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Espacio de producción propia, reproducción ajena y discusión de teoría analítica sobre estructura, relaciones y cambio sociales, y de difusión de iniciativas y convocatorias progresistas.

viernes, 11 de marzo de 2016

Brasil sale a la calle contra la política de Dilma Rousseff


Por Antonio Jiménez Barca
[Extraído de internacional.elpaís.com]


Nota editorial

En España pudimos comprobar cómo podía ser utilizada la ingeniería social para movilizar a las masas, incentivar su participación en las adornadas protestas (universidad, ciudadanía, precariado,... de todo menos proletariado en sus consignas) de las clases medias durante los ciclos económicos depresivos, y posibilitar así la formación de gobiernos acordes a las exigencias momentáneas del sistema, con la catalización que supone una crítica a la malentendida corrupción política. El 15-M y las Elecciones Generales de 2011 fueron las pruebas de ello. Los casos de corrupción de los 90 en Italia también sirvieron para desplazar el Parlamento italiano hacia la derecha.

Quizás sólo un partido político desnortado como el Partido de los Trabajadores (PT) brasileño podría pretender que Nicolás Maduro y Felipe González tuvieran algo en común sólo porque ambos hayan manifestado recientemente su apoyo a Lula da Silva. Maduro es el heredero de una honrada pero inacabada Revolución Bolivariana (nunca comenzó en su sentido socialista, sentido al que únicamente se le ha satisfecho hasta donde se pudo hacerlo sin traspasar las barreras de la legalidad de clase vigente); González es un anticomunista y siempre fue un extremista de derechas decidido en su lucha contra el gobierno progresista bolivariano.

Se dice en el periódico derechista El Mundo que, en la ciudad brasileña de Congonhas, los acomodados manifestantes antigubernamentales –también los hay en defensa del gobierno, sobre todo trabajadores— gritaban consignas como «la bandera nunca será de color rojo». Muy a la altura del «no hay carne, no hay huevo, en este Chile nuevo», utilizado en el Chile de los años 70 contra el gobierno socialista de la Unidad Popular y sus medidas políticas redistributivas y contra la especulación de los empresarios, no porque el contenido político del PT brasileño en la actualidad sea comparable al de la UP chilena de entonces, sino por el característico olor que desprendía la oposición de esta última y el que parece que desprende la oposición actual en Brasil.

A lo mejor a lo largo de estos días nos vamos encontrando en Brasil con el "pastel" de que viven en una "dictadura" ("de partidos", si la mierda viene con guindilla). Podríamos, entonces, decir que la consigna anterior de los manifestantes se parece a lo de la «dictadura castro-chavista» de los golpistas opositores de la democrática Venezuela bolivariana. Al fin y al cabo, los «vendedores, dueños de comercios, abogados, propietarios de negocios o estudiantes, entre otros» sectores de las clases medias que protagonizan las protestas, como se alerta en el artículo de a continuación, difícilmente cargarían contra la dictadura capitalista porque, sin necesidad de ser grandes multimillonarios, siquiera mediocres industriales y financieros, participan de ella.


«Queremos fuera a estos comunistas del PT», decía una tipa que se hace llamar Marilda Feraz Curry el 12 de diciembre de 2015. «Intervención militar para acabar con esta basura de gobierno y cadena para el cavernícola meón», decía un tipo llamado Carlos Conde Guerreiro el 7 de mayo de aquel mismo año en Facebook. Si fisgonean un poco comprobarán que los tintes de estas movilizaciones no se alejan demasiado de los dos ejemplos referenciados.

Comienzo a escuchar con demasiado entusiasmo que las opciones revolucionarias de la izquierda podrían ocupar el lugar del PT. No parece que sea esa la alternativa realista.

¿Estamos ante una de esas "revoluciones" de quienes desean un gobierno que retorne a la ortodoxia liberal y promotora de la desrregulación del mercado internacional, laboral...? De ser cierto, sería el PSDB una de las opciones que podría objetivar tal retorno. Ojalá me equivoque con la respuesta que no puedo quitarme de la cabeza.

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Brasil sale a la calle contra la política de Dilma Rousseff

En el vestíbulo de la estación del metro Faria Lima, en São Paulo, al lado de la ventanilla de los billetes, una señora de unos 50 años vestida con la camiseta amarilla de la selección brasileña enarbola un cartel en el que arremete contra la corrupción de Petrobras, la marcha de la economía y, sobre todo, contra la —a su juicio— culpable de todo, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff. No dice nada. No grita nada. Ni siquiera se mueve hacia el andén. Solo muestra el cartel. Un hombre de la misma edad vestido con ropas más pobres, de una clase social más baja, se dirige a ella y le dice: “Dilma no se va a ir porque ella no robó”.
 
La señora del cartel mira al hombre y no le contesta, sigue muda con el cartel extendido durante un rato, con el gesto de alguien muy enfadado. Se llama Liliana, es psicóloga. “Dilma nos ha mentido. Pinta un país de color de rosa en la televisión. Dijo una cosa en la campaña, y ahora hace otra. Sube los impuestos. Y la luz. Y la educación sigue muy mal, y el transporte, y todo. Me gustaría vivir en el país que ella describe. No pido su impeachment [destitución]. Pido que diga la verdad a la gente”. Después, Liliana enrolla el cartel y se suma al río inmenso de manifestantes que se dirige a la línea que lleva a la Avenida Paulista, en el corazón de São Paulo, epicentro de la protesta contra Rousseff y su partido, el PT, en todo el país.

Un millón de personas solo en São Paulo, según la policía, y 210.000 según el sistema de medición utilizado por el diario A Folha de São Paulo, a las que hay que sumar varias decenas de miles más repartidas por todo Brasil, salieron este domingo a la calle para gritar, sobre todo, “Fuera Dilma”. La de São Paulo constituye la más multitudinaria de la democracia brasileña. Muchos, como la psicóloga del cartel, no piden directamente la destitución parlamentaria de la presidenta —origen remoto de la protesta— sino que buscan expresar un rechazo a la marcha de un país y a la actitud de una presidenta.

Los manifestantes que este domingo abarrotaron la principal avenida de São Paulo pertenecen a las clases medias más educadas, mejor preparadas y más informadas del país. Son médicos, profesores, informáticos, vendedores, dueños de comercios, abogados propietarios de negocios o estudiantes, entre otros. La inmensa mayoría vestía la camiseta de la selección nacional de fútbol y muchos se envolvían en banderas brasileñas. Se quejaron de que el país coquetee con la recesión, se quejaron aún más de que el Gobierno haya subido los impuestos, haya ordenado recortes y haya engordado las tasas de la gasolina y de la luz. Pero, sobre todo, se quejaron de que la presidenta les ignore: “En el discurso del domingo pasado Rousseff dijo que la culpa de la crisis la tienen los otros países, no asumió sus culpas de la corrupción y dijo que había que hacer recortes cuando en la campaña electoral ni los había mencionado. Nos toma por tontos. Y eso no”, decía José Arménio, un vendedor de material quirúrgico de 35 años.

La mayoría de los asistentes pensaba igual. Otros recordaban que Rousseff había mencionado sólo de pasada la corrupción que carcome la principal empresa del país, la petrolera Petrobras, como si ella no hubiera dirigido el país en los últimos cuatro años o no hubiera sido ministra de Energía antes de eso.

El incontestable éxito de la manifestación pone una pelota peligrosa en el tejado de un Gobierno ya de por sí atribulado. No ya por la petición de impeachment (pocos líderes políticos de la oposición se muestran favorables por razones jurídicas y políticas) sino por el enorme, creciente y público rechazo social —o de esta parte de la sociedad— que experimenta Rousseff, reelegida —por un estrecho margen— hace tan solo cinco meses. La legislatura va a ser dura. Hace dos días, una marcha convocada por los sindicatos en apoyo a Rousseff congregó en São Paulo poco más de 40.000 personas. Y muchas de ellas se manifestaron, además, en contra de las medidas del ministro de Economía, el liberal Joaquím Levy, el liberal artífice de los programas de ajuste.

Así, a la economía atascada, a la política enfangada (por la oposición del Congreso) y a la corrupción rampante, a Rousseff se le ha levantado un nuevo frente imprevisible: el de las protestas masivas callejeras. Y a juzgar por el número de manifestantes que han salido a la calle, no va a detenerse aquí.
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Extraído de: http://internacional.elpais.com/internacional/2015/03/15/actualidad/1426448962_643061.html 

Recomendado: "Inminente golpe contra Dilma y Lula en Brasil", por Vicky Peláez, en mundo.sputniknews.com

sábado, 5 de marzo de 2016

El Día Internacional de las Obreras

Un congreso de la Liga de Mujeres Democráticas
de Alemania
, representada en la Cámara Popular (parlamento de la RDA)

Por Vladímir Ilich UIliánov, Lenin [extraído de marxist.org el 6 de marzo de 2016; publicación original en el suplemento al núm. 51 del periódico Pravda el 8 de marzo de 1921]

Nota personal del editor del blog: quisiera dedicar esta entrada a todos aquellos preocupados por la evidente desigualdad y opresión de la mujer en el desmembrado Estado afgano pero igualmente ignorantes con el paso de gigante dado durante la democracia popular de 1978 en esta cuestión y en otras muchas tras la Revolución del Saur; a aquellos que hablan de la desigualdad de la mujer en Irán pero callan ante lo que supuso en un inicio el derrocamiento del Estado Imperial y de la dinastía Pahlavi en 1979. Y en general, a los que pretenden arrogar a sus doctrinas unas conquistas populares que no les pertenecen.

Calificándolos como "secundarios" frente a su interpretación dahliana –muy sesgada— de la democracia, área en la que por supuesto también les niegan sus logros, muchos detractores de regímenes económicos y políticos y de sociedades de inspiración socialista restan importancia a los logros de áreas temáticas en las que las democracias liberales les deben mucho precisamente a aquellos: democracia (incluída la social), derechos laborales, imperialismo, y también igualdad de género.

Aunque parece cierto que muchos teóricos progresistas clásicos no se ocuparon de muchas de las cuestiones que afortunadamente hoy están en el tintero y antes no lo estaban tanto, reproduzco esta breve publicación de Lenin en 1921 en el periódico bolchevique de entonces, porque pienso que acierta en identificar dos planos clave de la situación doblemente opresiva de la mujer trabajadora, que no insinúo en absoluto que estén desvinculados: la que resulta de las limitaciones políticas impuestas por las repúblicas burguesas, y la que se deriva de su opresión en el hogar, y que propone superar sustituyendo la economía doméstica privada por la economía socialista.

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EL DÍA INTERNACIONAL DE LAS OBRERAS

Lo principal y fundamental del bolchevismo y de la Revolución de Octubre en Rusia consiste precisamente en la incorporación a la política de los que sufrían mayor opresión bajo el capitalismo. Los capitalistas los oprimían, los engañaban y los saqueaban con monarquía y con repúblicas democráticas burguesas. Esta opresión, este engaño, este saqueo del trabajo del pueblo por los capitalistas, eran inevitables mientras existía la propiedad privada sobre la tierra y las fábricas.

La esencia del bolchevismo, la esencia del Poder soviético radica en concentrar la plenitud del poder estatal en manos de las masas trabajadoras y explotadas, desenmascarando la mentira y la hipocresía de la democracia burguesa y aboliendo la propiedad privada sobre la tierra y las fábricas. Estas masas toman a su cargo la política, es decir, la tarea de edificar una nueva sociedad. La obra es difícil; las más de haber vivido bajo el capitalismo, pero no hay ni puede haber otra salida de la esclavitud capitalista.

Y no es posible incorporar a las mujeres. Porque, bajo el capitalismo, la mitad femenina del género humano está doblemente oprimida. La obrera y la campesina son oprimidas por el capital, y además, incluso en las repúblicas burguesas más democráticas no tienen plenitud de derechos, ya que la ley les niega la igualdad con el hombre. Esto, en primer lugar, y en segundo lugar -lo que es más importante-, permanecen en la "esclavitud casera", son "esclavas del hogar", viven agobiadas por la labor más mezquina, más ingrata, más dura y más enbrutecedora. la de la Cocina y, en general, la de la economía doméstica familiar individual.

La revolución bolchevique, soviética, corta las raíces de la opresión y de la desigualdad de la mujer tan profundamente como no osó cortarlas jamás un sólo partido ni una sola revolución en el mundo. En nuestro país, en la Rusia Soviética, no han quedado ni rastro de la desigualdad de la mujer y el hombre ante la ley. Una desigualdad sobremanera repulsiva, vil e hipócrita en el derecho matrimonial y familiar, la desigualdad en lo referente al niño, ha sido eliminada totalmente por el Poder soviético.

Esto constituye tan sólo el primer paso hacia la emancipación de la mujer. Pero ninguna república burguesa, aún la más democrática, se atrevió jamás a dar ni siquiera este primer paso. No se atrevió por temor ante la sacrosanta propiedad privada.

El segundo paso, el principal, ha sido la abolición de la propiedad privada sobre la tierra y las fábricas. Así, y únicamente así, se abre el camino para la emancipación completa y efectiva de la mujer, para su liberación de la "esclavitud casera", mediante el paso de la pequeña economía doméstica individual a la grande y socializada.

El tránsito es difícil, pues se trata de transformar las normas más arraigadas, rutinarias, rudas y osificadas (a decir verdad, son bochorno y salvajismo, y no "normas"). Pero el tránsito ha comenzado, se ha puesto inicio a la obra, hemos entrado en el nuevo camino.

Y en el día internacional de las obreras, en innumerables reuniones de trabajadoras de todos los países del mundo resonarán saludos a la Rusia Soviética, que ha emprendido una obra difícil y pesada hasta lo inaudito, pero grande, de trascendencia universal, verdaderamente liberadora. Resonarán llamamientos optimistas, exhortando a no desfallecer ante la reacción burguesa, brutal y a menudo feroz. Cuanto más "libre" o "democrático" es un país burgués, tanto más brutalidades y ferocidades comete la banda capitalista contra la revolución de los obreros; la República democrática de los Estados Unidos de Norteamérica es, a este respecto, un ejemplo ilustrativo. Pero el obrero ha despertado ya en masa. La guerra imperialista ha despertado definitivamente a las masas durmientes, soñolientas y rutinarias tanto en América como en Europa y en la atrasada Asia.

Se ha roto el hielo en todos los confines del mundo. La liberación de los pueblos del yugo del imperialismo, la liberación de los obreros y de las obreras del yugo del capital avanza inconteniblemente. La han impulsado decenas y cientos de millones de obreros y obreras, de campesinos y campesinas. Y por eso la causa de la emancipación del trabajo del yugo del capital triunfará en el mundo entero.
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Enlace de la fuente de la que fue extraído: https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1920s/8-iii-1921.htm 

8 de Marzo: Día Internacional de la Mujer Trabajadora


Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo
Por Arash

La vida es tan sólo un infinitésimo instante del tiempo que  estaremos muertos. El corto tiempo de la vida, dijeron ellas.

Precísamente por ello sería un error el que la redujéramos a un grito de desesperación y lamento existencial.

No puede haber nada peor para la emancipación de la opresión que una voluntad tan pesimista como la que asume, de una manera que dice tan poco de lo humano, la naturalidad y hasta la cotidianeidad de la condición contra la que se lucha, aviso que no se desentiende con que en algunas ocasiones esta se apodere de nosotros. El tan últimamente citado Antonio Gramsci hablaba de que dejásemos nuestro pesimismo para el análisis de la realidad capitalista, en la que actualmente nos encontramos. Por lo demás, sólo tenemos que tener la determinación y convicción de que la felicidad no será más postergada.

No podría ser ilustración de tal ejercicio de complicidad voluntaria el ejemplo que dieron las mujeres de la clase trabajadora, como aquellas norteamericanas que perdieron a sus hermanas, madres y quizás sobre todo hijas (la más joven de las obreras tenía 14 años de edad) en 1911 en Nueva York, y que se incorporaron inmediatamente a las luchas. Por eso las bañaban los rayos de un sol, por eso caminamos por las calles, con la luz de la mañana. Porque en vez de en su puesto de trabajo a las 8 de la mañana, estaban secundando la huelga.

Como las trabajadoras rusas en 1913, muchas de las cuales no volvieron a ver a sus maridos e hijos, y compañeros engañados y reclutados para la guerra imperialista, y que encabezaron el Día de las Obreras para que regresasen los supervivientes e hicieran junto con ellas la revolución; que fueron dispersadas violentamente por la policía, pero que el 8 de marzo (calendario gregoriano) de 1917, unos cuantos años después, protagonizaron el derrocamiento de la corrupta monarquía rusa. Esta canción es también para los hombres. Porque son nuestros hijos, ellos también caminan con nosotras.

En la memoria de estas mujeres socialistas neoyorquinas había una multitud muda, que caminaba junto a ellas en sus corazones: las obreras industriales de la fábrica textil de la compañía  Triangle Waist, a las que los indecentes (...) de sus patrones encerraron bajo candado, sentenciándolas a una muerte horrible. Si los capitalistas, en donde hay un valor intrínseco –valor de uso, en el caso de las mercancías inertes— sólo ven el valor de cambio con el que obtienen sus ingresos comerciales, en el caso del mercado laboral de las mujeres, cuyo valor reside en su condición humana (aquel trágico día se la negaron completamente), no se quedaron cortos en verlas como fuerzas de trabajo baratas y como una oportunidad de ahorrar costes productivos: "mañana contrataremos a otras", pareciera resonar en nuestros oídos, no sin una cierta aurora de rabia, como justificación criminal de su genocidio contra ellas.

Estas condiciones militares de trabajo, tan conocidas en la época de esplendor del capitalismo liberal europeo y norteamericano de entonces y descritas por Friedrich Engels en "La situación de la clase obrera en Inglaterra", se mantienen fuera de esta "tierra prometida" de bienestar que es (o ha tratado de ser, y no ha llegado a ser en muchas partes de) occidente, para muchos trabajadores. Especialmente para las mujeres. Hoy, los techos de las fábricas textiles de Bangladesh administradas y expropiadas por el capital (muchas veces europeo) siguen asesinando a las mujeres obreras, que resultan aplastadas de la forma más inhumana. Hoy, las trabajadoras siguen teniendo que rezar a sus patrones como si fueran dioses personificados en Tailandia.

Por el momento yo no soy de clase trabajadora. Soy hijo y nieto de clase trabajadora y por consiguiente siempre me han alimentado rentas del trabajo, pero me van a permitir hablar en primera persona del plural, aunque sólo sea porque, además de saber que no tenemos igualdad en esta indeseable sociedad capitalista (y en ella nunca la tendremos), tampoco tenemos libertad, y aunque no tenga ni idea del cual, en particular, se acerca del cómo, en general, voy a tener que comprar el pan. Y también porque me reivindico de las luchas de estas mujeres, a las que no puedo considerar sólo como víctimas  –que lo son, de este sistema productivo—, sino como auténticas heroínas de la clase trabajadora que con su historia de supervivencia deberían de impulsarnos en las luchas del presente, igual que los mártires de Chicago que habremos de rememorar este 1º de Mayo.

La venta de la entonces renombrada Casa de la Juventud (ahora re-renombrada), establecimiento desde el que las mujeres de la II Internacional socialista generalizaron entonces el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, y propiedad del ayuntamiento de Copenhague hasta 2007, a una institución tan ligada al patriarcado y el poder como una secta religiosa cristiana, es fiel ejemplo de que lo que se pretende con la tergiversación o supresión de la memoria histórica, es justamente desconexionar la lucha de un colectivo que tan poco ha recibido a cambio pero al que tanto debemos por su participación y liderazgo en los procesos de transformación social, del rumbo histórico de la trayectoria que lo hizo posible; que nos perdamos en el camino y que no podamos mirar atrás porque no sabemos de dónde venimos, para comprobar cual ha sido nuestra senda y en qué hemos de rectificar y en qué persistir.

Dicho esto, me pregunto, ¿cómo va a reducirse la vida a esto? Si hemos de trabajar, una parte para ganar dinero y subsistir, otra parte para hacer ganar dinero a un explotador, y hemos de morar para reproducir nuestra fuerza de trabajo, ¿qué nos queda? ¿Qué coño les queda a las mujeres de la clase trabajadora que dedican, también su tercer tercio de vida, al trabajo? No queremos el trabajo sacrificado de muchos, y que muy pocos disfruten. Poco que perder y mucho que ganar.

Hay una evidente hipocresía machista en nuestra sociedad y en las instituciones. Los servicios domésticos no están reconocidos en España como parte de la producción y la Contabilidad Nacional, y sin embargo ello no significa que efectivamente no existan dichos servicios domésticos y sus beneficiarios. Justo lo contrario a lo que ocurre con respecto a la retribución de la prestación de trabajos y servicios domésticos, tampoco recogidos en la renta y Contabilidad Nacional y que, en este caso, significa que efectivamente no se retribuyen.

A sabiendas de lo anterior, estoy convencido de que no debemos adoptar, tampoco en este campo, un enfoque liberal indiferente e ignorante de la opresión de la burguesía y, en el mejor y más respetable de los casos, afanada solamente (aunque sea necesario, sin duda alguna) en recoger legalmente derechos, sino una verdadera perspectiva socialista como la de aquellas mujeres que exigieron su derecho al sufragio y la mejora de sus condiciones de trabajo, y a ser posible, que evite limitar la existencia de las mujeres trabajadoras a meras fuerzas de trabajo intercambiables entre nuevos patrones de este hipotético futuro sector laboral y que nos impida conformarnos con una necesaria y progresista pero simple asalarización, equitativa a la de los hombres, de su trabajo porque ello, significando un avance histórico en su lucha, tampoco las haría dueñas de sí mismas, del mismo modo que el capitalismo tampoco permite precisamente que los asalariados que antes pagaban a sus señores feudales sean dueños de sí mismos. Cuerpo, pero también alma, ambos tienen sed; queremos el pan, pero también las rosas.


Caminamos por las calles
Con la luz de la mañana
Desde fábricas y cocinas surge una nueva luz
Como los rayos de un sol
Que se derrama sobre nosotras.
Así nos escuchan cantar:
Pan y rosas, pan y rosas.

Caminamos por las calles
Esta canción es también para los hombres,
Porque son nuestros hijos,
Ellos también caminan con nosotras.
En el corto tiempo de la vida
La felicidad no será más postergada.
Cuerpo y alma, ambos tienen sed:
Queremos el pan, pero también las rosas.
 
Caminamos por las calles
Y con nosotras camina una multitud muda
De innumerables mujeres muertas:
Su deseo era pan y felicidad.
Su vida tuvo poco arte y poca belleza,
Sí, es pan lo que exigimos,
Pero además exigimos rosas.

Caminamos por las calles
Y amanece un nuevo día.
Cuando las mujeres se levantan
La humanidad se está forjando un nuevo camino.
No queremos el trabajo sacrificado de muchos
Y que muy pocos disfruten.
Queremos compartir toda la belleza:
Pan y rosas, pan y rosas.
(Canción de las trabajadoras textiles de Lawrence, Massachussets)


¡VIVA EL 8 DE MARZO! ¡VIVA EL DÍA INTERNACIONAL DE LUCHA DE LA MUJER TRABAJADORA!

miércoles, 24 de febrero de 2016

Lo que el EEC ha inaugurado


C/ Moratines 22, Esc.1, 1ºB
Sede del Sindicato de Comisiones de Base
Por Arash

UNA TRAVESÍA POR LA HISTORIA REPLETA DE ACIERTOS Y TROPIEZOS

En 1847 Karl Marx y Friedrich Engels, promotores del Comité Comunista de Correspondencia, deciden integrarse en la Liga de los Justos. Poco después esta sería transformada en la Liga de los Comunistas. Detrás de la Liga de los Comunistas existía todo un hilo de discrepancias, discusiones y decisiones acumuladas tenidas lugar en sus antecedentes, cuestiones a las que todavía pueden recurrir los comunistas si hacen memoria.

Uno de estos debates que discutieron en el siglo XIX y que significaron, en su día, una bifurcación del camino para muchos intelectuales y muchas organizaciones, tuvo que ver con el tipo de práxis (teoría de la práxis) que se debía llevar a cabo para lograr que la humanidad estuviera tal y como debería estar (como se refirió al comunismo alguno de aquellos de entonces). ¿Qué rumbo debía tomar la organización? ¿Reforma o revolución? Este clásico debate fue retomado por la revolucionaria Rosa Luxemburgo bastante tiempo después en su obra homónima al respecto del mismo, "Reforma o Revolución", para enfrentarse a las exposiciones reformistas sostenidas por el revisionismo marxista defendido por Eduard Bernstein, ideólogo de referencia en el seno del Partido Socialdemócrata alemán y en el resto de los europeos, y que negaba la necesidad de la revolución.

Hubo un tiempo en el que el revisionismo marxista pareciera haber estado fundamentado en una honesta intelectualidad marxista, como Bernstein lo era en su forma de ser vocero de la reforma. Hoy parece, con mucho más descaro, que es de la propia dinámica de una lucha de clases en la que la oprimida está en desbandada y sobre la que esta apenas tiene un control que vaya más allá de la espontaneidad (porque sus organizaciones existentes están en crisis, siendo francos), de donde debemos explicar la existencia de esta discrepancia reforma-revolución, particularmente hablando, aunque no sólo, por la existencia de la primera.

Con mucha menos elegancia y con una dosis incomparablemente mayor de oportunismo, existe esta discrepancia del siglo XIX que, sea este el momento de mencionarlo, fue malinterpretada y atribuida por cantidad de militantes desorientados (muchos de ellos comunistas), a proyectos sociales, económicos y políticos que no pretendían cambiar de base el mundo sino sólo "mover algunas piezas" para reinstaurar el Estado de bienestar, esto es, salvar el capitalismo no renunciando a los privilegios pequeñoburgueses de quienes realmente los impulsaban.

Me estoy refiriendo, para que quede claro, a esa tendencia pasada (sobretodo) y presente (también) en concentrar la atención "anticapitalista" en el hecho de que el movimiento quincemayista y sus productos varios fuesen pacíficos (si alguna atención debía acaparar no era la de los anticapitalistas, más allá de la sensibilidad de todo aquel humano que sabe o intuye lo que duelen los porrazos y pelotazos), dando confusamente a entender y suponiendo inconscientemente que estaríamos más cerca de lograr y acariciar la revolución social si consiguieran que estos se radicalizasen en las formas, algo que sólo significaría una radicalización formal de quienes, como se ha dicho y se repite, impulsan los mismos: la pequeña burguesía, el pequeño capital asustado de desaparecer del mapa y del mercado y oprimido por la competencia y el crédito; oprimido por el beneficio del gran capital industrial y/o comercial y por el interés del capital financiero. Un movimiento violento (que no revolucionario; hace mucho que tal clase social no puede hacer revoluciones por sí misma) de la pequeña burguesía fue, ni más ni menos, el movimiento de Grillo y los grillini en Italia hace 6 años y su continuación, el movimiento de las "Horcas": hagan la prueba de comparar aquel y sus productos, con este último movimiento y, si tuviesen que decidir cuál de los dos se ha parecido más al fascismo del siglo XXI, elijan cual.

Cuando ha habido algún síntoma de radicalización reseñable del movimiento ciudadano en España, protagonizado en todo momento por la pequeña clase propietaria y las clases medias, este ha consistido, ni más ni menos, en una profundización en la perspectiva corporativista que trasciende por la derecha lo que ya es propiamente de derechas, lo liberal, hacia lo ideológicamente conservador, y que siempre fue característica profunda en el discurso "indignado". No fue otra cosa alguna afirmación, de la que algunos no nos hemos olvidado, de una forma vertical y autoritaria de sindicalismo, involución del sindicalismo liberal, amarillo y de pacto social, pero aquella vez, como dijeron algunos, con "emprendedores"en sus filas. Ni tampoco las tentativas antiparlamentarias y golpistas, continuación de la crítica liberal esclava de la"divina", adorada y eternamente insatisfecha representación –una auténtica mierda porque la clase trabajadora está prácticamente excluída de ella a través de diversos mecanismos cuyas orígenes no residen siquiera en el campo de la política—, que siempre le vino fetén ser adornada con ILP's y (ciber)democracia directa para burgueses y acomodadas clases medias, pero entonces –pretendían— sin respectar la democracia liberal y su sistema electoral. Ni tampoco fue otra cosa distinta, por supuesto, la formación del partido de los círculos, a modo, en muchos aspectos, de movimiento nacional, con un discurso igualmente interclasista, pero que se autoarroga la representación del pueblo y se presenta hostil a la concepción liberal del Estado cuando trata de reducir los mecanismos de participación indirectos del Estado , por los suyos propios, todavía más estrechos, más indirectos, y menos sometidos al control público –porque el Estado está mucho más regulado legalmente que cualquier partido político; sino pregúntense por qué existen partidos fascistas.

Pero, ¿acaso podemos hablar de algún logro en aquello que no ha sido testigo de una radicalización en tal sentido negativo? ¿Se ha logrado más democracia? ¿Supone realmente la sustitución de un bipartidismo por un tetrapartidismo (o penta, si quieren; este es el "logro", aunque aún está por ver), esto es, la "apertura política", o "regeneración política" en el mejor de los sentidos, un aumento de la pluralidad política, sin acompañamiento de un proceso de apertura de planteamientos estructurales? Sí, si la política se ha convertido en una farsa a modo de simulacro de pluralidad; no, si además de lo anterior, nos negamos a que política signifique un libre mercado de valores de cambio más o menos intervenido, en el que se compra de entre una amplia oferta de calidad: empresario entrega sobre por aquí al concejal de la derecha, "ciudadano" entrega voto por allá al modelito de la izquierda, y a cambio sitúan por delante al patrón en la negociación colectiva y dan por el culo al obrero con los recortes en paro y seguridad social, respectivamente. Toda una competencia entre dogmáticos de derechas y oportunistas de izquierda.

¿Saben que, al margen de la valoración ideológica particular y de las consecuencias, el conservadurismo, históricamente ligado a la defensa de los intereses de otras clases sociales reaccionarias distintas de las clases sociales a cuyos intereses ahora también está ligado, pensaba que tanto el trabajo como el comercio eran actividades que no generaban riqueza, y que defendían el papel fundamental de la tierra, ni del capital ni del trabajo? ¿O que, ligado en ocasiones a los intereses de un segmento más selecto de la nobleza –la realeza—, eran partidarios de la acumulación de riqueza de los Estados, por entonces absolutos y sinónimos de las monarquías que sostenían? ¿Y que la socialdemocracia era partidaria de la socialización de los medios de producción, porque entendía que lo que se encubre como derecho a la propiedad privada no es sino sino el derecho de una minoría social a expropiar el producto del trabajo social?

Al margen de que la valoración ideológica de la evolución (que por cierto, ya se está comenzando a invertir/reconvertir en involución) de los planteamientos históricos del conservadurismo sea positiva, en tanto que es mil veces preferible que tener a unos representantes de la clase explotadora trangresores de conquistas populares y obreras como las del sufragio universal o el mínimo sometimiento de la burguesía a una legalidad formalmente democrática, o en tanto que esto haya ocurrido durante la transición del feudalismo –que deseaban conservar— al capitalismo –que ahora defienden— y la consolidación de este último, el que la vasta mayoría de los partidos conservadores y socialdemócratas (y liberales; y además, todos los partidos y candidaturas emergentes o emergidas de cualquier nivel territorial que aspiran a imitarlos) sostengan al unísono la necesidad (suficiente o insuficiente) de la distribución primaria, injusta y desigualitaria de la renta que asigna el mercado capitalista, así como que todos los proyectos económicos (incluso los que dicen defender el trabajo) pasen por la satisfacción prioritaria de la renta del capital, no es sino una prueba de que impera el pensamiento único y totalitario en el mundo político, económico, o académico. Huelga decir que cuando los conservadores se comportan excepcionalmente, es para peor –alianza con el fascismo o progresiva identificación con él—, y cuando se ha tratado de indagar lo más mínimo el significado de la verdadera democracia, la social, el decreto y el golpe de Estado ha venido siendo su frustración en parlamentos y universidades.

En España, la experiencia indignada tampoco ha sido precísamente una excepción. Es más, el horizonte que la ha guiado –la democracia liberal norteamericana, en la que se elige todo, hasta el sheriff del condado—, ha logrado introducir parcialmente lo que es norma integral en la degenerada democracia liberal de los EEUU: la idea del consenso y sus nefastas consecuencias en multitud de organizaciones (así ha funcionado los degenerados movimientos ciudadano y estudiantil, entre otros), así como las primarias abiertas, que no son sino herramientas de dominación y control por el poder, han sido adoptadas por muchas organizaciones políticas. La teatralización de la democracia liberal ha sido un correlato proporcionado de tales "logros" en un lugar y en otro: en España, a diferencia de lo que sucede en los Estados Unidos, no son oligarcas capitalistas los que proponen sus candidatos, a través de los partidos demócrata y republicano, a la ciudadanía desclasada; son otros capitalistas los que lo hacen a través de los partidos emergentes nuevos, y de muchos de los viejos, que no son oligarcas –no al menos del IBEX35, desde 2007—, los socios de Atresmedia Corporación de Medios de Comunicación S.A., que han logrado convertirse más que nunca en los propietarios privados de los "verdaderos parlamentos", los que de verdad le importan a los ciudadanos, mucho más que los del Estado y demás administraciones públicas: la vergüenza detestable de los platós de televisión. Esto sí que es lamentable e impresentable...

La discrepancia reforma-revolución, pues, habiendo aclarado el error de atribución mencionado justo antes, y atribuyéndola correctamente al espacio al que hay realmente hay que atribuirla, esto es, esta discrepancia reforma-revolución para interés de quienes quieren y se plantean acabar con el capitalismo y no salvarlo, sigue vigente en la actualidad. Si no que se lo pregunten a lo más ideológicamente honrado de la tradición eurocomunista, es decir obviando a todo lo que de keynesiano y populista pudiera haber en las organizaciones, plataformas o coaliciones afines y/o sostenedoras de ella. Hablamos precisamente de la toma de partido por la reforma en ese debate, entonces.

Los comunistas tomaron otras muchas decisiones a lo largo de su historia. En el último cuarto del siglo XIX sabían que no podían quedarse al margen de lo que ocurría en un escenario que, por entonces, sirviendo de parloteo burgués, no dejaba de ser una oportunidad nada fácil de sacarle partido, estando todavía prohibido en la mitad de la Europa semifeudal y semiabsolutista. Sólo el transcurso del siglo después hizo replantearse seriamente esta cuestión, en lo que ya podíamos considerar un importante movimiento comunista inspirado en la obra y pensamiento marxista, y al que le llegaba su momento de gracia. La sección italiana del Partido Comunista, de la mano de los bordiguistas, fue partidaria de optar por una trayectoria particular, relativa a la postura considerada frente a la institución legislativa, distinta a la que propuso la rusa, formada en los planteamientos de Lenin.



LO QUE LOS COMUNISTAS NO PUEDEN HACER SUYO DURANTE MÁS TIEMPO, O LO QUE EL EEC HA INAUGURADO

"La estabilidad presupuestaria, consagrada constitucionalmente, es base para impulsar el crecimiento económico [...] crear oportunidades a los emprendedores [...] como para ofrecer seguridad a los inversores respecto a la capacidad de la economía española para crecer y atender nuestro compromiso [...]."
(Preámbulo del Boletín Oficial del Estado del lunes 30 de abril de 2012)

Se anunciaba, desde la institución monárquica, la necesidad del Estado español, en consonancia con el principio de la estabilidad presupuestaria (y con otros "derechos" que no menciona y que tampoco aspira a vulnerar para lograrlo) ya vigente en su Constitución, de reducir el gasto público, con el objetivo del crecimiento económico, o de facilitar el emprendimiento empresarial. En otras palabras, un reajuste fiscal, en el que se redirigiese la redistribución de renta hacia los capitalistas a costa, fundamentalmente, de minimizarla con respecto a los trabajadores. Y este reajuste fue finalmente integrado en la ley de mayor rango y mayor difícil modificación: la Constitución.

Esta predisposición de la Unión Europea, que llevó a los Estados a incorporar a sus sistemas legales los procedimientos de aplicación de reducción del gasto público dictados, marcó el inicio de un período crítico reseñable para la izquierda, en la socialdemocracia de contenidos, no de nombre, hace mucho fuera de ella.

La incorporación de tales procedimientos situaba a los programas reformistas, cada vez menos políticos y más electorales, en la tesitura de verse enfrentados con una legalidad escrita que ya no toleraba lo suficiente su aplicación, o verse abandonados de facto.

La marginación política de los comunistas nunca fue una decisión alternativa válida. Si Lenin dijo que "no hay nada más peligroso que rebajar en las épocas revolucionarias la importancia de las consignas tácticas estrictamente conformes a los principios", presumiblemente porque diluía rápidamente el liderazgo revolucionario de las masas, durante la revolución democrática, en el reformismo, podemos plantearnos igualmente peligroso el que sobrerrepresentar un nostálgico discurso revolucionario, y más aún, utilizarlo como recurso de diferenciación ineficaz del reformismo en épocas alejadas de la revolución, condene al aislamiento social y político.

Pero, en cualquier caso, el ciclo de crisis de la socialdemocracia reformista se cerró en el momento en el que sus representantes griegos renegaron definitivamente de sus programas, y sus representantes españoles guardaron un cómplice silencio anticipador de lo que serían sus comportamientos en una hipotética situación análoga a la de sus socios mediterráneos.

La esclavización a los planteamientos reformistas tampoco fue nunca una opción. Los comunistas griegos lo han demostrado, como el Partido Comunista de Rusia (bolchevique) (Sección de la Internacional comunista) lo demostró al romper con el reformismo belicista.

La hora de esta socialdemocracia parece haber terminado. Prefirió sustituir su autoproclamado cariz "radical" por uno de clases medias, y sintonizar con una perspectiva interclasista y nacionalista de la crisis del capitalismo liberal, que recuerda a la perspectiva adoptada por la mayoría del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) antes de la II Guerra Mundial, cuando el capitalismo se preparaba para la guerra y demandaba la colaboración de clases; los comunistas decidieron que era hora de continuar por su cuenta, pues. Prefirió aliarse con el populismo y el ciudadanismo, después de haber convivido durante tiempo con el liberalismo keynesiano, y se sumó al proyecto de falsificación y teatralización de la democracia burguesa.

La participación comunista en una farsa tampoco debe ser una decisión válida. Se puede rememorar al respecto la posición sostenida por el Partido Comunista de Italia (Sección de la Internacional comunista) entre 1921 y 1924.

Quisiera haber mencionado la Liga de los Comunistas al principio de este artículo, y su actitud crítica y dialéctica característica que fue construyendo el rico tejido histórico que hoy tenemos a nuestra disposición (algunas de cuyas hiladas he tratado de ilustrar por encima), para mencionar otra vez más, a continuación (y de paso hacer propaganda a tal prometedor proyecto de reconstrucción del diálogo comunista), al Espacio de Encuentro Comunista, que celebrará su III Asamblea durante los días 12 y 13 de marzo en la sede del Sindicato de Comisiones de Base (Co.bas) de Madrid. Ello sin olvidar una cosa, ni tampoco insinuar su contrario: a saber, el esfuerzo reflexivo y abierto que la lucha de clases demanda de los participantes del mismo, en un momento de especial debilidad histórica comunista en un mundo en donde el pensamiento único burgués, habiendo invadido y contaminado millones de conciencias (especialmente desde los años 90), amenaza ahora con violar todo tipo de independencia intelectual. El trabajo será arduo y difícil, y estoy convencido de que requiere de la reconstrucción de un sólido diálogo comunista que se me antoja analogar, aún con todas las excepciones que caben, con el de la Liga de los Comunistas.

Los comunistas del EEC han demostrado en su I y II asamblea que tomaron el camino correcto. Creo que cualquiera que esté siguiendo esta exposición sabe que no sólo lo digo por la tolerancia y voluntad unitaria entre los comunistas que participan y son parte de tal espacio. Si en este artículo se ha hablado del debate reforma-revolución, ha sido principalmente por varios motivos, entre los que se encuentran mi consideración y recordatorio del enorme error en el que se cayó en el pasado al identificar revolución social con una insurrección ausente siquiera de signo proletario alguno o directamente con el mero golpismo derechista, así como la intención de ejemplificar algunas de las decisiones históricas comunistas (esta, en particular, ya superada desde la implantación del pensamiento de Marx en el planteamiento comunista desde su ingreso en la Liga). Pero entre esos motivos por los que hablé de dicho debate no está el de hacer proselitismo alguno de la reforma, porque los comunistas del EEC saben de sobra de la necesidad de la acción revolucionaria de la clase trabajadora y de la necesidad de transgredir el código legal burgués; necesidades que siempre fueron consecuencia lógica del factual origen económico antidemocrático-capitalista de la desigualdad social y del poder que lo provoca, y no del colectivo político propiamente dicho ni del Estado, aunque sus leyes lo autorreferencien como origen de la misma, y los desclasados postmodernos hagan algo parecido pero con la cultura.

El paso a la "concentración en lo clandestino" (como me da por llamar a la ruptura definitiva con el Estado burgués a mí, que me he recreado en la idea de que es necesaria, en general, una simbiosis de ambos planos del trabajo político de los comunistas), más aún, una reunificación organizativa que permita liderar tal proceso, ha de ser, tal y como lo ve el que está escribiendo este mediocre artículo, batido y rebatido constantemente para no caer en los errores pasados, hasta que se den unos condicionantes que lo permitan. Hasta que se consolide una auténtica cultura de relaciones fraternales en la que no sea posible más que retroalimentarse, utilizando la rica historia y experiencia comunista. No dejando ningún monolito dogmático que sirva para que los enemigos de clase utilicen como palanca.

El camino de la constitución del Partido Comunista no comienza desde la situación relativamente fácil de 1917. Marx y Engels, cuando dan vida a la Liga de los Comunistas, están dando vida a un espacio reflexivo, crítico y con voluntad de lucha y camaradería. Estaban dando vida al Partido Comunista, el partido de la revolución socialista y del comunismo, cuya necesidad para explicar al proletariado el motor de la historia, el papel central que él mismo juega en ella en este estadio histórico de la humanidad o el modo de llevar a cabo lo que pide y desea, que lo demuestra en sus explosivos momentos de lucidez de clase (el control de los medios de producción, durante los episodios de incremento efímero de la violencia revolucionaria: huelgas, ocupaciones de empresas, creación de Consejos democráticos de Trabajadores, expropiaciones de propiedades privadas, etc), proclamarían tan sólo un año después.

Ese es el reto que el Espacio de Encuentro Comunista, a mi juicio, tiene por delante, que ha comenzado a conquistar poco a poco, y que ha de continuar edificando con cierta paciencia en la III Asamblea, para superar esta coyuntura en la que pareciera –y sólo pareciera— que se anda un siglo desfasados en cuanto a la madurez estructural del capitalismo (falta de margen de maniobra de los Estados, agotamiento socialdemócrata europeo, ruptura comunista griega, pequeña burguesía en crisis, catalización del saqueo a la clase trabajadora, etc) con respecto a la cohesión, coherencia y fuerza que debiera de caracterizar a los comunistas.

lunes, 30 de noviembre de 2015

El Estado Islámico: una distorsión ideológica de la justa rebelión de los pueblos árabes


Por Manuel Medina [publicado en Canarias-semanal el 27 de noviembre de 2015]


Durante el Medievo, muchas reivindicaciones sociales se encubrieron en influyentes corrientes religiosas, que lograron la movilización de importantes sectores populares. En no pocas ocasiones, estos movimientos fueron auspiciados por los intereses de determinados príncipes y aristócratas que, hábilmente, intentaban imponer sus aspiraciones materiales o territoriales apoyándose en el descontento popular.

En las rebeliones campesinas de la época medieval, la religión desempeñó un papel decisivo en la organización de los oprimidos. No se trataba, en la mayoría de los casos, de tendencias de carácter "progresista", en el sentido que hoy podríamos entenderlas. Frecuentemente los vértices ideológicos que servían como detonante movilizador de las masas tenían un sesgo profundamente reaccionario. Pero el descontento popular llegaba a tales límites que los grupos sociales rebeldes terminaban convirtiendo las motivaciones religiosas en símbolos de sus furibundas asonadas campesinas.

Después de la Segunda Guerra Mundial, en la inmensa mayoría de los casos, los movimientos de liberación colonial tuvieron un carácter netamente progresista. Los hombres que encarnaron la rebelión de los pueblos durante las décadas de los 40, 50 y 60 del pasado siglo - Nasser, Nkruma, Lumumba... - optaron desde el primer momento no sólo por liberar a sus países de la colonización europea, sino también por hacer avanzar a sus respectivos pueblos por la senda de la liberación social y económica. No parece ser esa hoy la dirección que ha tomado la resistencia árabe contra la violenta recolonización occidental.

A partir de la catastrófica implosión de la Unión Soviética en la última década del siglo XX, los regímenes políticos resultantes de la lucha descolonizadora de los años precedentes fueron sometidos a los efectos de conspiraciones, complots e injerencias de todo tipo, no sólo por parte de los Estados Unidos, que no ya no tenía enfrente ninguna potencia militar que pudiera neutralizar sus irresistibles tendencias expansionistas, sino también por el antiguo imperialismo europeo, que deseaba resarcirse de las derrotas del pasado, recuperando su histórica influencia sobre las antiguas colonias, a las que hoy intenta de nuevo someter a un proceso de recolonización.


EL ESTADO ISLÁMICO, LA EXPRESIÓN DISTORSIONADA DE LA REBELIÓN DE LOS PUEBLOS ÁRABES

Hace tan sólo un año, se anunciaba la constitución del llamado Estado islámico. Según sus portavoces, el ISIS aspira a convertirse en un Califato que extienda sus dominios hasta el norte de África.
Parece preciso recordar que esta organización armada no apareció como resultado de un mágico ensalmo nacido de la nada. Su embrión se nutrió de los efectos de la brutal ocupación de Irak por parte de los Estados Unidos y sus aliados, cuyo resultado final fue de más de un millón de muertos. Durante casi tres lustros, el poderoso aparato militar estadounidense ha estado machacando sistemáticamente a ese país con el claro objetivo de proceder a su fragmentación. Otros Estados del área han sufrido intervenciones similares. Tales son los casos de Afganistán, Yemen, Pakistán y Siria. En todos, el objetivo final de la Alianza Atlántica ha sido el mismo.

La OTAN ha intervenido en Oriente Medio utilizando las técnicas más sofisticadas de la tecnología militar, que les ha permitido atacar letalmente a esos territorios, sin que sus ejércitos experimenten apenas bajas humanas. Desde la confortable seguridad de sus bases militares ubicadas en los propios Estados Unidos, se procede a la liquidación calculada de poblaciones enteras situadas en los países considerados como "enemigos". Se trata de una novísima modalidad bélica, en la que el Ejército atacante ni siquiera hace acto de presencia en el escenario de guerra. ¿Cómo puede, entonces, extrañar que las réplicas de los atacados tomen forma drones humanos, desplazados para ocasionar daños similares en los lugares donde se originan los ataques?

Pero en su finalidad disgregadora de los Estados todavía realmente existentes en Oriente Medio, los EEUU y sus aliados europeos no sólo han utilizado su poderosa infraestructura militar para lograr desaparecerlos del mapa. Han patrocinado, además, a grupos religiosos ultrareaccionarios para lograr un efecto multiplicador en su tarea desarticuladora de todo lo que en esa área del mundo signifique la existencia de un Estado organizado y soberano. Ese es otro de los factores que explican el rápido desarrollo y fortalecimiento que ha logrado el ISIS en apenas un lustro.

El Estado Islámico se alimenta del sentimiento pavoroso de derrota que sufren los pueblos de cultura islámica. Pero su carácter profundamente reaccionario, que paradójicamente busca sus fuentes ideológicas en las Monarquías feudales, teocráticas y pro occidentales del Golfo Pérsico, lo atrapan en una contradicción fatal que terminará provocando su merecida derrota. Y con ella, desgraciadamente, también la de los sufridos pueblos árabes.
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Nota editorial:  Los grupos religiosos ultrareaccionarios y fundamentalistas referidos, esos que fueron patrocinados por EEUU, la UE y las monarquías absolutas del golfo pérsico, recibieron sus armas y sus recursos económicos de ellos (la propia BBC lo reconoce). Es el caso del Estado Islámico, cuya común y pretendida evasión en muchas bocas de mencionarlo, conviene recordar que alude al hecho de que la comunidad internacional -sólo faltaba- no reconoce ese autoproclamado Estado, pero no oculta la realidad de que, de cara al territorio que controla, al organizado sistema impositivo que utiliza -estos islamofascistas cobran un impuesto peor que la Yizia, que disicrimina no ya a los no musulmanes, sino incluso a los sunnitas que no pertenecen a su secta particular-, a las instituciones políticas que lo conforman, y al enorme poder del que dispone (propiedad de los yacimientos petrolíferos, que son comprados por los oligarcas capitalistas turcos), el capitalismo norteamericano y europeo y el occidente de la comunidad internacional ha creado un verdadero Estado totalitario.

Algunos de los grupos constituyentes de cierto proyecto golpista que, al calor de la "primavera árabe" (que inauguró toda una guerra de cuchillos y gargantas), en favor de la oligarquía capitalista norteamericana y europea, y con el respaldo de sectores importantes de la "izquierda" peninsular ibérica [1], terminó por llamarse Ejército Libre Sirio, como es el caso del Movimiento Hazm, convenientemente disfrazado de "oposición moderada" [2] al gobierno sirio, colaboraron con grupos islamistas fundamentalistas como Jabhat Al-Nusra [3], una organización terrorista [4] a la que Estados Unidos y Turquía se niegan combatir. Nótese, a este respecto, la contínua evasión de la responsabilidad que hace el Presidente de la República Francesa François Hollande, cuando el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, insiste en los bombardeos que la Fuerza Aerea Rusa ha realizado en la frontera sirio-turca (territorio controlado por el grupo terrorista Al-Nusra) [5].

[1]: Declaración de apoyo a la "primavera árabe" siria, firmada por intelectuales prominentes de la "izquierda". Extraído de Rebelion.org.

[2]: "El primer grupo rebelde sirio en recibir armamento de los Estados Unidos colapsó este domingo [1 de marzo de 2015] después de haber perdido el control de sus cuarteles generales a manos de la principal filial de Al-Qaeda en Siria [Jahbat Al-Nusra]". "Combatientes de Nusra se jactaban en Twitter de que habían tomado el control de misiles antitanque TOW de fabricación estadounidense". "El colapso se produce mientras el Pentágono se embarca en un nuevo esfuerzo para entrenar a los rebeldes moderados [...]". "Hazm, que una vez afirmó tener 5000 combatientes, había recibido armas de Estados Unidos bajo un programa lanzado el pasado año por la CIA que fue pensado para reforzar a los rebeldes moderados y ejercer presión sobre el presidente Bashar Al-Assad". Extraído de The Washington Post.

[3]: "El Movimiento Hazm dijo a principios de esta semana [julio de 2014] que ya no trabajarían más con el Frente Al-Nusra". "Aunque es una filial de Al-Qaeda en Siria, otros rebeldes sirios lucharon junto a sus combatientes, argumentando que estaba dominada por combatientes sirios - a diferencia de los extranjeros del Estado Islámico". Extraído de news.yahoo.com.

[4]: Vídeo de actos terroristas cometidos por (según indican los difusores del mismo) Jahbat Al-Nusra, la organización que fue aliada de grupos integrantes del Ejército Libre Sirio como el Movimiento Hazm, que recibió armamento norteamericano con el objetivo de derrocar al gobierno sirio. Extraído de RT.

[5]: Rueda de prensa entre François Hollande y Vladimir Putin.

Enlace de la fuente original

lunes, 16 de noviembre de 2015

Algunas reflexiones sobre mujer y movimiento de clase

Por Mariola García Pedrajas

NOTA PERSONAL DEL AUTOR DE ESTE BLOG: me dispongo a dar difusión y a reproducir el artículo de reflexión de Mariola García Pedrajas, a quien le pido disculpas, si es que debo hacerlo, por alguna molestia que le pueda ocasionar el que yo me haya tomado la libertad de publicar su artículo en mi pequeño y desconocido espacio virtual, sin haber avisado antes.



A propósito de alguna de las cuestiones aparecidas en el mismo, siempre me ha generado problemas teóricos el existente componente ideológico reaccionario de los movimientos ciudadanos en la actualidad.

Los conocí antes por su condición innecesaria (pero efectiva, tras la decisión de no combatirla y tras la decisión de la izquierda de no crear conciencia de clase) de que eran movimientos de la pequeña burguesía, asustada de perder su posición en la jerarquía del sistema productivo capitalista. En esto no tengo dudas de nada: por eso, estos movimientos de ciudadanos indignados, una vez las políticas del PP comenzaron a repercutir en el reparto de los puestos de trabajo, en un aumento de la tasa de consumo, en una recuperación de la financiación del mismo, y en una recuperación del beneficio empresarial (quizás sólo de las grandes empresas), vaciaron las calles y se desinflaron tan rápidamente como lo hizo la burbuja financiera que, significando su pinchazo la paralización del crédito y por tanto de la actividad capitalista y la caída del beneficio, motivó a salir a las calles en su día los principales afectados por la explosión: los demandantes de financiación, sobre todo clases medias. A esta burguesía protagonista de los movimientos de ciudadanos indignados, siempre le importó un carajo las condiciones de los puestos de trabajo que se repartían, o que para "incentivar el consumo" se prepare la siguiente burbuja financiera y la siguiente crísis capitalista, o que el que "mejoren las empresas" (que aumente la renta capitalista de la burguesía industrial y comercial: el beneficio empresarial) se consigue/se ha conseguido haciendo que empeoren las condiciones de vida de los trabajadores (en definitiva, que su renta laboral, la salarial, disminuya hasta lo miserable).

Para quien tenga dudas, que no piense en los desclasados conceptos de "clase baja", "media" o "alta": que la pequeña burguesía pueda tener bajos niveles de renta, no niega en ningún caso la realidad de que este gobierno de la oligarquía capitalista, formado por la gran burguesía financiera e industrial, que sabe que necesita mantener erigida a toda la pirámide que tiene debajo de sí, ha establecido exenciones de impuestos, de cotizaciones a la Seguridad Social, subvenciones y demás, a los burgueses (aunque sean pequeños empleadores y su renta no les llegue, si es que es el caso), mientras la relación entre la Seguridad Social y el trabajo, a diferencia de la misma con el capital, es bien distinta: se ha flexibilizado el mercado laboral, se han eliminado las prestaciones por desempleo, se han reducido las pensiones y, en definitiva, se ha reducido el flujo de renta desde la Administración Pública a la clase trabajadora, mientras los esfuerzos se concentran en aumentar los flujos de renta hacia el capital.

Pero ya me estoy yendo por las ramas. Después del papel reaccionario llevado a cabo por los movimientos de ciudadanos indignados, caí en la cuenta de que un movimiento de ciudadanos en defensa de las libertades civiles, democráticas y políticas, no es negativo en sí mismo, intrínsecamente, bajo ningún concepto. Es una necesidad, para la propia clase trabajadora, en el ejercicio de su papel social y político en búsqueda de la emancipación. Cosa que nada tiene que ver ni con movimientos 15-mayistas, ni con movimientos 5 estrellas, ni nada que se le parezca.

Es mi opinión, la necesidad de la articulación de un movimiento democrático ciudadano y por las libertades, pero ello NUNCA debe significar la disolución del movimiento obrero en el movimiento ciudadano: para lo que no se puede otorgar el papel de "anticapitalista" a elementos que forman parte precísamente de los explotadores capitalistas, y que están incluídos falazmente en pretendidos "noventainueves" porcientos, cada uno de su nacioncita (España, Italia, Ucrania...).

¿Y por qué menciono todo esto del movimiento ciudadano y el movimiento obrero? Porque el pensamiento postmoderno y demás teorías aborrecibles acerca de la supuesta "fluidez de la realidad" y del "cambio social" (neoreformismos frustrantes de aspectos minúsculos de la realidad, que parten de las victorias/fracasos parciales de los grandes intentos históricos de transformación social en lugar de un adecuado exámen crítico de los mismos), son las que han fundamentado de raíz este movimiento de ciudadanos en los términos anteriormente señalados como reaccionarios, tan antagonistas del movimiento de clase trabajadora. Son estas teorías, adoptadas por lo peor de la izquierda, las responsables de que el cambio social quede reducido a una cuestión banal, trivial e intrascendente: niegan el cambio social, a mi parecer. Tratan de quitarle hueco a las teorías que desean transformar de raíz las relaciones sociales y las estructuras sociales, y acaparan la atención de los intelectuales y estudiosos en, digámoslos así, cualquier chorrada que se le pueda ocurra a uno. Por alguna razón, pues, todas las escisiones pasadas de la ya moribunda IU, por la derecha, de tantas y tantas tendencias del movimiento ecologista, por ejemplo.

En esto, el artículo que, sin extenderme ya mucho más, tienen a su disposición inmediatamente después, se me presenta personalmente como de un valor incalculable, porque permite entender el movimiento feminista desde una perspectiva no desclasada y postmoderna sino de clase, que no diluya la reivindicación de la necesidad de destruir el capitalismo ni busque integrar a algunas mujeres en los, como bien dice la autora, "círculos políticos, económicos y culturales del capitalismo", limitando el horizonte vivencial de la mayoría de las mujeres al mundo del esclavismo moderno del trabajo asalariado, y no al de la liberación de las relaciones sociales capitalistas.

Hay mucho que aprender de este artículo. Quizás se pueda extraer pistas sobre cómo abordar otros problemas sociales sin restar contenido revolucionario al proyecto de construcción del socialismo.

Dicho lo que quería, ahora lean de manera laica el brillante artículo con el que les dejo.

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El movimiento de clase surge dentro de un entorno social determinado, al cual no es inmune y que determina en parte las cuestiones que éste se plantea. Una de esas cuestiones, influenciadas por el entorno social, es la relativa a cómo se integra la mujer en el mismo. Una, aquejada de un fuerte sentimiento de igualdad, tiene la tendencia a responder, pues con la misma naturalidad que un hombre, bajo las mismas reglas. Pero soy consciente que cuando planteamos esta cuestión estamos considerando una serie de aspectos que, aunque relacionados, pueden ser tratados separadamente, y que es necesario abordar. Estaría por una parte la cuestión de cómo se analiza la desigualdad de la mujer desde una perspectiva de movimiento de clase y por otra, cómo se trabaja por la igualdad dentro del propio movimiento en un entorno social que no es precisamente propicio.

Quisiera compartir algunas reflexiones sobre elementos que considero debemos tener en cuenta cuando abordamos estas cuestiones. Análisis de clase frente a feminismos (clasistas) interclasistas Tafataona Mahoso en su artículo “Cómo Estados Unidos controla la ‘sociedad civil’ a lo largo y lo ancho de África”(1), citando al Profesor Issa Shivji de la Facultad de Derecho de Dar es Salaam destaca las enormes dificultades para que surja un liderazgo en África que haga un verdadero cuestionamiento del imperialismo, ya que éste ha de surgir de un mundo y un contexto donde el terrero ha sido socavado y pavimentado por el propio imperialismo. Por lo tanto considera que la primera labor es recuperar el suelo africano, levantando el pavimento de esa senda construida por la supremacía blanca, el colonialismo y el imperialismo. Observando el panorama actual, no puedo menos que pensar que el análisis feminista de clase tiene que surgir igualmente en un contexto en que el terreno ha sido socavado y pavimentado por el propio sistema capitalista, y que es pues uno de esos temas, uno más, donde el movimiento de clase tendrá que levantar ese “pavimento ideológico” erigido y mantenido por sus enemigos de clase, para recuperar el terreno donde poder construir su propia senda.

El discurso feminista actual considerado “de izquierdas” es decididamente interclasista, hasta el punto que en el mismo el término “mujer” ha llegado a cumplir la misma función que el termino ciudadano, esconder la realidad de la división, también de la mujer, en clases sociales. Es además un feminismo en el que el análisis de la desigualdad de la mujer se enmarca en un contexto poco menos que de ocultación o negación de otras desigualdades sociales. Si ese discurso es adoptado por las mujeres de la clase trabajadora no nos puede llevar por otra senda que la de convertirnos en enemigas de otros grupos sociales explotados por el capitalismo.

Un ejemplo típico de ese feminismo de las ciudadanas se puede encontrar en el artículo que estos días publicaba en Público Lidia Falcón, en el que habla de la participación de su partido en Ahora en Común (AeC) y pretende abroncar a las mujeres en política por no usar un discurso de defensa de las mujeres (2). Ante las continuas referencias a la “defensa de las mujeres” yo no puedo evitar preguntarme, ¿las mujeres de qué clase? Veamos un ejemplo de en qué contexto enmarca Lidia Falcón las diferencias económicas dentro de la categoría “mujeres”: “¿Es mucho pedir que los partidos políticos dediquen algún esfuerzo para idear y prometer proyectos que contribuyeran a remediar tal estado de cosas? Sería muy de desear que sobre todo las mujeres dirigentes de esos partidos mostraran alguna sensibilidad respecto a la situación de sus hermanas bastante más desfavorecidas que ellas, en vez de pretender, en una competencia patética, imitar a sus colegas masculinos repitiendo los latiguillos y eslóganes sobre los temas internos de partido y las polémicas que los separan, y dedicaran algo de su tiempo a idear planes para sacar a sus conciudadanas de la pobreza, la marginación y la violencia en que el patriarcado las hunde. Aunque solo fuera por fingir que les importan mientras dure la campaña electoral.”

El movimiento de clase no apela a la buena voluntad de los explotadores o sus agentes, el movimiento de clase es la clase trabajadora organizada para luchar contra ellos, para arrebatarles el poder y acabar con la explotación de clase. El movimiento de clase entiende que el motor de la historia es la lucha de clases ¿Hay algo de ese espíritu en las palabras de Lidia Falcón? Evidentemente no. Margaret Kimberley, editora y columnista del medio de comunicación estadounidense Black Agenda Report, afirma refiriéndose a los liberales de su país que éstos están dispuestos a llegar en sus denuncias solo hasta donde sea posible hacerlo sin hablar de explotación de clase. Este feminismo se permite hablar de patriarcado pero no de capitalismo y la sobreexplotación a la que éste somete a la mujer de clase trabajadora. Es una visión que, al igual que todos los movimientos fomentados por esta tan vieja nueva política, se enmarca perfectamente en la tradición liberal estadounidense.

En esta visión del mundo, el motor del cambio social no son nunca los explotados organizándose para luchar contra sus explotadores, sino una clase educada con más sensibilidad social, que muestra más humanidad. El cambio se busca pues a través de la apelación a la conciencia de elementos más o menos privilegiados de la sociedad para que muestren más humanidad. Quizás hemos de entender que el hablar de pobreza o marginación lleva implícita una crítica al sistema económico, pero contra qué se lucha y los objetivos de la lucha han de expresarse claramente no dejar que los “sobreentendamos”. Hablar de pobreza o marginación no significa absolutamente nada, lo importante es qué lucha propones contra esa pobreza y marginación. Este feminismo, al convertir a la mujer en una categoría transversal, como la de ciudadano, nos lleva a un auténtico batiburrillo de cosas por las que tenemos que luchar juntas; tanto contra la pobreza y la marginación de las mujeres como por incrementar la presencia de mujeres en los espacios del capitalismo, en sus círculos políticos (de gestión del sistema), económicos (de explotación capitalista) y culturales (de entretenimiento para consumidores y consumidoras con poder adquisitivo dentro del sistema capitalista). Al parecer se trata de una lucha que abarca todos los aspectos de los “derechos humanos de las mujeres”. Los que según veo incluyen tanto que las muy favorecidas puedan llegar a ser presidentas de un banco, y hasta del imperio estadounidense, como que las muy desfavorecidas coman y tengan techo, no gracias a su lucha para arrebatarles el poder a quienes las explotan sino por la buena voluntad de las favorecidas.

Me doy cuenta que una idea que juega un papel relevante en estas propuestas de lucha, y este feminismo así lo asevera de manera regular, es que la mera presencia de más mujeres en los círculos de poder y gestión (capitalista) les va a dar otro aire, una visión de mujer, que va a resultar muy beneficioso para las mujeres en su conjunto. Considero que esa mentalidad es tremendamente perniciosa. Uno de los medios de comunicación a los que acudo de manera regular es Black Agenda Report. El objetivo de este medio estadounidense es proporcionar noticias, información y análisis con una visión de izquierda negra, toda una declaración de intenciones. Evidentemente dedican un gran espacio a analizar el papel del racismo, pero a diferencia de otros medios lo hacen desde una perspectiva que solo podemos considerar de clase, incluyendo unos elementos que aprecio enormemente. Por una parte son plenamente conscientes que la presencia de caras negras en los círculos del poder no solo no ayuda necesariamente a mejorar la situación de la mayoría negra sumida en la explotación y la marginación, sino que a menuda juega un papel muy negativo para esta. En este sentido, critican duramente a Obama y a una clase política negra al servicio incondicional del sistema capitalista. Ponen de manifiesto como la victoria de Obama, y el comportamiento de la clase política negra, han tenido un impacto muy negativo desactivando la lucha de la población negra contra su explotación y marginación. Por otra parte resaltan que el racismo que permea la sociedad estadounidense es general, no pretendiendo como hacen los liberales que se reduce a ese tan obvio de lo que llaman basura blanca, es decir, a un problema de una clase de bajo estatus socioeconómico.

El racismo de la “clase media” blanca estadounidense se ve claro cuando se tiene en cuenta que Obama se ganó su corazón, y sus votos, con una campaña en la que básicamente pretendió que la sociedad estadounidense ya no era racista, y que si juzgaba mal a una gran parte de la población negra no era por el color sino porque ésta, en vez de trabajar para ser parte del “sueño americano”, se mantenía a sí misma en la marginación y la delincuencia. Como destaca Black Agenda Report, al votante negro no había que ganárselo, siguiendo esa mentalidad tan perniciosa, el mero hecho que Obama fuera negro desactivaba su sentido crítico. Como indica Glen Ford, uno de los editores jefes de este medio, el objetivo de un movimiento revolucionario es confrontar al poder, no se pueden dedicar todos los esfuerzos una y otra vez a simplemente poner caras negras en los círculos políticos, económicos y culturales del capitalismo. Personas que en el mejor de los casos carecen de la formación, la convicción y la fuerza necesarias para ir más allá de la mera retórica o la propuesta de medidas cosméticas que nunca van a lo esencial. Esa profundidad de análisis es la que me gustaría ver en el tema de la mujer en el movimiento de clase. Quiero dejar claro que aquí no se pretenden juzgar las motivaciones de las mujeres que adoptan estas posiciones feministas que pretendo exponer, que en algunos casos serán de mero oportunismo político o postureo feminista, pero en muchos otros pueden ser de lo más honorables. Aquí lo que se juzga es que ese tipo de feminismo es totalmente contrario al que debe plantearse desde una perspectiva de clase.

Las únicas motivaciones que sí me interesa analizar son las del propio sistema capitalista cuando promueve la idea que esta es la batalla más radical que puede plantearse por la igualdad de la mujer, cuando intenta asegurarse que no haya espacios que vayan más allá. Veamos otro ejemplo del feminismo que aparece en Público, un artículo donde se recoge las palabras de Laura Freixas en el seminario Virginia Woolf: huerta, jardín y campo de batalla (2): “Las mujeres encontramos en Virginia Woolf algo que es un tesoro, en su trabajo hay algo que es escaso y, por tanto, valioso y muy útil para las mujeres, algo que no suelen hacer los escritores hombres y es que ella ilumina las experiencias de las mujeres, lo que no han tratado los hombres porque no las conocen”. Vaya, pues sí que deben ser pobres las experiencias de los muchos millones de mujeres que en el mundo somos, y los muchos más que han sido, cuando pueden ser “iluminadas” por una única mujer, de la burguesía precisamente. Siempre que me encuentro afirmaciones de este tipo me apuesto conmigo misma que lo que viene a continuación va a tener poco que ver con mi experiencia. Es una apuesta que de momento nunca he perdido. De todas formas en este texto encontré algo que me pareció muy interesante y que me va a permitir introducir el segundo elemento del que hablaba en ese análisis feminista que considero debemos evitar, el no enmarcar la desigualdad de la mujer en el marco amplio de sociedades profundamente desiguales, sino de negación de otras desigualdades de las que igualmente se alimenta el sistema capitalista.

Laura Freixas, que según afirma lleva muchos años estudiando a Virginia Woolf, dice haber descubierto en los últimos años algo que no le gusta mucho de ella. “Reconozco que he descubierto su clasismo y eso no me gusta.” “En su obra eso se ve en el tratamiento a las criadas, es condescendiente. Llega a decir que si cayera una bomba y les matara a ellos en lugar de a los criados… Esa convicción de que ellos valían más humanamente por ser de clase alta y por ser cultos es lo mismo que el machismo.” Resulta llamativo que Laura Freixas haya tardado tanto en darse cuenta que Virginia Woolf adolecía del clasismo típico de su clase burguesa pero en cualquier caso, bravo por el análisis que contiene la última frase. Virginia Woolf, lo mismo que otras mujeres de la burguesía o la pequeña burguesía, pueden haber dicho algunas cosas de interés en el tema del feminismo, pero precisamente esa es la cuestión que “esa convicción de que ellos valían más humanamente por ser de clase alta y por ser cultos es lo mismo que el machismo”. 

Siempre he sentido un profundo rechazo por lo que el machismo hace a las mujeres, tan lejos como puedo recordar ha sido así. Pero eso no me llevado a través de los años a posturas de “solo mujeres” o “las mujeres somos mejores”, es decir, a una autoafirmación femenina de mentalidad pequeñoburguesa, sino por una senda muy distinta. Mi detector de clasismos lo tengo en perfecto estado, en tan buen estado como tengo el detector de machismos. Así que lo expresado por Laura Freiras respecto a la similitud entre clasismo y machismo hace mucho tiempo que lo descubrí, haciéndome completamente impermeable al feminismo de mentalidad burguesa o pequeñoburguesa. En muchas fuentes se pueden encontrar elementos de interés, incluso en fuentes de la derecha, sobre la desigualdad de la mujer, pero en última instancia nuestro análisis tiene que estar animado de un espíritu completamente distinto. Otras cosas he visto a través de los años. Por una circunstancia personal tuve una relación cercana con un grupo de personas de Kenia, la mayoría al igual que yo procedentes del medio rural. No me costó ningún trabajo entender cómo vivían (sufrían) los ridículos comportamientos eurocéntricos.

El eurocentrismo, los sentimientos de supremacía blanca, trata a los pueblos no occidentales en gran medida como el machismo a la mujer. Esa es la senda por la que me ha llevado mi antagonismo con el machismo, a ser profundamente sensible al tema de las desigualdades, o dicho de otro modo, a un hondísimo disgusto ante cualquier análisis de la realidad que se asiente sobre visiones supremacistas. A donde creo que debía llevarme como mujer de clase trabajadora con conciencia de clase. Vivimos en sociedades que tienen fuertemente arraigados sentimientos de supremacía, de superioridad, por cuestiones de sexo, nivel socioeconómico, cultura, raza. El capitalismo se alimenta de esto. Si nos centramos en analizar y denunciar únicamente los sentimientos de supremacía por cuestión de sexo negando en la práctica la existencia de los demás, nuestro análisis no tiene ningún valor desde una perspectiva de clase. Esta posición impide la búsqueda de entendimiento con aquellos que también sufren desigualdad y explotación, debilitando la lucha, y nos lleva casi irremediablemente a caer en la trampa de ayudar en la demonización, o como mínimo presentar bajo una luz lo más negativa posible, a otros grupos sociales que el capitalismo quiere explotar sin restricciones; los hombres de la clase trabajadora, los hombres del aquellos países bajo la explotación imperialista. El empeño que el sistema capitalista pone en hacerles mala prensa a aquellos cuya fuerza de trabajo y recursos quiere explotar debería ser suficiente para que entendamos el papel tan importante que esto juega en allanar el camino a la lucha por sus intereses de la clase capitalista. Como mujeres de clase trabajadora, ¿vamos a participar en esto?

El discurso feminista del que hablo está totalmente contaminado con el clasismo de la pequeña burguesía, en el caso de algunas prominentes “iluminadoras del universo femenino” ni tan pequeña. De los análisis que se hacen con frecuencia se desprende que las mujeres de clase trabajadora, término que tiende a desaparecer sustituido por “desfavorecidas”, “la más vulnerables”, necesitan un extra de protección feminista, ¿debido a su sobreexplotación dentro del sistema capitalista? ¡No! ¡Qué va! Un extra de protección frente a sus hombres. ¿Existen concienzudos estudios que demuestren que los hombres de la clase trabajadora son más machistas y que conforme se asciende en la escala social (económica) el machismo va disminuyendo? ¿Estudios que en tanto que concienzudos apliquen un factor de corrección para tener en cuenta las diferencias en cuanto a la dureza en las condiciones de vida de las distintas clases sociales? ¿Qué consideren las formas mayoritarias que adopta el machismo en distintos entornos sociales para no subestimar unos machismos frente a otros? No lo veo probable, para acometer semejantes estudios haría falta partir de una mentalidad totalmente ajena a aquellos que los podrían llevar a cabo. Pero tampoco pasa nada, el feminismo de inspiración pequeñoburguesa no los necesita, ya obtiene todas las respuestas que necesita de eso que tan bien define a su clase, sus prejuicios clasistas.

Si hago referencia a todo esto es porque quiero poner de relieve lo importante que es para el movimiento de clase hacer un análisis propio y totalmente ajeno al feminismo de mentalidad pequeñoburguesa. Si una mujer que considera tener conciencia de clase se muestra extremadamente sensible a las actitudes machistas, pero en absoluto a estas actitudes clasistas frente a la clase trabajadora debería plantearse por qué. ¿Se ha dejado influenciar por ese feminismo donde como digo el término mujer cumple la misma función que el de ciudadano en lo movimientos ciudadanistas, esconder la división de la sociedad en clases sociales y que esto va pues de una lucha de clases? ¿Habla de clase trabajadora como retórica pero no es inmune al clasismo pequeñoburgués considerando que hay una clase intelectual, de mejor estatus social y económico, que es más feminista, más ecologista, y más todo lo progresista? He ido descubriendo que la izquierda revolucionaria, el comunismo, también tienen sus lugares comunes. Si hacemos un análisis que en el fondo poco se diferencia del que podemos encontrar en cualquier organización interclasista con aspiraciones electorales, o cualquier movimiento de autoafirmación de mujeres acomodadas, para luego aderezarlo con términos como burguesía, proletariado, obreras, el resultado es de una transparente superficialidad. De esos que nos hacen parecer adolescentes intentado pasar por los malotes y las malotas de la clase, y no personas adultas que comprenden a lo que se enfrentan y la enorme dificultad de encontrar formas efectivas de luchar contra poderes tan agresivos.

En resumen, mi propuesta es que debemos hacer un análisis sincero, profundamente honesto, de cuál es la situación de machismo en la sociedad en general y en nuestra clase. Un análisis propio, totalmente enraizado en la perspectiva de clase, que busque un entendimiento certero de cuál es nuestra realidad social y sobre el que se puedan articular las luchas para cambiarla. Y mi opinión es que tal análisis no puede surgir de ninguna mentalidad feminista pequeñoburguesa de autoafirmación y exclusividad femenina. No puede salir de ahí porque lo que así se organiza lleva implícitas las conclusiones que va a generar. El único papel que tiene reservado ahí el hombre es el de recibir los correspondientes adjetivos (epítetos) y agachar la cabeza en vergüenza. Realmente en mi experiencia este feminismo a las mujeres que no compartimos sus postulados nos reserva igual papel, y se muestra incluso más agresivo con nosotras ya que frente a nosotras no se puede erigir en portavoz de “las mujeres” y no nos pueden despachar con un simple ¡machistas! Nada de esto nos sirve para articular estrategias que sean útiles para la transformación social que buscamos.

Tal y como yo lo veo la tarea que tenemos por delante es ardua y una de las cosas que hemos de tener muy presente es para quién hablamos y cuáles son nuestros objetivos. No hablamos para que nos entreviste las del estilo de Ana Pastor o el Wyoming, y agradar a aquellos y aquellas que dispensan los sellos de calidad progresista. Nuestro objetivo es la transformación social real no el postureo feminista. En este tema, como en todo lo que hagamos, vamos a necesitar grandes dosis de valentía moral. La lucha por la igualdad dentro del propio movimiento A la pregunta de cómo se trabaja por la igualdad dentro del propio movimiento mi tentación es responderla simplemente con un, no sé, ¿practicándola? Ya sé que no es tan simple, aunque también considero que sí es posible trabajar por la igualdad dentro del movimiento, si es que los que lo integran lo desean sinceramente.

Recientemente, leyendo sobre los movimientos sindicales que se están dando en Sudáfrica, donde una parte de los mismos empieza a hablar claramente de luchar por el socialismo, acabé encontrando información sobre el Partido Comunista Sudafricano (South African Communist Party, SACP, en inglés) en la época en que se luchaba contra el Apartheid. No voy a hablar de en lo que se acabó convirtiendo el SACP, atacado desde todos los frentes por el capitalismo, eliminados, físicamente si era necesario, sus elementos más ideologizados, promovidos sus elementos más oportunistas, y el papel tan nefasto que juega hoy en día junto al igualmente nefasto Congreso Nacional Africano. Si la historia del PCE les parece triste, con unos líderes que no reconocerían un principio comunista ni aunque se dieran de bruces con él, la del SACP es trágica.

Pero en aquel tiempo, donde tuvo un papel relevante en la lucha contra el Apartheid, se repetían comentarios como “la única organización donde se respiraba una igualdad total entre negros y blancos” “el único blanco que entonces te estrechaba la mano era un comunista” “unas posiciones anticoloniales y antiimperialistas que causaban un profundo respeto”. Un entorno social de profundo racismo, donde la explotación sin restricciones de la población negra se asentó en promover una imagen casi deshumanizada de la misma, ¡y fue posible crear un movimiento así! Las posiciones del SACP no eran retóricas, muchos negros lo consideraron su espacio de lucha, y el que llegó a ser quizás su figura más prominente, Chris Hani, asesinado en 1993, era negro. Pues mi aspiración va en ese sentido, un movimiento donde se respire una igualdad total entre hombres y mujeres. Hay una cuestión en la que he estado pensando últimamente, cuando intento analizar las formas más efectivas de organizarse en un entorno social concreto. En las sociedades racistas de países como Sudáfrica o EE.UU. los blancos no suelen compartir su espacio con los negros. Dentro de la población negra la inmensa mayoría pertenece a los explotados o marginados, pero aunque haya un porcentaje de la población blanca que también sufra altos niveles de explotación, los espacios tienden a seguir estando separados, el sufrimiento puede ser similar pero no es compartido. Esto crea dificultades adicionales a las posibilidades de entendimiento y de poder trabajar juntos en condiciones de igualdad. Las mujeres y los hombres de la clase trabajadora por el contrario sí que comparten espacio y sufrimientos. Creo que si fue posible el entendimiento entre negros y blancos en el SACP con la dificultad añadida que comento, no tenemos excusa para no intentar trabajar por la construcción de ese espacio igualitario entre hombres y mujeres en el movimiento de clase.

Creo que no tiene sentido alguno en estas circunstancias que las mujeres y los hombres de clase trabajadora luchemos por separado ni fuera ni dentro del movimiento. Nuestra posición es ya suficientemente débil, no debemos hacerla aún más débil escuchando los cantos de sirena de un feminismo descaradamente interclasista. Es evidente que sería mucho más fácil luchar por la igualdad dentro del espacio con conciencia de clase con una presencia importante de mujeres en el mismo. Los hombres tienen que hacer un esfuerzo permanente para ver a las mujeres como sus iguales, para no relegarlas, ni en la teoría ni en la práctica, a un papel secundario, y para que nos vean y nos escuchen lo primero es que tenemos que estar. Pero lo cierto es que si a las tremendas dificultades que tenemos en el movimiento de clase para crecer, después de tantos años de dejadez por parte de los que tenían que haber estado creando conciencia de clase, le añadimos el machismo de la sociedad, no nos puede dar otro resultado que el panorama más bien desolador que tenemos en cuanto a presencia de mujeres.

Cuando analizo las ideas promovidas por los creadores de opinión, que se encuentran en todas partes, los medios de comunicación, la industria del entretenimiento, en los espacios “alternativos”, no puedo ser optimista, vamos al modelo paradigmático de control social por parte de la clase capitalista, EE.UU. No serán los modelos anglosajones de “activismo” ni sus neofeminismos los que llenen de mujeres con conciencia de clase, y un profundo cuestionamiento de sistema, los espacios de la izquierda revolucionaria. Creo que las herramientas para tratar de incrementar la presencia de mujeres en el movimiento de clase en un entorno social tan poco propicio solo podrán surgir de una “inteligencia colectiva”, del esfuerzo de todas y todos. En cualquier caso, tendremos que trabajar con lo que tengamos mientras buscamos maneras efectivas de mejorarlo. Contrariamente a lo que se suele pensar, en mi opinión el principal peligro es, sobre todo si se parte de una importante desventaja numérica, que las mujeres acabemos siendo simplemente “el grupo de las chicas”, muy reafirmadas en nuestro pequeño mundo, metiendo mucho miedo quizás, pero con una influencia y contribución muy escasa en el resto del movimiento. La igualdad es exactamente eso, igualdad, y pienso que para ella es también muy importante la actitud que adoptemos las mujeres. Yo como mujer no espero ningún trato especial, y explico lo que quiero decir. Cuando expreso mi opinión espero que ésta esté abierta al mismo nivel de debate que la expresada por un hombre, por eso hago el esfuerzo de intentar argumentarla.

Me parecería muy mal que a una mujer por ser tal se le cuestionen menos sus posicionamientos, y se le admitan posturas ajenas a la sensibilidad del movimiento que no se admitirían en un hombre. Si las mujeres vamos a utilizar nuestra condición de mujer y el machismo de la sociedad para hacer pasar cualquier postura, a mí se me viene rápidamente a la mente Marx, Groucho, y pienso que nunca pertenecería a un club que admite como socias a mujeres como esas. Yo personalmente no voy a llamar machista a nadie porque manifieste una postura distinta a la mía en cualquier tema, solo espero que presente su postura de la forma más argumentada posible para que podamos centrar el debate en eso, los argumentos, y dejemos fuera cualquier tipo de ataque personal. Es más, si detecto lo que considero actitudes o posturas con un elemento de machismo pienso que la mejor forma de luchar por la igualdad es argumentando cuales son esos elementos de machismo que veo, ¿qué mejor forma de ir detectando esas actitudes e ir viendo si existe la voluntad de corregirlas?

Como he dicho, vivimos en sociedades que tienen fuertemente arraigados sentimientos de superioridad por cuestiones de sexo, nivel económico, cultura, raza, no podemos esperar la perfección. El examen que hagamos tiene que ser permanente, incluso cada uno y cada una de nuestras propias posturas y actitudes. No soy ninguna buenista, encuentro al buenismo cínicamente frívolo. Intento no minusvalorar nunca aquello a lo que nos enfrentamos. No creo que se les pudiera achacar a los comunistas sudafricanos que no fueran plenamente conscientes de la agresividad de los poderes a los que se enfrentaban, y de lo fuertemente arraigado de los sentimientos racistas que habían permitido una explotación sin restricción alguna de la población negra. Fue una lucha que requirió unos niveles de compromiso y sacrificio que desde nuestra posición no creo que podamos apreciar en su justa medida. Pero no puedo por menos que pensar que los animaba el convencimiento de que en el ser humano hay, debe haber, algo más que estupidez y egoísmo, y que había que mostrarlo empezando por el propio movimiento. ¿No nos debería animar el mismo espíritu?

Enlaces: http://es.sott.net/article/8506-Como-EEUU-controla-la-sociedad-civil-a-lo-largo-y-ancho-de-Africa http://blogs.publico.es/lidia-falcon/2015/10/16/el-feminismo-en-las-elecciones/ http://www.publico.es/culturas/mujeres-encontramos-virginia-woolf-tesoro.html

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Enlace de sitios web en los que el artículo estaba publicado cuando me topé con él:
-https://dedona.wordpress.com/2015/11/03/algunas-reflexiones-sobre-mujer-y-movimiento-de-clase-mariola-garcia-pedrajas/
-http://www.marat-asaltarloscielos.blogspot.com.es/2015/11/algunas-reflexiones-sobre-mujer-y.html