lo que normalmente se suele practicar -el silencio- en relación a casi todas las guerras, violaciones de soberanía territorial, y en general cualquier cuestión de cualquier índole siempre y cuando no interese hablar de ello. La sociedad es como un niño, y el objeto de los medios de comunicación, mover el sonajero.

Me importa poco si encaja o no en la definición de genocidio lo que en esas regiones ha estado sucediendo, siguen siendo vidas humanas que fueron arrebatadas. Donetsk y Lugansk, entre otras, son localidades con decenas de miles de habitantes, con edificios de viviendas, colegios y residencias sobre las que han estado cayendo proyectiles y bombas a lo largo de ocho años, desde que bandas de neonazis organizados y armados, cortejados por miles de ciudadanos (el nacionalismo está demasiado extendido) depusieran el gobierno de 2014. También lo hicieron de manera ilegal y violenta. Pero mucho me temo que las vidas humanas nunca han valido todas lo mismo y en cada sitio nos enteramos de lo que nos cuentan.

Moscú debería retirar sus tropas lo antes posible, y el estado español, que tiene sede aquí, no en Rusia, debería primero negarse a participar en la escalada y no enviar esos militares a los países occidentales limítrofes con Ucrania digan lo que digan los estatutos de la OTAN. Así empiezan las guerras: con las acusaciones mútuas de violar las fronteras de los que terminen siendo beligerantes. El artículo 5 de esa alianza puede ser la excusa para el comienzo de algo de enormes consecuencias. 

No al apostamiento de militares españoles ni en Rumanía, ni en Bulgaria, ni en Polonia, ni en Eslovaquia ni en Hungría. En segundo lugar, debería abandonar de inmediato esa coalición que jamás fue una organización defensiva y ha estado implicada en varios de los últimos grandes crímenes contra la humanidad.

lunes, 20 de diciembre de 2021

El bucle miedo-esperanza



Cartel de autoría anónima

Por Arash

La esperanza es la gran bandera del progresismo en los continentes de ambas orillas del Océano Atlántico, la gran apuesta de todo progre frente a la crisis económica capitalista mundial. Lo mismo que lo fue para la formación, y lo sigue siendo para la justificación del actual gobierno aún en funciones por parte del presidente Pedro Sánchez o el retirado exvicepresidente segundo Pablo Iglesias, ha sido enarbolada por quien ocupó el lugar de este último junto con una cartera ministerial, Yolanda Díaz, en relación a la candidatura de Gabriel Boric para las elecciones presidenciales chilenas, del mismo modo que también ha sido levantada por el propio y susodicho candidato chileno para la campaña que terminó ayer, o que lo fue en la presentación de Barack Obama a la presidencia de la administración estadounidense cuando se adoptó el eslogan de "podemos" ("yes we can") que sus entusiastas tradujeron posteriormente del inglés en varios países.

A diferencia de Pedro Castillo, un mero populista bonapartista que al igual que todos sus homólogos ya anticipaba en campaña lo que será su mandato, pero cuyo nombramiento como presidente era un imperativo frente al candidato propuesto por los fujimoristas, el recién designado para el cargo de presidente Gabriel Boric no es respaldado por los trabajadores y los sectores populares chilenos como impugnación válida o eficaz del totalitario legado de los dueños y gangsters financieros, algo que ya era previsible en un país en el que el escepticismo de aquellas capas sociales golpeadas hacia el sistema político se mantuvo incluso tras el final del período de Pinochet. La de Boric es otra esperanza pretendida de un antiguo referente universitario en un país que padeció una dictadura personalista hace sólo unas pocas décadas, sólo que allí en Chile aún evitan que se apodere completamente de ellos, mientras que aquí al otro lado del charco había y hay esperanza hasta por un tubo. 

En todos los lados, los referentes y seguidores del progresismo, que suelen tener una urna por cabeza, piensan todo en términos parlamentaristas y en llevar todo lo que acontece por el derrotero electoral, que es derrota anticipada porque las distintas opciones que se perfilan en ese marco, que son distintas por la velocidad a la que plantean la aplicación de sus reformas y por si también aceptan o no la administración de sus tiempos de dosificación, están todas en la chistera de la OCDE y compañía incluso antes de que presenten sus candidaturas. Lo pretenden aquí en España mientras los aventajados fascistas de Vox y Jusapol (policía nacional, cuerpo estatal armado) afianzan lenta pero pacientemente la idea de que un gobierno al que llevan durante años calificando de comunista no tiene por qué ser apartado solamente mediante los procedimientos ordinarios, que por el momento quizás sean incluso legales, y en un futuro puede que no muy lejano, ilegales.

El miedo, pese a la solapada orientación criminal que va adoptando, no aumenta sin parar ni arrastra o integra paulatinamente la esperanza como parte suyo por casualidad, porque no resulta de ningún capricho, como no lo fue la oposición al impuesto ecológico anunciado por Emmanuel Macrón o a la eliminación de los subsidios al carburante planteada por Lenin Moreno, la respuesta de algunos sectores empobrecidos frente al servilismo traidor de Daniel Ortega, la denuncia de la dependencia económica hacia uno u otro poder del sistema multipolar impuesta por el dirigente represor Nicolás Maduro, o la ruptura obrera y sindical motivada por las políticas de Evo Morales.

No aparece porque sí, porque guste. Brota de las entrañas cuando, previa reunión de los dirigentes políticos y empresariales, aumenta exageradamente el precio de la luz y el gas de manera que las inversiones multimillonarias en las viejas fuentes de energía no pueden seguir siendo rentabilizadas como antes por las compañías productoras estratégicas del capitalismo, y se persiguen otras menos contaminantes que casi nadie podrá costear, porque si el bolsillo del consumidor final no da, entonces tampoco aumentan las expectativas de beneficio excepto para determinadas corporaciones concretas.

El miedo y el pánico irrumpen, pues, cuando en una sociedad basada en la explotación de la actividad productiva se tiende a detener o se ralentiza la actividad productiva, que es cuando se van encontrando más dificultades para maximizar la plusvalía, y así es exactamente como se divulgan el miedo y el pánico, desde las distintas fracciones de la oligarquía hacia los estratos intermedios. No es que el capital pierda, es que el ser determina la conciencia y se impone una ideología. Mientras, a las izquierdas les continuará tocando el papel de comparsas y seguirán siendo las que hagan luz de gas con los trabajadores y los que dependemos del salario.

Esperanza es la de mucho tonto y tonta de los cojones de por ahí que está convencido o convencida de que el gobierno de este país, o alguno de sus ministros o ministras, está llevando a cabo una astuta lucha de clases desde las instituciones, de que tiene una meticulosa estrategia entre manos en defensa de los desheredados, y que por eso hablan de amor, concordia, democracia, paz social, sonrisas y corazones para todos.

El mismo que ha mantenido, y que probablemente complementará para el año que viene (si es que para entonces no ha sido depuesto por uno al estilo de "España suma", algo de lo que por supuesto nos culparían) las reformas de Zapatero en 2010 y de Rajoy en 2012, que son aquellas que permitieron un nuevo deterioro de la calidad del empleo y disminución de los salarios, que también es el mismo gobierno que aceptó de los académicos ese planteamiento de la prestación pública "ideal" que tienen algunos (Renta Básica Universal la llamaban) y que pasaría por la regulación de una hipotética cobertura estatal que sería "independiente" del empleo de esa calidad y esos salarios. Nada raro, ¿verdad? Pues vale.

Después, cuando se agota el efecto placebo de ese señuelo, que les vino de perlas a los políticos de la esperanza tanto en las últimas elecciones españolas al parlamento europeo como a las cortes generales, nos dice la ministra de trabajo que la reforma que pretende implementar su gobierno servirá para anular los efectos negativos de las dos reformas anteriores, incluida aquella de las dos que sí prometió eliminar, que fue la de Rajoy pero no la de sus socios parlamentarios de coalición, eso antes de que anunciara y se rebajara nuevamente asegurando que tampoco derogaría la de Rajoy, que bastaba y había que conformarse con suprimir los "aspectos más lesivos" de la misma. Todo bien, ¿no?. Perfecto. Sigamos con la esperanza.

El liderazgo y propuesta inicial que Yolanda Díaz pretendía encasquetar a Pedro Sánchez, dejó paso al liderazgo de Yolanda Díaz. El marrón pa tí, bueno vale pues pa mí. Previamente había asegurado en el congreso confederal de CCOO que sería derogada "a pesar de todas las resistencias", apenas un mes antes de que declarase que eso sería un "fetiche político". Esto para los afiliados, esto para la prensa. Nos va a entrar una buena diarrea con esta bufonada democrática-parlamentaria a la que llaman bien común, el común, els comuns o a cada uno por lo suyo. Pero como la represión de la pasada huelga del metal depende del ministerio de interior, que es del PSOE, todos tan contentos con los otros y su postura de perfil.

Finalmente, los bajones y subidones de la ministra en consideración han dado lugar a lo de la derogación "por fases". Total, ¿acaso se acuerda alguien de la enorme desmovilización laboral y social, mucho más de la que hay ahora, cuando todavía no se había formado el presente gobierno de coalición? Las patronales nacionales y las asociaciones económicas internacionales necesitaban que se formase gobierno cuando aún no lo había, tanto como siguen necesitando ahora que se mantenga la credibilidad y esperanza de alguno porque sus recetas no se legitiman sin el sufragio ciudadano.

Hace nada se les estuvo diciendo a los obreros de la bahía de Cádiz, hostigados de nuevo por los uniformados a base de redadas y amenazas después de haber sido atacados durante las jornadas de conflicto en los piquetes y en sus barrios residenciales, que se dejasen de tanta huelga y tanta barricada, que lo que tenemos que hacer es tener fe, esperanza en esta legislatura, mientras las opciones más vanguardistas del capital, que son las delictivas, aceptan con mucha mayor sinceridad que el consenso o contrato social siempre ha sido una patraña mediante la que imponer unos determinados intereses materiales sobre otros.

Es indiscutible que los forofos declarados o mal disimulados de los progres en este país sois gilipollas integrales, única razón por la que afirmaría con completa seguridad que vivimos en una meritocracia. Cuando queráis os explico que una cosa es el criterio de cálculo y otra nuestros bolsillos, y que si este gobierno o cualquier otro trata de desvincular de la productividad y el salario nuestra protección, deslaboralizando nuestros derechos a la pensión de jubilación, a una prestación del paro o a los distintos tipos de subsidio de desempleo, como ya se hizo en los noventa con la sanidad y los distintos servicios sociales, es porque tienen prisa en pisar el acelerador.

A que lo entendierais no contribuye, desde luego, Eduardo Garzón, el hermano del ministro Alberto Jamón el del libro de recetas de guisantes con garzón, porque tampoco parecía tener ni puta idea de lo que decía cuando afirmaba, hace cinco años, que la protección social y al desempleo es salario indirecto o diferido, dado que cree o insinúa creer que es el resultado de alguna legislación o decreto gubernamental e ignora por qué es parte del concepto global del salario. Al igual que los demás economistas, como los que confunden las cotizaciones sociales con los impuestos, o dicen que aquellas son "impuestos al trabajo" o tratan de convencernos de que vivimos bien y cada vez mejor con las tablas y gráficos que manejan, sólo buscaba justificar toda la mierda con la que ya estamos tragando, que no dudo que es mucha menos de la que podríamos tragar y probablemente tragaremos.

En cuanto al presupuesto para el ministerio de defensa sólo tengo un pequeño comentario que añadir al respecto, y es que se trata de salario como todo gasto público pero no indirecto o diferido como asegura Eduardo Garzón, ni tampoco directo. Yo diría que armar con nuestros ingresos a unas fuerzas militares que participan de la competencia comercial y continúan las agresiones imperialistas por medios y maniobras abiértamente bélicas, es una tergiversación sutil pero sucia o de muy mala leche por su parte, del mismo modo que lo sería denominar como salario indirecto o diferido a la tanqueta blindada o las pelotas de goma que utilizaban las UIPs y las UPRs contra los huelguistas de San Fernando y Puerto Real, o decir que recibir hostias de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado es recibir por nuestras capacidades, por muy materiales que sean ambas posibilidades. Recibir se recibe pero en la forma de caras tuertas, moratones y manos rotas, como consecuencia de la violencia de los mismos malnacidos que se manifestaban estos días "por su seguridad".

Hoy como ayer, el poder público no es sino el consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa. El Estado sigue siendo la organización política suprema del poder de los propietarios del capital y demás medios de producción, y el gobierno de turno su correa de transmisión. Hay que tener mucha esperanza, estar rebosante de la misma para creer que los actuales inquilinos de la Moncloa, o alguno de los que vengan después van a ponerse a redistribuir socialmente la riqueza y defender la cobertura social en lugar de neutralizar el conflicto allí donde aparece y mantener el orden mediante los llamados a la desmovilización, que se combinan con la represión policial y mucho marketing electoral.

Sería demasiado suponer que el miedo fuese otro del que es incluso sin la influencia de los progres, porque si hablamos de esperanza no sólo hemos de circunscribirnos a la que se promete incluso estando ya en el palacio presidencial. La mayoría de la izquierda, que es la que la define prácticamente tal y como es por mucho que no les guste a algunos, no es ni mejor ni peor que su minoría, acaudillada por cierto 15memo venido de entre los neofalangistas de Democracia Real Ya, o por tipos que creen que irse al Kurdistán a pegar tiros en defensa de esa farsa de revolución democrática, que por activa o por pasiva trajo los monstruos que decían combatir, y que las autoridades te condenen tras el regreso por colaboración con una banda armada designada como terrorista, te convierte en un peligroso comunista que conspira desde la clandestinidad como Lenin y los bolcheviques en la revolución rusa.

Para que el miedo se tradujera en nuevas conquistas sociales o en la defensa de las aún existentes, en lugar de hacerlo en alguna cacería contra los menas, inmigrantes o integrantes de las colas del hambre, los conflictos laborales y demás estallidos sociales pertinentes nacidos espontaneamente de la contradicción capital-trabajo tendrían que dotarse de una continuidad y de una unicidad que fuera más allá de lo sectorial y regional, también de lo nacional por supuesto. Entonces sí hablaríamos de una solidaridad que abriría las puertas a la lógica de una lucha de clases, pero es difícil que suceda cuando las referencias ideológicas que lo obstaculizan no van más allá de lo personal, incluyendo lo que se cuece en ese basurero de egos del twitter, las redes sociales y el internet en general. 

Esperanza también es lo que rebosa quien es tan patriota como en el fondo lo han sido siempre los podemitas, cuya esperanza es una expresión tan revolucionaria como la de estos. Esperanza también es la de quien cree que esa lógica que permitiría arrancar derechos, que es el planteamiento de una alternativa creíble, es algo "inmanente" o que puede ser revelada. Para que hubiera una que fuera creíble y tenida en cuenta habría de justificarse en base a una realidad, no a una esperanza, y esta última es demasiado poco atractiva también para los pretendidos campeones de la revolución.

domingo, 21 de noviembre de 2021

La "perroensa" y sus dueños contra los trabajadores y el derecho a la huelga

No, esto no huele a 15-M, antes de que lo digáis,
ni estos obreros parecen unos pijos de clase media

Por Arash

En otras ocasiones he expresado la inatajable distancia que siento no ya hacia el arco institucional y parlamentario, sino hacia el conjunto del actual espectro ideológico político y mediático, incluida, sin confundirla ni asemejarla ni mucho menos con la amenaza potencial del fascismo viniente, la parte pretendidamente alternativa y anticapitalista que se autoubica tanto dentro como fuera del eje izquierda-derecha, o sea, en la izquierda y fuera de ella.

A los que están convencidos de que algo pueda ser apenas lo que se dice sobre sí mismo (nombre personal, símbolos y banderas que se enarbolan, declaraciones, autorías como recurso de autoridad y adherencias a las mismas, formas en definitiva) en vez de lo que se demuestra con sus actos (contenido) y por eso les rechina algo de lo anterior, quizás les vendría bien tener en cuenta que como la izquierda, tercerposicionismo no es lo mismo que comunismo, si es que existe este último como voluntad aunque sea meramente intencional, y a la vez ajena tanto a la liturgia como a la simple búsqueda de fama y seguidores en el twitter o de salidas profesionales en alguno de los tantos diarios digitales existentes.

El tercerposicionismo es y será, como ha sido siempre, una fullera ocultación de las contradicciones económicas y sociales presentada como superación, que fue reproducida ampliamente en este país y de manera pionera por la esotérica lógica quincemayista. Aquella búsqueda de las "esencias" de la democracia, que los "indignados" buscaron en la proporcionalidad como quien encuentra la solución a la calvicie en el equilibrio de los chakras, tuvo importantes remembranzas con el planteamiento radical del liberalismo italiano de principios del siglo pasado, en el que ya se canalizaba la frustración existente hacia "los políticos", mientras los empresarios y el capitalismo se iban de rositas.

Por su parte, y pido disculpas a las dispersas excepciones que confirmen la regla por mi recurso al tiempo verbal condicional, el comunismo sería una comprensión de la realidad del capitalismo, partiría pues de la existencia de la propiedad privada y la separación entre productores y medios de producción, y por lo tanto, de intereses económicos y sociales irreconciliables y contradictorios, aunque no sea lo mismo que esa liturgia, ni que esos diarios digitales, ni que esos twitstars o youtubers. 

Se puede hacer demagogia y exaltación de la personalidad hasta refiriendo la lucha de clases, incluso mencionándola y aludiéndola explícitamente. Haya o no haya quienes estén a la altura de lo que se nos venga, que seguro que no son esos pretendidos campeones de la "lucha" en las redes sociales aparecidos hasta debajo de las piedras, hay y habrá quienes expresen dichas contradicciones materiales, y quienes traten de manipularles por lo puramente egoísta. 

Es parte de lo que deben lidiar los obreros del metal en Cádiz, y otros trabajadores de otros puntos del territorio del Estado, de otros sectores diferentes. Los que como ellos aceptan el reto de ir contra la corriente y la tendencia corporativista de nuestras sociedades se encontrarán sólos, a no ser que les dejemos despertar la solidaridad, o sea, con otros en su misma condición de ser objeto de la explotación, más allá del sector y de la región en los que estalle la protesta de aquí a los próximos tiempos.

Entre quienes tengan justo enfrente de la barricada que levanten, se encontrarán los distintos bomberos al servicio del pacto social y los perrodistas de la información, que merecen su mayor desprecio por la absoluta bajeza moral de sus líneas editoriales y por la actividad cómplice que están desempeñando intentando neutralizar, incluso criminalizar unos derechos que tenemos y la práctica totalidad de las veces no estamos ejerciendo.

A la mayoría de estos adversarios les interesa desviar cualquiera de estos estallidos laborales y sociales hacia todo lo que sea ajeno, por incompatible, con el cuestionamiento del salario y la centralidad del trabajo en las luchas, y mientras no puedan conseguirlo tratarán de deslegitimarlo por cualquier medio y con mucho "rigor" perrodístico, por ejemplo con propaganda sobre niños que se quedarán sin el regalo de los Reyes Magos o el Olentxero por navidad o sobre viajeros que pierden un avión. 

En esto, toda esta "perroensa" de Público, El Diario y alguna más se parece a la propaganda de Antena 3 y esos soplapollas de Facua. Por cierto, cuando les llamo soplapollas a estos últimos no es porque tenga algo en contra de tal práctica por parte de nadie, sea este heterosexual u homosexual, orientaciones que respeto igualmente y hacia las que me siento plénamente tolerante.

Lo digo no vaya a ser que alguien me diga que soy un cretino. Es símplemente que esos de Facua "exigen" servicios mínimos incluso en huelgas de la administración pública que ya tienen unos de hasta el 90 % que revientan cualquier huelga, y por eso les llamo soplapollas, que es lo que son.

En cuanto a los uniformados que van a golpearles a los obreros que luchan estos días, me pregunto si es que las pelotas de goma que llevan consigo cuando "pasan por allí" son para ir a echar un partido con sus "compañeros" en algún frontón municipal de Cádiz, y si no merecerán alguna expresión de rabia en caliente por parte de quienes van a ser violéntamente reprimidos, porque hacer barricadas no es violencia, figuras de la "perroensa" y el activismo para gilipollas. Cualquier marica con mucho orgullo de serlo y con conciencia de clase no le habría dado mayor importancia, desde luego no como para aprovechar a difamar contra la protesta, y seguramente tampoco como para insultar a quien dice algo malsonante en un momento de tensión.

El cuestionamiento del salario y la centralidad del trabajo en las luchas es fundamental. Trataré de ser escueto: el salario es una relación, no dinero que se obtenga porque sí y para lo que sea. Se trata de lo que se recibe a cambio del tiempo que activamos nuestra fuerza de trabajo para los empresarios, y que necesitamos para consumirlo en la forma de cualquier bien o servicio, sea este privado o también público, como las vacunas que hemos recibido muchos contra la covid. 

Por eso, si recibes el doble de dinero por trabajar el doble, o la mitad por trabajar la mitad, el salario no varía. Siempre que la cantidad de dinero recibido a cambio, varíe de manera diréctamente proporcional al tiempo de trabajo por el que se desempeña, el salario permanece inalterado, constante. El dinero que te ingresan en la cuenta, que antes era en metálico y antes aún en especie, es el salario en efectivo.

En efecto, el salario se lo han estado ahorrando cada vez más los empresarios durante los últimos cuarenta años, ya sea aplicando dicho ahorro sobre las nóminas, ya sea flexibilizando la relación laboral, o ya sea mediante determinadas tácticas y movimientos macroeconómicos que no se reflejan en los convenios, sobre los que ahora no me detendré, aunque los cite como parte de los principales ejemplos. 

Sé que a la mayoría seguirá sin entrarle en su dura mollera sedienta de ilusiones o esperanzas en vena, pero cuando los obreros del metal en huelga y otros trabajadores luchan por lo suyo de esa manera, defendiendo el empleo y exigiendo un convenio que reconozca la actualización de sus remuneraciones, están luchando también por lo de todos los demás. Si son un ejemplo es precísamente porque se mueven en lo que le hace daño al beneficio capitalista, que es en donde uno debe dar la cara y se la juega de verdad, no en el puñetero twitter de las pelotas, que sólo es el estercolero en el que algunos buscan notoriedad y seguidores.

¿Por qué creéis que los mismos que no han revertido ni revertirán ninguna de las externalizaciones y recortes de plantilla y medios en el sistema nacional de salud, los mismos que han impuesto la mochila austríaca, el sistema estadounidense o las pensiones individuales, que son la rentabilización del sistema público de pensiones (el de la SS) por los bancos y las aseguradoras, los mismos que están amortizando plazas en la administración pública o sacando como OPEs las que ya están ocupadas por los temporales y las interinas, son los mismos buhoneros y vendeburras que ahora están soltando mierda contra los huelguistas del metal en Cádiz o que dicen que los que necesitamos trabajar para vivir tenemos que fiarnos de su gobierno? 

Todo lo que tenemos, además de a nosotros mismos en carne y hueso, es salario. Menos salario, pues menos se podrá tener para cuando te pongas enfermo, te agarre una depresión, te vuelvas viejo, tengas que cuidar a tu abuela o a tu tía, seas padre o madre, puedas permitirte la maravilla de tener un crío o símplemente termines la jornada en la fábrica o el almacén de tu jefe a las doce de la noche y cuando vayas a descansar en una jaula de treinta metros veas que no tienes ni para limpiarte las posaderas.

Por eso son un ejemplo, porque señalan con su lucha el camino de los demás trabajadores, no todos esos que persiguen hacerse famosos, ni tampoco quienes están pensando en cómo ponerles freno y sordina desde el minuto cero, antes de seguir jodiéndonos la vida con sus reformas y recortes contra el salario, sea en su forma directa, indirecta o diferida.

viernes, 12 de noviembre de 2021

El "comunismo" en manos de unos y de otros, y el asco que me da todo

Por Arash

Hasta hace dos fines de semana, muchos individuos sin demasiado criterio propio, de cualquier sexo y género, estarían muy ocupados en amar y odiar a Irene Montero porque eso es lo que se establecía en la agenda impuesta por el poder mediático y corporativo. Se la sudan las mujeres aquí y en Afganistán, tanto como que ciertas muyahidinas de alma podrida y cerebro putrefacto "oprimidas por la islamofobia" se manifestaran en Kabul el pasado mes de septiembre para manifestar su apoyo a quienes hacen desfilar cadáveres colgados de grúas móviles, con el fin de amedrentar a las mujeres y a los hombres que lideran la resistencia contra su régimen integrista en la clandestinidad.

De los forofos del "mal menor" en la tasca y el teclado, dejando ya el mercado que abastece la materia prima de la droga y volviendo a este putiferio económico aún distante del horror que toma forma en la periferia, espero escuchar y leer muy pronto que la próxima reforma de Yolanda Díaz no estará tan mal, cuando les den la señal para pronunciarse en defensa de sus queridos salvadores, como hicieron con el "mínimo vital" antes de que tras su fracaso (la gran mayoría de sus solicitantes ni siquiera lo han recibido) desaparecieran misteriosamente en el pantano virtual de las redes sociales. 

Entre otras cosas dirán algo así como que sus referentes están en coalición, y que por lo tanto no todo depende de ellos ni de las carteras ministeriales o consejerías que dirigen, como hicieron con Ada Colau por haber estado tirada en el suelo prometiendo vivienda digna y luego haber promovido contenedores ya desde el ayuntamiento. La inclinación y el seguidismo hacia las duras políticas antisociales (energía, vivienda, salud, pensiones, trabajo) del gobierno progresista seguirá generando esa misma confusión y desconcierto que ha estado alimentando a las opciones que representan la tendencia más salvaje. 

No es que esta fosa séptica y delictiva de Vox y similares sean lo mismo o uno de sus apéndices, que no lo es ni de lejos y el que crea lo contrario es un analfabeto político, es que cuanto más hacia ellos muchos menos escrúpulos para mentir, y si la izquierda también nos está jodiendo poco a poco la vida a la clase trabajadora en Europa y en Latinoamérica (a los que sólo podemos vivir de nuestro trabajo) mientras insinúa estar rompiéndose los huevos por nosotros, entonces no hay nada que les impida a los otros hacerlo todavía más y mejor, con tal de alcanzar el gobierno para pisar aún más el acelerador e imponer la mano dura, ante los más que previsibles estallidos sociales. Teniendo las cosas claras, a ninguno nos interesa que suceda eso, aunque se lo hayan puesto en bandeja.

Mientras tanto, todo lo que veo que no forma parte del espectro "oficial", que es lo que se considera alternativo a la institucionalidad más o menos reconocida, o incluso "antisistema" sea lo que sea que signifique eso, se reparte entre los simpatizantes de los agitamanitas de aquel soufflé indignado de asambleas místicas y simulacro democrático de poder "ciudadano" hace ya unos años, que decían aquello del "sin banderas", y por otro lado, en los que no alejan las que enarbolan ellos ni toman distancia de los portaestandartes humanos de los desfiles de retratos, que en cierto modo son, lógicamente, la expresión última y más acabada del sectarismo.

A un lado tenemos a los libertarianos, que intentan colarnos, mientras se descojonan de risa, un "futuro" lleno de huertos urbanos y decrecimiento, bicicletas y patinetes eléctricos para trabajadores pobres, economía circular y por supuesto ese ataque bestial a gran escala contra nuestra clase que es la transición ecológica, a la que no se duda en calificar como "social", y que es solo una parte del estiércol que los comehierbas de sus discípulos siguen empeñados en confundir con la tradición solidaria.

A otro tenemos a los socialpatriotas, respecto a los que no parece muy aclarada cierta amalgama de proyectos fallidos que jamás lograron ser partidos de clase sino infinitesimales divisiones en la clase, que es diferente. Si yo fuera miembro de alguno de ellos de ninguna manera me sentiría ofendido por reconocer su alejamiento con respecto a la realidad de millones de explotados, sino que trataría de preguntarme por qué motivo es así a pesar incluso de la que ha estado cayendo todo este tiempo. 

Los primeros tienden a reírles las gracias al PSOE y a Unidas Podemos, quien sabe si porque están retraídos o se dejan intimidar por los cerdos voxemitas o todo lo que les rodea, o creen que se les puede combatir justificando y embelleciendo las recetas del actual gobierno. Empezaron creyendo que la movilización de los jubilados y pensionistas era "lo del IPC" y poco más, porque se enteraron de aquella cuando a los diarios digitales progres les empezó a interesar, que es justo después de que empezara a tomar fuerza en las calles antes de que la dividieran, y del mismo modo que aquellos partidos han estado tratando de neutralizar la protesta que comenzó a denunciarlo en el minuto cero, terminarán por tergiversar los auténticos objetivos que persiguen todos quienes subscribieron el Pacto de Toledo.

Otros, envalentonados, compitiendo con la extrema derecha por la idea de la patria en lugar de enfrentarla, o como algún iluminado del facebook, del tonter y el youtube, que está convencidísimo de haber leído en el "Manifiesto Comunista" la divulgación de una identidad de país entre los explotados y los oprimidos. Nadie mínimamente enterado de lo que trata el marxismo diría, ni harto de grifa, que quienes creen que Marx o Lenin defendieron patriotismo alguno, cosa que jamás hicieron, son capaces de distinguir entre organizar procesiones y organizar trabajadores. Otra cosa es rendir culto al solitario, claro está.

No me engaño al respecto, tengo bastante claro lo que significó con respecto a la revolución de octubre. En ningún caso le confundiría ni por asomo con el de la "solución final", como hacen a propósito tantos neofascistas y liberales disimulados o declarados que equiparan la URSS con la Alemania nazi, que son una panda de miserables ignorantes dispuestos a triplicar la población mundial del baby boom con tal de atribuirle víctimas a sus cabezas de turco. Pero ese es otro tema.

Ya les vale a algunos con sus guerras doctrinarias, que lo mismo hablo también de los trotskistas, o qué os pensáis. La conclusión que he sacado es que librar esas batallitas tiene que ser más cómodo que estar en los frentes de lucha más que para enseñar una insignia, para comprender en qué consiste la naturaleza concreta del conflicto capital-trabajo allí donde brota por las circunstancias, para entender la génesis y el desarrollo de las diferentes tendencias e inclinaciones en el mismo. Nada de eso es lo mismo que diluirse en cualquier porquería sin tener criterio para discernir, ni tampoco es lo mismo que teñirse de ningún color.

Lo más preocupante es que, sin existir una alternativa creíble frente al capitalismo en descomposición, que solía llamarse socialismo y comunismo, el socialismo y el comunismo han sido convertidos tanto por unos como por otros en una vulgar retórica, de la que sin embargo se aprovecha un fascismo que divulga odio al semejante y anticipa el próximo llamamiento caudillista al mantenimiento del orden.

Eso es lo que ven, allí donde dirigen su mirada contaminante, el señorito burgués de Don Rodrigo, y la señorita muy jústamente "exiliada" (por terrateniente) de un país ni de coña socialista, perteneciente al mismo partido medieval que aquel: comunistas por todas partes. Incluido este gobierno que pacta con energéticas verdes, bancos y aseguradoras, y los empresarios en general a través de los sindicatos corporativos, para quienes reformarán una vez más el mercado laboral, como han hecho con las pensiones. Hasta un perroflauta cagando margaritas sería comunista para estos dos "tipos", dirigentes de una organización de clara orientación criminal.

Por lo tanto no, no son iguales, y tremendo despropósito inaceptable el de quienes están convencidos de que hay que confundirles con los otros. Lo que me parece significativo, sin perjuicio de ello, es su coincidencia al respecto de ese supuesto regreso del "fantasma" que un día se cernió sobre Europa, y que hoy está tan emputecido en boca de quienes dicen que lo defienden y quienes lo atacan sincéramente, a un lado o al otro, dentro y fuera del parlamento, incluso siendo libertarianos o socialpatriotas. El ministro de consumo, que recientemente ha promocionado un libro oficial sobre cómo cocinar verduras baratas, dice que es comunista. De la ministra de trabajo y vicepresidenta segunda del gobierno se dice también que es una transgresora comunista, y en este otro caso se dice que está preocupada por "las mujeres".

El pasado día 28 de octubre, por cierto, hubo convocada una huelga general sectorial para exigirle al gobierno que aplique la directiva comunitaria 1999/70/CE, que según el Tribunal de Justicia de la Unión Europea debía ser traspuesta a la legislación española, de manera que las administraciones responsables fuesen sancionadas por abuso de la temporalidad en el sector público. La respuesta del gobierno a esa sentencia europea fue acordar con UGT, CCOO y CSIF la reducción de la temporalidad mediante OPEs en las que se convoquen plazas que ya están ocupadas.

El gobierno pretende "estabilizar" las plazas en vez de estabilizar a los cientos de miles de trabajadores que quedarían en el limbo y serían despedidos cuando sus plazas fuesen reocupadas, en lo que sería un ERE ilegal y el más grande de la historia. Este falso proceso de estabilización es la negativa a reconocer su contratación en fraude de ley durante años, por lo que los despedidos tampoco serían indemnizados. Además, por si determinadas centrales sindicales no tuvieran suficiente con lo que ingresan por ser accionistas en compañías de seguros y cómplices en la privatización de nuestras pensiones, estas obtendrán muchos más beneficios mediante los cursos preparatorios para esas OPEs, y luego dirán que es para defender a los trabajadores.

Lo que pretenden el gobierno y sus organizaciones es, como siempre, dividirnos en las mil y una formas que hagan falta: entre trabajadores jóvenes y de mayor edad, entre pensionistas y desempleados (mochila austríaca y "mínimo vital"), entre perceptores de prestaciones contributivas y no contributivas (reconversión de la SS en asistencialismo), y muchas más que con frecuencia no se quieren reconocer abiértamente. 

Hacen las cuentas de la lechera, nos intentan marear con malabarismos en los presupuestos estatales, enfrentan distintos conceptos de la cobertura social en los extremos de una misma balanza de gastos. A eso se refieren cuando hablan de "no dejar a nadie atrás". Se "olvidan" del empresariado y sus beneficios, y de vez en cuando tienden a equiparar las condiciones materiales de todos los trabajadores a la baja, tras haber atacado con alguna de sus reformas las de un sector determinado, para evitar la solidaridad de quienes no quieren enterarse de qué va el rollo.

Hay egoístas e insolidarios que creen que este tipo de convocatorias, como la mencionada huelga del pasado 28 de octubre no va con ellos, que los mayores de anteriores generaciones son unos "privilegiados" o que prejubilarse es un "lujo", que se la pelan las pensiones porque han aceptado que "vivimos demasiado", o que tienen un problema con determinados subsidios sólo porque no son ellos quienes los reciben, poniendo de relieve cómo el individualismo alcanza mucho más allá de los del gusano dorado. 

Sea como sea, en muchas de esas administraciones públicas, hasta tres cuartas partes de las plantillas interinas y temporales están formadas por mujeres, y si a las de este gobierno tampoco les importan más que cero o nada, me parece a mí que buena parte de las demás feministas, pertenezcan o sean ajenas a los partidos que lo ostentan, ni siquiera se habían enterado de esta huelga. ¿A que no?

Todo depende de cómo entiendas la igualdad. Si crees que como hay hombres empresarios, directivos y ejecutivos en nómina de grandes compañías, también tiene que haber mujeres en esos mismos cargos, entonces a lo mejor apoyas una huelga feminista como las últimas del ocho de marzo, contra los "techos de cristal". A más de una persona cobarde he conocido por ahí que se calla lo que piensa aunque sepa que debe decirlo en un momento dado. Del mismo modo, una hipotética revolución tampoco pasaría por ignorar nada de lo que le sucede cotidianamente a la clase trabajadora.

El retirado que un día personificó en su figura la ilusión de un cambio, que era la confusión de la de los trabajadores por llegar a final de mes con los intereses personales de una clase media de acomodados universitarios que se colocaron bien (15-M), dijo que también fue comunista, y que luego dejó de serlo, no fuese que algunos se pensaran que alguien iba a expropiarles el bolso a sus señoras, algo sobre lo que no hay duda de que siempre estuvieron muy tranquilos en el hotel Ritz. Los fascistas, por supuesto, corroboran la condición comunista de las izquierdas, y dicen que vivimos en esa dictadura social-comunista que tanto les aterrorizaría. 

No viví el final de la momia postrada en la cama, pero siempre he tenido claro que me bastaban mis ojos y mi cerebro para seguir entendiendo mejor lo que implica y significa el fascismo, tratando de aprender también lo mejor que puedo del ejemplo de esa generación que lo combatió en el pasado. Adoptará nuevas formas porque se está reinventando, y es verdad que cuando regrese vamos a flipar.

El camino para detenerlos es la organización de los trabajadores en activo, pensionistas, fijos, temporales y desempleados; la organización de todos nosotros como clase, porque todos necesitamos defender el empleo y cuestionar el salario, que es literalmente todo lo que tenemos además de a nosotros mismos en carne y hueso, al menos mientras sigamos teniendo que buscar la manera de vender nuestra fuerza de trabajo para vivir. Ahí es sin duda donde más les duele que les golpeemos, y donde unidos en la acción se podría recuperar la iniciativa en nuestro favor, pero nadie nos va a obligar a combatir nada por lo que no estemos combatiendo aún. 

Mañana acudiré a una de las concentraciones y manifestaciones de jubilados y pensionistas que hay convocadas para ese mismo día por la mañana en diferentes localidades y puntos del Estado español, que en mi caso será Madrid, para denunciar esa odiosa separación de fuentes, sin olvidar que muchos de quienes pretenden que nos olvidemos de esta y tantas otras cosas, que estarán cerca, fueron quienes dividieron una vez más la protesta obrera.