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Espacio de producción propia, reproducción ajena y discusión de teoría analítica sobre estructura, relaciones y cambio sociales, y de difusión de iniciativas y convocatorias progresistas.
viernes, 20 de octubre de 2023
Guerra de Israel contra Gaza: las principales potencias echan gasolina al fuego del apartheid
viernes, 8 de septiembre de 2023
Capitalismo: cruda realidad con la que hay que acabar
Por Arash
Resulta interesante comprobar cómo en algunas divagaciones "alternativas" de filosofía económica, de corte más bien escéptico y utópico, que no tienen por qué ser atributos opuestos, se afirma categóricamente que no se puede saber el valor de las mercancías. No pretendía referirme pues, en esta ocasión, ni a la escuela austríaca ni a los neoclásicos, aunque ignoro lo que podrían tener en común a parte de que también se acaba negando, como en estas últimas tendencias, la posibilidad de conocer objetivamente lo que vale todo erario cuando adquiere esa doble naturaleza del objeto mercantil.
En cuanto a estos otros individuos que imponen la supremacía de sus perspectivas en las facultades universitarias, que en algún país latinoamericano y en el mundo anglosajón imparten asignaturas o grados de la tramposa pero reveladora denominación de "mercadotecnia" (el viejo determinismo que siempre combatió Marx), declarados defensores de la propiedad capitalista como son, lo que les aleja de la exhaustividad es el supuesto de que el valor dependiera de los propios sujetos implicados en el intercambio.
Es decir, estos otros sí afirman reconocerlo como objeto de conocimiento... pero parten de la premisa de que resulta de la voluntad de los oferentes y demandantes del mercado, que es el principio vulgar de que se decidiera y atribuyera en función de la utilidad que les reporta, o sea que más allá de unas u otras afirmaciones, vulgares y filosóficas, ambas parecen acabar en el mismo punto, aunque habría que ver cómo y de qué manera.
Por su parte parte, los planteamientos que ahora poníamos en cuestión quizás recuerdan también a las corrientes más radicales de la ya anticuada posmodernidad, por su desalentadora consideración de que la falibilidad epistemológica, posibilidad inevitable para cualquiera de quienes vamos encontrando respuestas sobre el cacao (el orden en su aparente desorden) que sucede a nuestro alrededor, debe suponer renuncia alguna al conocimiento como tal sobre la materia que fuese, en este caso el valor, que no es poco.
Según estos no sería posible de ninguna manera la determinación del valor, porque hay muchos medios de producción, también tenemos las materias primas, y en definitiva sería "demasiado" compleja la combinación de todos estos medios en la actualidad. El problema de este razonamiento, si es que no nos encontramos directamente ante posicionamientos neoprimitivistas que tratasen de estar esbozando alguna manera de "deshacer" esa complejidad social, podría ser precísamente el del fetichismo de la mercancía, que ya denunció agudamente Marx en su obra maestra, El Capital, que no es la única ni mucho menos, sino una fundamental del pensamiento crítico y de lo más recomendable.
Así pues, si no fuera posible la consideración del valor ni desde el punto de vista cualitativo ni, desde luego, desde el cuantitativo, tampoco sería técnicamente posible esa supuesta sociedad que tanto se evoca cuando se dice pretender "un mundo mejor". Es más, el valor es la razón más que suficientemente precisa por la cual el producto laboral no se distribuye a cada cual según su necesidad, por su valor útil o por el servicio que presta si se consume, ni bajo ningún criterio que se le parezca o que contradiga el que rige las relaciones sociales y de producción.
No parece que nos hayamos acercado lo más mínimo, por el momento, a una sociedad sin clases, sin explotación laboral, sin la desigualdad que resulta de ello. De hecho el capitalismo se presenta cada vez menos semejante, si es que cabe recurrir a una misma vara de medir para comparar realidad e hipótesis, a una sociedad organizada de acuerdo a nuestras crecientes necesidades. ¿No se puede conocer? Será entonces que no conocemos eso y ya está, que no es lo mismo.
Si no se pudiera determinar tampoco, supongamos, el valor de uso, es decir la necesidad potencialmente satisfecha de la sociedad, el socialismo no sería siquiera posible en un borrador, en la teoría, ni mucho menos la "fase final" del socialismo, que sería el socialismo en el sentido "pleno", comunista. El socialismo en la teoría es cuando se lo plantea sobre el papel, pero de lo que se trata es de llevar a la práctica la teoría, de tal manera que se pudieran cubrir todas las diversas circunstancias que aquejan en la vida y que bajo las reglas del juego vigentes, tendrán previsiblemente, y por desgracia lo corrobora la experiencia, cada vez menos solución.
Sin embargo, en Marx y en el marxismo, que no significan lo mismo, están claros los conceptos: el valor es algo muy real, como las personas y sus carencias materiales, el agua dulce del mundo que se está privatizando, el dinero con el que pagas las facturas de la luz que ya es mercancía desde hace mucho, o la plusvalía que produces a los dueños que te explotan, eso cuando no estás desempleado a tiempo parcial, de manera discontinua o de larga duración.
Por eso es tan disparatadamente absurdo pretender despatologizar enfermedades mentales como el antinatalismo, dejar de beber agua, olvidarse de que existe el dinero o sencillamente ignorar el valor, con alguna mala excusa acorde a nuestros tiempos. Huelga decir que cada uno es muy libre, faltaría más, de escoger sus lecturas y sus referencias, eso es un requisito indispensable del librepensamiento.
Y por fortuna, dentro de lo malo de vivir en este sistema de mierda, y sin intención de que esto sea tomado por nadie como pretexto para no organizarse ni aplicar esos aprendizajes con los que más nos vale ser coherentes, lo cierto es que disponemos de herramientas para comprender este y el valor de la mejor manera posible.
lunes, 26 de junio de 2023
La reducción de la jornada laboral: panacea de Yolanda Díaz, conciliación de clases, y señuelo de activistas
Por Arash
Los poderosos están de suerte con la izquierda de este país. Los cortijos económicos de la clase propietaria, desde luego no las alrededor de 25.000 supuestas empresas que fracasan nada más empezar su intento de constituirse como tal, están bendecidos por todos y cada uno de los chiringuitos políticos existentes en la actualidad.
En particular resulta difícil entender la reorientación de las afinidades hacia las posiciones fundamentalistas y ultras que se sostienen desde la parte favorecida en los últimos comicios electorales, mucho más experta que la izquierda en el discurso demagógico de la libertad, sin hablar de esa ilusión de «otro mundo» que había de acabar por los suelos, justo antes de que hubiera quienes optaran por pegarse un tiro en el pie con tal de castigar a quienes habían estado manipulando porvenires ajenos, bien distintos a los suyos con escaño y cartera.
Una de las cartas que se ha sacado de la manga la señora Yolanda Díaz, en un spot electoral del que quisieron hacerse eco ciertos medios el pasado sábado 24 de junio, es la reducción de la jornada laboral, en lo que parece ser otro intento de contener la fuga de ilusiones por su candidatura. ¿Criticamos la susodicha propuesta? Muchos optarán sin duda por hacerse hacia un lado como individuos pensantes y sumarse al ya disminuido ejército de forofos.
Convendría tener claro en primera instancia el significado históricamente progresivo de la reducción de la jornada de trabajo. La medida fue auténtica, y a ella le debemos en los países centrales la conquista de las ocho horas diarias, el día de descanso semanal o la supresión del trabajo infantil, pero porque su planteamiento se correspondía con unas determinadas condiciones.
En un primer momento del sistema capitalista que se desarrolló desde Europa, hasta bien entrado el siglo diecinueve, el incremento de la cuota de la plusvalía se conseguía mediante el aumento de la jornada laboral absoluta: se trata de la llamada plusvalía absoluta, un tipo de plusvalía obtenida por el capital a través de la prolongación de la jornada laboral.
Sin embargo, mediante sus asociaciones y organizaciones, los trabajadores lograron limitar la explotación poniendo tope a estas jornadas extenuantes, como en los casos anteriormente señalados. Inmediatamente a partir de ese momento, la clase dirigente pondría sobre la mesa otra opción alternativa para seguir incrementando la esfera de las ganancias capitalistas: el aumento de la jornada laboral en relación al salario real, lo que hoy sería un indicativo bastante claro de que "estamos a la defensiva".
A la urgencia de encontrar una manera de neutralizar el movimiento obrero, que entonces era emergente y llegó a suponer un problema para la estabilidad del orden económico y social, ya se le sumaba por aquellas fechas, no obstante, la aparición de la primera sintomatología de crisis estructural. Desde el punto de vista de los intereses de la clase dominante, lo que se debe hacer en todo caso es contrarrestar la tendencia decreciente de su beneficio.
Recuérdese si es de interés la definición fundamental del salario, que denota la determinada relación laboral entre la cantidad de lo que se recibe por desempeñar una actividad de tal tipo, por un lado, y la cantidad de lo que se gasta del alienado que la desempeña o el tiempo durante el que la desempeña, por otro lado. En realidad es lo que se deduce del beneficio o la cuenta de la empresa, una vez se ha efectuado la remuneración del trabajo.
No obstante, en el planteamiento que Yolanda Diaz desarrolla de la reducción de la jornada, no aparece por ninguna parte el concepto de la plusvalía, ni por lo tanto la relación que esta mantiene con lo que reciben los trabajadores. El salario se concibe entonces como un ingreso aislado, al parecer independiente de una determinada organización social basada en la contradicción capital-trabajo.
Así pues, este otro planteamiento de la reducción de la jornada de trabajo sin reducción del salario constituye la otra posible vía para que, en efecto, termine disminuyendo el salario: en principio, para ello sólo basta con flexibilizar aún más la mano de obra. Obviamente esto no se correspondería con la propuesta histórica ni con una verdadera reducción de la jornada laboral sin reducción salarial.
Pero según el planteamiento en cuestión, la propuesta sería una reducción de la jornada laboral sin reducción salarial porque el salario real, aparéntemente "desconectado" del concepto de la plusvalía o desdibujado de toda confrontación con el mismo, se podría mantener constante y hasta incrementar a condición de que se reproduzca la explotación, esto es, de que se incremente la plusvalía con respecto al ciclo anterior, con lo que al final se intensificaría la contradicción pero más en nuestra contra.
El lenguaje inclusivo que habitualmente utiliza la ministra de trabajo y vicepresidente segunda del gobierno, como en el acto de presentación del Estudio de fundamentación para la Ley de Usos del tiempo y racionalización horaria el día 16 de junio, es un peñazo que agota a cualquiera, pero es bastante esclarecedor:
"Nuestra legislación sobre tiempo de trabajo debe establecer reglas de funcionamiento rotundas y claras, que impidan las jornadas infinitas. Debe ser una legislación que consolide la flexibilidad ante los imprevistos, o las necesidades puntuales, tanto de las empresas como de las personas trabajadoras" (énfasis añadido).
Tal objetivo declarado es la clave para comprender la falacia que hay en sus palabras cuando en la propuesta de su spot electoral asegura que "el tiempo es lo más valioso para quienes no tenemos grandes propiedades ni apellidos importantes". Por lo tanto, ¿por qué no fomentar el tiempo libre?
Pero resulta que no es eso con lo que se mantiene ningún trabajador, ni tampoco lo que permite en sí mismo conciliación alguna de la vida laboral, personal y familiar. Desde la perspectiva de nuestros intereses de clase, una reducción de la jornada laboral es efectiva si y sólo si redundase en un aumento o, al menos, en la protección de la capacidad adquisitiva históricamente conseguida.
Esto último es lo que en el pasado sintetizó la reivindicación de reducir la jornada laboral sin reducción salarial. Pero Yolanda Díaz, a quien parece ocurrírsele ideas "infinitas" sobre todo cuando tiene unas elecciones por delante, que es casi siempre a lo largo de su vida profesional, conoce la diferencia y por eso dice lo que dice:
"Habrá gente que diga que no se puede reducir la jornada laboral sin reducir el salario, que esto es imposible. Lo cierto es que la jornada laboral ha ido siempre reduciéndose a medida que mejoraba la productividad". Los que nunca hemos conocido un contrato estable nos podemos imaginar lo que esto significa y, más nos vale, sacar alguna conclusión al respecto.
El que nos exijan ser más productivos mientras estamos contratados y en nómina de la empresa, es perféctamente compatible y funcional con que nos impidan ser productivos una parte cada vez mayor del resto del día, la semana, el mes o el año, cuando no nos escriben por teléfono para volver, se legisla para regular la segmentación laboral, o en el contrato pone que tenemos que irnos para casa.
De la misma manera, bajo la propiedad privada del capital, la inversión tecnológica sólo se puede contemplar como una forma de deteriorar la capacidad productiva humana, o sea la fuerza laboral, porque ningún capital "se trabaja sólo" pero a los empresarios les sale más barato acometer una inversión, si pueden, que tener que pagar periódicamente tanta remuneración laboral.
Así, en realidad no se reduce el salario junto a la jornada, pero sí se conseguiría un ahorro en el coste empresarial porque el salario no se efectiviza cuando se deja de trabajar, de manera que se enfrentan más a los trabajadores los unos contra los otros por el empleo, y se puede dedicar esa diferencia del coste para incrementar la productividad. Con ello se aumenta el beneficio de los capitalistas que quedasen en pie, con la subsiguiente merma de nuestra capacidad adquisitiva, o sea, el salario real.
Incluso la realización de horas extra, por encima de la jornada establecida hasta después de una reducción así planteada, permitiría también la reproducción de la explotación, exactamente igual que sucede con el pluriempleo. Por esta y otras muchas razones asume Yolanda Díaz que la medida se tendría que implementar "con diálogo social".
En otras palabras, una reducción de la jornada con el beneplácito del capital, el poder económico y sus aparatos ideológicos, los medios de comunicación, las asociaciones patronales y los representantes legales de los trabajadores, en el marco del acuerdo entre todos los agentes sociales mencionados.
Lo que sucede con la propuesta de reducir la jornada laboral para fomentar el tiempo libre, es que una cuestión es reducir el tiempo de trabajo, y otra muy diferente disminuir el desempleo. La última de las veces que se intentó algo parecido fue en Francia, con François Mitterrand primero y con Lionel Jospin después, pasando curiosamente por el derechista de Jacques Chirac entre los dos.
La reducción de la jornada, implementada allí con el apoyo de los sindicatos, también se justificó en aquel caso como una forma de reducir el desempleo, cuestión a la que Yolanda Díaz tampoco ha hecho referencia, quizá porque la considera zanjada por su reforma laboral. Culminó con el comienzo del siglo vientiuno, tan pronto como acabó consolidando el actual régimen de trabajo, con el que no parecían muy contentos ni optimistas los trabajadores franceses durante los últimos meses.
La medida sirvió para aumentar el tiempo libre, porque en el capitalismo no le queda al proletario más que ser libre de trabajar o de morirse de hambre. Lo que no hizo fue reducir de manera significativa o apreciable el desempleo, pero sí permitió flexibilizar la relación de explotación y darle otra vuelta más al mercado laboral.
La clase dirigente nunca aceptaría que se redujese la jornada por las buenas, a no ser que eso le permitiera una expectativa de beneficio mayor. El labor sharing se revela como una idea a la altura de otras similares que también consisten en repartir entre los desheredados y subalternos una parte mal disimuladamente menor de la tarta.
Otros ejemplos son el cohousing que tanto gusta en el BBVA, el nicho de vivienda que se lleva en Japón, el mueble convertible que se vende en el Ikea, o la solución habitacional que defendió Colau en Barcelona, y aún habrá quienes crean que tenemos que tragar con tanta mierda. No se han enterado de que la bandera del temor a las derechas y los fascismos ya no les sirve a muchos ninguneados.
domingo, 18 de junio de 2023
Siria y Ucrania: cuando hasta de la guerra se intenta generar rédito político
Por Arash
La geopolítica es el quehacer de los politólogos cuando elevan la mezquindad de su disciplina a escala planetaria. Todo es posible desde las disparatadas referencias que ofrecen los influencers, autopresentados como "expertos", o bien como "analistas" que se van dando a conocer con avatares en las distintas redes sociales.
Hablamos desde el obviar simplemente el papel desempeñado por potencias oportunistas en los conflictos bélicos, hasta presentar mágicamente estas como si fueran "uña y carne" con los gobernantes o los habitantes de los países agredidos, eso si lo que se confunde con este último grupo de naciones atacadas no son directamente potencias agresoras.
Uno de los problemas destacables es cómo circunstancialmente se hacen coincidir estos planteamientos geopolíticos con otros diferentes, según cuáles no sean las potencias agresoras en cada conflicto y en función de cuál sea la polaridad que se esté defiendiendo. Habría quienes heredarían la realpolitik del imperialismo yanqui en la multipolaridad del siglo veintiuno.
Algo habrá tenido que ver esto en la manera en que el gobierno de España ha estado involucrado en el envío de armas de la OTAN a Ucrania tras la "operación militar especial", iniciada esta por Rusia en febrero de 2022 y denominada con tal fineza desde la identificación -real en unos casos contados y simulada en la gran mayoría- de ese nicho de mercado energético e industrial con los intereses materiales propios.
La participación de los gobiernos en la escalada militar de Ucrania ha sido denunciada hace apenas unos días por un grupo de militares retirados o en la reserva, y que están contra la guerra. Sin menoscabo alguno de la justicia del mensaje de su comunicado, no por breve menos urgente o atinado, ya hay individuos del mundo de los cheerleaders de la izquierda que se "adhieren" sin aparentes reservas al mismo, a pesar de que tanto IU (y Sumar) como Podemos terminaron tragando de tan buen gusto con esa complicidad bélica durante todo este tiempo.
Por su parte, otros aseguran reconocer su pertinencia pero admitiendo sus reservas, desde el sostenimiento de la hace tanto tiempo anticuada teoría campista. Entramos ya en las posturas de ciertos segmentos ideológicos aquí marginales, pero respecto a los que nadie dijo que la propaganda de guerra, que también atraviesa las censuras y fronteras de cada bloque comercial, no pudiera también tener el efecto correspondiente.
De la misma manera que los estados nacionales del entorno de la OTAN, en su rol de escolta del estadounidense, actúan como oportunistas en la guerra de Ucrania, sin implicarse diréctamente pero autorizando el envío de armamento, algunos sectores irrelevantes también confundieron la implicación de Rusia durante la guerra de Siria, que fue apoyo técnico-militar y en cualquier caso puramente circunstancial.
Pero las autoridades del Kremlin, empezando por el neozarista de Putin, se acercaron al ejército y al gobierno turco en sus relaciones económicas y en el patrullaje militar de zonas fronterizas, establecieron negociaciones con determinadas facciones del autodenominado "ejército libre" sirio en vísperas de su derrota definitiva, y se apoyaron también en el proyecto del confederalismo kurdo para acercarse a sus verdaderos objetivos, es decir, justo como antes habían hecho calcadamente los plutócratas y oligarcas estadounidenses para intentar alcanzar los suyos, con la generosa ayuda de la UE, eso por descontado.
No me detendré en otros ejemplos de la más miserable y absoluta indecencia humana que se han visto por ahí, como tratar de presentar a los refugiados ucranianos, que ya suman varios millones de personas, como si fueran en absoluto millonarios o ricachones.
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Comunicado sobre la paz y el alto el fuego en la guerra de Ucrania
Nosotros/as, un grupo de militares de las Fuerzas Armadas españolas, retirados o en la reserva, ante la grave situación desencadenada por la guerra de Ucrania, que lleva a una escalada de muerte y destrucción, hemos decidido alzar nuestras voces, junto al clamor de otros militares de diferentes naciones, pidiendo a nuestros gobiernos que paren esta locura.
Manifestamos nuestro rechazo a la agresión de la Federación de Rusia contra Ucrania y pedimos a los gobiernos de la Unión Europea que, en vez de alimentar la guerra con más envío de armas, paren de inmediato su actuación beligerante y se impliquen de forma eficaz en las negociaciones de paz.
La guerra de Ucrania está provocando la muerte y destrucción en el corazón del continente europeo y, de continuar la escalada, conducirá irremediablemente hacia una situación incontrolable que acabará poniendo en riesgo la vida sobre el planeta.
Condenamos la invasión de Ucrania por parte de la Federación de Rusia, así como el papel agresivo de la OTAN, brazo armado de los USA, por su irrefrenable y persistente actitud de acoso y provocación, que arrastra al conjunto de Europa hacia su autodestrucción.
Hacemos un llamamiento a todos los militares retirados para que contribuyan a la denuncia de la grave situación que se avecina. Jóvenes que acabarán siendo alistados, si el conflicto se expande. Juventud que se verá obligada a despedazarse en los frentes de batalla, como preludio de un posible holocausto final. Quizás nuestros propios hijos y nietos, que irremediablemente acabarían siendo llamados a filas.
Es necesario presionar a nuestros gobiernos para que paren sin dilación esta huida hacia adelante que nos conduce a la llamada Destrucción Mutua Asegurada (DMA), una demencial estrategia puesta en marcha en el siglo pasado por las potencias nucleares.
El riesgo de pasar a una fase de escalada nuclear crece de día en día. Ninguna potencia nuclear aceptará una derrota humillante. El gigantesco número de víctimas civiles, y la enorme destrucción a la que puede verse abocada Europa, pueden llegar a ser de proporciones nunca vistas, quizá irreversibles.
Es necesario parar la guerra, es urgente y necesario el alto el fuego.
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Comunicado completo y relación de firmantes, aquí.
sábado, 27 de mayo de 2023
No hay falsos atajos
- Obsérvese cuál es la tendencia ideológica de nuestras sociedades, que caminan con determinación hacia el agujero, para hacerse una idea. Se presentan los gobiernos de la burguesía progre como una dictadura social y comunista, y ya no es que sea solamente cosa de cuatro cabreados que no sepan hacia donde dirigir su rabia.
- Si lo anterior no es suficiente, préstese un poco de atención a la vida cotidiana de segmentos cada vez más amplios de la población, para tener más pistas. Entre paladines y activistas se imagina algo cada vez más diferente de lo que se va imponiendo como realidad, que es lo que está viniendo tras la digitalización o la transición ecológica, y que nadie cuestiona más que para añadirle la etiqueta de "social" y quedar como el más tonto de su barrio. Pero no pasa nada, "imaginación al poder".
- No hay más que echar un vistazo a las estadísticas disponibles sobre la evolución real del salario y el empleo, para saber definitivamente la respuesta a la pregunta de cuán creíble es la alternativa fantástica. Pero qué más da si uno tiene mucha ilusión y se siente inteligente.
- Aquel experimento de Finlandia, que según algunos que escriben en Ctxt o El Salto (medios progres alternativos) fue un exitazo, cuyo estrepitoso fracaso ya era más que predecible antes de su implementación (medida paliativa de la pobreza y planteada como derecho humano, entre otras cuestiones) y que quedó en una prestación de 500 €/mes durante 2 años (toma paternalismo de gobierno) dirigida a 2000 parados elegidos... por sorteo, como en la lotería nacional. A cada cual según su necesidad, claro que sí.
martes, 11 de abril de 2023
Neoliberalismo, sociedad de consumo, identidades y activismo
- La de opción de género (un amplio elenco al que se incorporan cada vez más identidades. El LGTBIQA+ va añadiendo progresivamente más letras del vocabulario. Será por falta de letras en el teclado del móvil...
- La feminista, que se subdivide en varias corrientes,
- La ficticia oposición entre el feminismo de clase y el burgués. Ambas marchan del brazo el 8 de Marzo, conmemorando el Día Internacional de la Mujer, no el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, que es lo que empezó siendo, y que las supuestas feministas de clase han enfatizado con su llamada "sororidad" con el conjunto de mujeres por encima de su condición estructural de pertenencia a una clase social concreta.
- La del antagonismo entre lo biológico (las TERF, entre otras) de ser mujer y el género como elección (transfeminismo). Es lo que pasa cuando, como Simone de Beauvoir, se tiene un día tonto, y no se corrige más tarde, y se afirma que "no se nace mujer, se llega a serlo". La idea que desarrolla la frase es que el significado de ser mujer ha sido construído desde el hombre a partir de los roles sociales que le ha impuesto y que la tarea de las mujeres es construir su propia identidad. La falacia de esa concepción es que es cierta en su primera parte pero es falsa en la segunda, ya que entreabre la puerta a la subjetividad del género, otra construcción cultural, que posibilita la negación del hecho biológico y, paradójicamente, la elección individual a discreción de lo que se pretende negar: la adscripción a un sexo concreto. Ello no sólo caricaturiza la biología sino que da lugar a una división dentro del feminismo que se irá profundizando con el tiempo, lo debilitará desacreditándolo y abrirá, con el tiempo, nuevas fuentes de división. Qué distinto hubiera sido una perspectiva de lucha por una equidad que no debiera ser meramente igualitaria, dado el punto de partida desigual, en todos los órdenes socio-culturales e ideológicos entre hombres y mujeres, dentro de una lucha común de clase contra clase.
- La de los animalistas, que ponen al resto de especies animales a la misma altura, cuando no superior, desde una visión sentimentaloide e infantil, potenciada por el mundo Disney, a la humana. Es un hecho aberrante. Toda especie, incluso en lucha entre sus individuos, se esfuerza en primer lugar por sí misma. El maltrato al animal es un comportamiento tan degenerado como el de un activismo que ponga por delante, en hechos y comportamientos, no en palabras, a menudo falaces, el animal sobre el prójimo. El petichismo, esa forma de humanizar a la mascota como a la persona, con frecuencia va unido a la escasa empatía hacia la realidad del mundo humano y a la indiferencia hacia las razones sociales, económicas y políticas de su dolor.
- La de los veganos, que son la consecuencia depurada del animalismo. Cuando su decisión es individual y libre de presión de comportamiento sectario y no criminaliza a la persona omnívora, su elección es respetable. En los casos crecientes en que deja de serlo (selección de sus relaciones sociales según su alimentación, pintadas y ataques a carnicerías, siendo los principales proveedores de comida vegana multinacionales de la carne...) dejan de serlo y merecen entrar en el dudoso cuadro de honor de los peores animalistas.
- La de las activistas de la corrección política que acobardan la palabra. Si pudieran harían lo mismo con el pensamiento, al estilo de los acusados como "crimentales" de 1984, sea sobre los hechos de hoy o del pasado, con la literatura, el pensamiento científico, el arte o la indecorosa vida de grandes personajes de la historia. Sospechosamente, respecto al pasado muestran una pasión inquisidora especialmente dedicada hacia personalidades significadas por su ideología progresiva. Y, curiosamente, se da también entre el sector feminista que afirma que "lo personal es político" y que exhibe, incluso institucionalmente, su concepto de lo privado como modelo a seguir, al igual que lo han hecho ultras como Berlusconi o Trump, los programas de telerealidad y las vidas de los famosos. Suelen ser mujeres groseras que intentan convertir sus complejos en éxitos personales y modelos de actuación colectiva.
- La de los milenaristas del fin del mundo. Conectan muy bien con una infancia y una adolescencia previamente aterrorizada por medios de comunicación y redes sociales, educadores y políticos. Ha de ser duro pensar a tan corta edad que el Planeta se puede ir al carajo en 30-40 años y que puedes ser la última generación viva sobre la tierra, que antes de llegar a viejo conocerás un nivel de destrucción no imaginable. Y, sin creer todo lo que dicen los científicos, lo cierto es que lo que vamos viendo no pinta bien. Pero hay un fatalismo de fondo y una urgencia que oculta que las transformaciones energéticas, de movilidad, productivas, de consumo, de costes y precios los está pagando ya la clase trabajadora, que los va a pagar mucho más hasta su miseria más radical. A estos niños (Greta Thunberg, los de "Extinción Rebelión" que creen coherente con sus denuncias el atacar la belleza del arte), concienciados por el capital de la urgencia de los cambios, alguien debiera poner ante sus ojos la película coreana "Snowpiercer" (Rompenieves). En ella los viajeros de cola de cola de un tren diseñado por un ingeniero, tras la edad de hielo, que ha eliminado la vida sobre la tierra, comen unas barras de gelatina fabricada con restos humanos, facilitada por los ricos de los vagones de cabecera. Los miserables se acaban enfrentando a los que dirigen el tren y, finalmente, a su dueño. Es la historia de la humanidad y de sus formas de dominación: esclavos contra ciudadanos libres, plebeyos contra patricios, siervos contra señores, asalariados contra empresarios, miserables contra ricos... siempre habrá un motivo de rebelión. Los niños de la burguesía a los que sus padres limitan la hora de jugar con la play no son el mejor exponente de una lucha igualitaria por la supervivencia de la especie.
domingo, 9 de abril de 2023
Francia: la transición ecológica y la reforma de las pensiones
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| Manifestación del 19 de enero de 2023 Plaza de la República, París. |
La protesta de los chalecos amarillos, o gilets jaunes en su lengua original, fue natural de Francia y cobró fuerza a finales de 2018. Dos años después, a medida que la epidemia del coronavirus se convertía en pandemia, fue extinguiéndose y desapareciendo de las calles.
La combinación del "bicho", más bien virus, junto con los efectos de la crisis económica, se extendía ya en 2020 a todo el mundo, obligando a los gobiernos cabales a decretar los primeros confinamientos masivos en un momento en el que todavía no tenían ninguna otra alternativa para frenar la propagación, con independencia de que, aunque fuera de rebote, la infección contagiosa les hubiera sido más o menos oportuna.
Mientras tuvieron lugar tales movilizaciones, algunos elementos ya intentaban confundirlas con las embusteras imitaciones nacionalistas de Cataluña, Bélgica u otras regiones y países de Europa, en donde partidos y asociaciones de dudosa orientación, o abiértamente ultraderechistas y fascistas, intentaron emular las convocatorias.
El movimiento en cuestión fue calumniado de diferentes maneras en todos estos países. Por ejemplo, mientras que algunos medios de comunicación apostaban por dirigir la opinión pública mediante tácticas más convencionales, en otros como La Sexta (de Atresmedia, al igual que Antena 3) trataban de asociarla diréctamente con los objetivos y la corriente del lepenismo.
Así, en uno de los noticiarios emitidos (véase el minuto 1 de este vídeo) en esta cadena se dijo que el 42% de los chalecos amarillos votaba entonces (2018) a Marine Le Pen, citando incluso una encuesta del 8 de diciembre de ese año de la consultora Elabe como fuente.
Me importa poco si la mentira fue intencionada, o el "desliz inocente" de la empleada que interpretaba o le narraba la noticia a millones de teleespectadores, porque la línea editorial procapitalista y apagafuegos de esta cadena sí que no es un hecho aislado.
Lo que en realidad se desprendía de los datos de Elabe (en esa misma encuesta de 2018) es que, a la vez que transcurría la movilización popular, el 42% de los votantes de Le Pen se veían a sí mismos o se identificaban "como parte activa del movimiento", tal y como se subraya en Electromanía.
Vamos, que la muestra a la que preguntaron los encuestadores no era de chalecos amarillos, y por lo tanto, la pregunta de la encuesta no era sólo la de qué candidato electoral votó para las anteriores presidenciales francesas de 2017 o por cuál tenía simpatía esa muestra, sino también si apoyaba a los chalecos amarillos y si se consideraba (identidad) parte de los mismos, porque así es como se trataba de inferir la medición del "grado de implicación personal". La manipulación de los datos estaba prácticamente hecha en el peor de los sentidos.
Lo que pasa es que, al igual que cualquier empresa, las agencias de noticias como Atresmedia se diversifican lo que pueden en el mercado, lo que implica que les proporcionan a los consumidores las toneladas de mentiras que estos han aceptado que les ofrezcan. Por eso algunas tienen más de un canal de televisión.
Como las audiencias a las que pretenden orientarse en el telediario de La Sexta son las que son -aquellas en las que tuvo efecto la propaganda en favor de una parte de los atrapasueños de la vieja/nueva política hace una década- resulta que el noticiario de este último canal no podía tergiversar la lucha de los chalecos amarillos símplemente insultándoles y acusándoles de "violentos", "antisistema" o "extrema izquierda". Así que los presentaron como fascistas.
La actitud mantenida desde la izquierda hacia los gilets jaunes tampoco fue muy deseable: los afiliados de sus partidos ignoraron su potencial, sin entender que el problema lo tenían sus propias organizaciones. En su día intenté explicar por qué el movimiento de aquellos fue ejemplar. Su foco principal en el rechazo a la ecotasa los alejó inevitablemente de los discursos equidistantes, electoralistas y atrapalotodo.
No era un "movimiento de indignados", pues, como los habidos en las naciones occidentales diez años antes, que es lo que habían intentado los niñatos supermegarrevolucionarios (del teclado y los performances) en la "Nuit Debout", ni tampoco una de esas "revoluciones de colores" como las de los antiguos países socialistas, pese a lo que se llegó a asegurar en la Rossiyskaya Gazeta (Gaceta de Rusia), que es canal oficial del gobierno de este país.
Muy por el contrario, eran precísamente gentes y personalidades muy cercanas en sus ideas a Putin, ese pecholobo anticomunista que algunos imbéciles han convertido en una supuesta referencia del antifascismo, quienes en el país galo trataban de infiltrarse en la movilización de los chalecos amarillos. Me refiero precísamente a los lepenistas y demás porquería por el estilo, que no tuvieron demasiada acogida en aquella.
A uno de estos tipejos, que también pasó por la formación de Le Pen hasta 2011, otro fascista más llamado Yvan Benedetti, también le habían expulsado a hostias de una manifestación de los chalecos amarillos, tal y como él mismo contaba en su cuenta de Twitter. Es el único trato que cabe con esos malnacidos. A la serpiente no se le discute, sino que se le combate y se la aplasta como sea.
El entonces Frente Nacional, que es el nombre que por aquella fecha tenía el partido de Le Pen, recibió en 2014 un préstamo por valor de 9 millones de euros procedente del First Czech Russian Bank, entidad financiera ligada al gobierno ruso. Según decía ella, los bancos franceses no le prestaban dinero a su partido.
Es ya conocido que el Frente Nacional, renombrado en 2018 como Agrupación Nacional, ha estado persiguiendo durante todo este tiempo su homologación ante los poderes capitalistas, las clases dirigentes y los medios de comunicación del país, o como mínimo están intentando "moderar" su imagen.
El objetivo no sería otro que el de tratar de obtener un favor más significativo de dichos medios de comunicación, para que estos formasen a las masas en una opinión más indiferente o incluso amistosa hacia su programa, de manera similar a como hicieron una parte de los fascistas italianos en los años noventa, que acabaron en coalición con el putero Silvio Berlusconi, dueño de ese medio asustaviejas de casquería política y sexual que es Telecinco. A lo mejor así conseguirían aumentar su apoyo financiero también en Francia.
A pesar del intento de sabotaje y de todas las difamaciones vertidas por unos, y la lejanía inaceptable de otros, en el movimiento de los chalecos amarillos sí que participaron activamente, sin embargo, algunos grupos comunistas de solidaridad. Eran maoístas que habían comprendido la conveniencia de secundarlo, con el fin de ampliar y profundizar sus contenidos.
Por su parte, desde el sindicalismo predominó en un primer momento el escepticismo, para dejar paso después a un cierto acercamiento. Fue muy interesante que se abriera a una iniciativa de trabajadores que había transcurrido al margen de las viejas organizaciones, procedentes del pasado ciclo histórico de luchas.
Afortunadamente, la CGT en particular pareció sensibilizarse y entender con el paso de los meses los motivos y objetivos de aquella protesta, hasta que más sindicatos de esta central confraternizaron con los grupos de gilets jaunes en manifestaciones, cortes de carreteras o bloqueos de instalaciones productivas.














