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miércoles, 7 de octubre de 2026

11-N: huelga general


Por Arash

En la historia reciente existen otras ocasiones en las cuales la CEOE, principal organización representante del empresariado nacional, ha afirmado respetar el derecho de huelga de los trabajadores incluso reconociendo, al mismo tiempo, que esta última fuera una convocatoria de corte político. Hay a quienes esto le sonará extraño, pero es absolutamente cierto. 

Por el contrario, no es de ningún modo casualidad que en este momento, asegurando esos patronos que ahora la huelga tiene aquel mismo carácter político, llamen de manera casi abierta, a los poderes públicos más afines, a que éstos vulneren el correspondiente artículo del texto constitucional, que se supone que garantiza su ejercicio. Ya emplean a sus matones y perros a sueldo contra las concentraciones y manifestaciones de inquilinos, mientras vean que legalmente no pueden hacer nada o no les sea suficiente. Por la vía legal o por la ilegal, tratarán de restringir también el derecho a la huelga.

En realidad nos encontramos ante una  convocatoria que sí tiene razones más que sobradas de índole económica y laboral. En este caso la iniciativa sí ha nacido de organizaciones de base, concretamente de los sindicatos de inquilin@s y de vivienda, a los que se han sumado sindicatos laborales que son los que han legalizado la convocatoria de paro del próximo 11-N. Dicha iniciativa no ha sido ni de los partidos, ni de sus políticos profesionales, más allá de la distinta posición que estos puedan manifestar en sus comunicados y publicaciones en las plataformas digitales.

Estamos viendo en nuestra cara cómo se están tratando de violar derechos fundamentales, como también intentan con el de reunión en los espacios públicos. El derecho de reunión no les preocupaba tanto a los líderes, varones y referentes históricos de Vox-PP, formaciones que ya trata de acceder a la Moncloa by any means neccesary, como diría Trump, cuando quienes aparecían en las calles eran otros no muy lejos de su cuerda, neonazis y falangistas pertenecientes a distintos grupúsculos violentos y escuadristas. 

Pero no voy a entrar ahora en más comparaciones entre convocatorias. El caso es que desde las derechas se pretende establecer que la huelga sea ilegal, algo que pueden desmentir perfectamente juristas y economistas que no se encuentren completamente comprados y manipulados en el ejercicio de su profesión.

Lo que intentan los enemigos de la movilización en defensa de la vivienda es desviar por todos los medios posibles los objetivos de la misma. Seguramente saben, o al menos sospechan, que a partir del enfrentamiento contra el rentismo inmobiliario, se puede abrir un escenario que también sirviera para dar continuidad y mayor dimensión a cierto malestar y descontento. Uno en el que se reflejasen los conflictos aislados, más o menos localizados que han venido teniendo lugar, de manera dispersa, a lo largo de todos estos años en numerosos centros de trabajo, con independencia de lo que se haya querido hablar sobre ello. 

En uno de los argumentos que se están intentando esbozar para dividirnos, se establece que la "solución" a la cuestión de la vivienda es una reestructuración de la demanda que, al provocar una disminución de la misma en las grandes ciudades, hiciera bajar los precios en localidades como Madrid o Barcelona, Bilbao o Valencia, porque dicha demanda se hubiera movido a las zonas rurales. Es una propuesta absurda para nosotros, porque la economía se orienta hacia donde más ganancia se obtiene pero lo que significa en cualquier caso, en román paladín, es que hay que aceptar las necesidades que nos imponen, irse aquí o allá, siempre con el culo al aire si algo apenas se puede pagar, mientras quienes imponen esas  necesidades, que son sólo las suyas, siguen "haciendo" su dinero sin que nadie les moleste.

No existe que se sepa ninguna "teoría del capital inmobiliario", tal y como pretenden ciertos individuos que en realidad son esbirros solapados del neoliberalismo avanzado y de sus grupos derechistas de acción callejera. En el planteamiento neoliberal, el héroe siempre es el terrateniente y el gran agrocapitalista, y no el pequeño productor lechero o ganadero que intuya certeramente cuál es la causa de sus problemas. El ejemplo a seguir, según aquel, es siempre el fenómeno que se maneja con soltura en los negocios y que dicen que "se hace a sí mismo", el tipo que especula con el pan de los demás porque para eso tiene educación financiera. 

Y los culpables son los de siempre: el asalariado mileurista o el que está hipotecado. El pequeño cuentapropista para el que no quedan ayudas y no la competencia más aventajada que le aplasta en el mercado, y también el falso autónomo que factura siempre para las mismas empresas. Algo no muy diferente sucede con el inquilino en régimen de alquiler, el temporero en la vendimia y el superexplotado precario de la ciudad, e incluso el que ha sido desahuciado y el sintecho, al que acusan de no poder pagar por no haber trabajado lo suficiente. Son algunos de los objetivos a los que se suele apuntar para que funcionen como chivos expiatorios. El culpable es el viejo que busca en los contenedores o que se plantea hacerlo, porque su jubilación ha estado siendo recortada. Ahora los fascistas quieren dar otro golpe más contra las pensiones públicas, como reconoció el propio degenerado Figaredo, y ciertos mal nacidos que son cómplices suyos votarán a sus partidos. 

La culpable es la anciana enferma a la que le golpean la puerta de su casa los uniformados de la policía, previa orden de los jueces, y con la salvedad de unos dignos bomberos que se niegan a ser ejecutores, y a la que tienen que acabar sacando los sanitarios en camilla, antes de quedar ingresada en el hospital en el que unos desgraciados a los que  no pondré los adjetivos en los que estoy pensando, llamados Urbagestión y compañía, terminarán con su vida. La gestora de pisos forzada a retractarse sólo por la presión en las calles y el riesgo de deterioro de su imagen corporativa, pero ella nunca volvió ni volverá a su casa. 

Ahora quienes insultaban a Mari Carmen Abascal, como hicieron con Paca Blanco (será desahuciada si la solidaridad no la alcanza a ella) y que le señalaban hace dos días como causa de su propio sufrimiento, tertulianos y políticos de la fosa séptica, manipularán su memoria para justificar el golpe de estado civil permanente que llevan años perpetrando contra el ejecutivo, corresponsable, junto con todos los socios que en algún momento lo conformaron, por haber administrado el mismo tipo de recetas de siempre; pero un ejecutivo que fue elegido en las urnas y al que quieren echar por demasiado blando. 

El planteamiento consciente de la clase trabajadora es muy distinto del anterior. En última instancia no se puede pretender explicar precios a partir de precios, a no ser que se acepten como válidos los razonamientos circulares: todo sistema de precios hace referencia inmediata a la circulación. Ahora bien, las leyes del mercado pueden ser objeto de un tratamiento teórico específico, según cuáles sean los intereses que se establezcan de partida.

La dedicación masiva de pisos a usos turístico-vacacionales, en lugar del alojamiento estable de familias, concentra la propiedad en grandes tenedores (no me refiero a los cubiertos para comer, como dijeron los piezas esos de la gran burguesía catalana) y en empresarios freelance, defraudadores que no pagan impuestos, aunque luego digan que éstos últimos se utilizan para esto o para lo otro. La propiedad inmobiliaria acaba creciendo en manos de los dueños de fondos buitre que ya hacen negocio, desde hace mucho tiempo, no sólo con la vivienda sino también con las pensiones. Ellos son quienes imponen las condiciones.

Esto último sí contribuye a explicar por qué se elevan los precios de los bienes de subsistencia, hasta hacer del techo algo inaccesible para la clase trabajadora, y cómo la expulsan así de sus hogares. De manera análoga, y si son inteligentes, quienes no lo hicieron entonces comprenderán ahora, al mismo tiempo, aunque sea tarde, la justicia que había entre las protestas que sacudieron las carreteras y el campo europeo y del país hace unos años.

Entre los agricultores, por ejemplo, que no son una población tan homogénea como a menudo se pretende, había motivos reales y muy fundados para los cortes y tractoradas frente al Mercadona y el Eroski, tanto como los hay ahora para luchar contra los abusadores de Alquiler Seguro o los de Fonditel, contra los inversionistas que saquean nuestros servicios públicos y que se quedan con nuestros bienes de primera necesidad. Una parte de los agricultores se plantaron frente a los supermercados y los establecimientos de las principales cadenas alimentarias. Ahí los auténticos adversarios, más allá de determinados funcionarios de la UE o ciertos ministros nacionales de los Estados correspondientes, gestores en definitiva con su grado de responsabilidad, eran los empresarios del sector agroindustrial, que se hacen con los mayores volúmenes de capital y de las subvenciones ligadas a la PAC, en detrimento de los pequeños productores agrarios que las necesitan más que nadie. 

En lo concreto que ahora nos respecta, la oferta inmobiliaria se ha estado desplazando hacia cierto tipo de demandantes, usuarios vinculados al turismo, e incluso hacia otros rentistas que aspiran a hacer lo mismo que aquellos a quienes tratan de comprarles el inmueble o el apartamento. De ahí la pertinencia de una de las reivindicaciones de los inquilinos: vivienda para vivir, y no para otras cosas. Por supuesto, el precio de la misma no se puede explicar eternamente como un asunto de desplazamientos de la oferta y la demanda. 

Esta última insuficiencia ya nos conduce a comprender esos motivos que los enemigos de la convocatoria de huelga general del próximo 11-N niegan que haya para organizarla. Se trata de que se devalúa la capacidad que tenemos (la fuerza de trabajo en la medida en que la emplease el capital productivo) de rentabilizar la propiedad de cuyo aprovechamiento nos excluyen, no solamente de la vivienda, que por supuesto también, sino incluidas otras muchas cosas. La plusvalía que se queda un especulador o un rentista de la vivienda, proviene en último término de la parte del trabajo que se entrega sin ningún tipo de contrapartida, y que permite engordar las rentas del capital. Eso es lo que luego se coloca en unos u otros nichos, aquellos que le resulten más beneficiosos. 

Es decir, el ingreso de las constructoras y las inmobiliarias, el de otro tipo de sociedades mercantiles (socimis y demás) o el de empresas personales incluso si estas no se encuentran de momento legalmente registradas, proviene de la parte del trabajo que queda fuera del recibimiento monetario tanto en la explotación como, de manera añadida, si hablásemos de las grandes distribuidoras alimentarias y de los bienes primarios, en otras relaciones económicas de carácter opresivo. Los precios en el sector inmobiliario también se explican a partir del salario, pero nuestros enemigos de clase fascistas ya se atreven contra las libertades democráticas, e intentarán coartar cualquier intento de ejercerlas para defender todo lo que consiguió la lucha obrera del pasado.

Hay oportunidad no para poner "colchones", como he escuchado ya en alguna tertulia. Los colchones sirven para amortiguar. La oportunidad debe ser para preparar una lucha de clases. 

sábado, 3 de octubre de 2026

Tras los dos decretos tumbados sobre vivienda


Por Arash

A propósito del "período de reflexión" del Presidente del Gobierno y de este fin de semana, sea lo que sea lo que venga, cabe decir algo. Y es que si para dar tal o cual paso o tomar una decisión, se espera antes a ver lo que dice o hace el Congreso de los Diputados o el Consejo de Ministros, como si fueran los turnos en el juego de las damas, quienes en realidad partan el bacalao serán los gestores políticos y no los sindicatos de vivienda.

En tal caso, la movilización se habrá convertido, más pronto que tarde, en otro 15M porque su orientación y finalidad será la de otra canalización estéril del descontento. Las últimas convocatorias han tenido relativa asistencia y participación. Si se determinan unas elecciones anticipadas y un seguimiento de manifestaciones como las recientes no fuera ya masivo, con vistas a prolongarse indefinidamente en el tiempo, será como ponerle una moqueta al PP-VOX para que entren en Moncloa.

El camino alternativo se llama independencia de clase. Es tener agenda propia. Una que no espere ni esté supeditada a ninguno de los movimientos que hacen todos aquellos profesionales del cretinismo parlamentario. Para enfrentar a la derecha y el fascismo no servirá ni su tutela, ni la de ninguna de las sucursales mediáticas. El panorama ya está repleto de los tertulianos y sus clubes de debates redifundidos por televisión y por las plataformas digitales. Eso es así desde al menos 2011, pero no quiere decir que no haya que pretender la citada independencia. Excepto los pseudomedios buleros y nazis, los reales pueden reportar lo que deseen, pero la lucha está en la calle.

Hay algunas demandas reconocibles de la misma: bajada de precios y rentas de alquiler, expropiación de fondos buitre, contratos indefinidos de vivienda. Si se van a añadir más puntos, que nadie consiga que se olvide que sean eso, demandas añadidas sobre aquellas que se hayan considerado como fundamentales. También se puede exigir que se despenalice la ocupación por familias en situación vulnerable de aquellas viviendas que no se encuentren habitadas; un aval estatal para inquilinos en el mercado inmobiliario y de alquileres, etc.

Y puesto que tenemos un serio problema de infiltración en las FCSE, en la judicatura y en el funcionariado, en el empresariado y en el clero, no estaría de más una urgente depuración de elementos antidemocráticos, si es que se acuerda algo semejante. No hay que olvidar que las bandas de desocupación son los squadristas armados para defender el derecho de propiedad por encima del acceso universal a la vivienda o cualquier otra de nuestras necesidades. A aquellas empresas de desocupación se les sirve y protege con descaro. Agresiones e intentos de ellas como las de Oviedo o de Madrid, o de cualquier otra de las grandes y pequeñas localidades irán a más, si no lo impedimos por todos los medios posibles.

La vivienda es una de las necesidades inmediatas que tiene la clase trabajadora. Si el acceso a la misma "se come" la mayor parte del salario, eso no deja de ser expresión de cómo el rentismo inmobiliario es una de las principales formas de exprimir que se añaden a la explotación cotidiana. Eso sin hablar de la luz y el gas, o de la cesta de los alimentos.

Sobra razones para salir a la calle.

viernes, 1 de mayo de 2026

El mundo enfermo, huérfano

 

Por Arash

Hay una esperanza que exige lo mejor de cada uno, y no dejarse engañar ni seducir por ciertos charlatanes. Estos últimos buscan solaparse. Intentan algo así como encontrar la manera de ponerse a rebufo de pensadores, críticos, y militantes que en la práctica totalidad de los casos ni siquiera les conocen, y en la mejor de las posibilidades ni les prestan atención. Aunque la buscan.

Si aquel investigador de la praxis, exiliado y perseguido por toda la Europa del siglo diecinueve, regresara como de ultratumba y se personara entre nosotros, estos mamones le cerraban ahora la puerta de sus casas y respectivos países para dejarle personalmente con una mano delante y otra detrás, a él junto a su mujer y con sus hijos en brazos.

No está vetada de antemano la posibilidad de hacer una lectura que podría considerarse convencional sobre la "sustancia social", y al mismo tiempo, evitar convertirse en alguien cerrado de mente, que es como son estos sujetos a los que me acabo de referir.

Interesantes son el sistema único de valores-precios de Andrew Kliman, el nuevo enfoque de teoría monetaria de Duncan Foley, los muy didácticos y recomendables fundamentos de Jacques Gouverneur, o la economía marxista avanzada y aplicada de Rolando Astarita. Eso sin olvidarse de los importantes trabajos empíricos y de investigación de Michael Roberts, sobre la tasa de ganancia y la tendencia general de crisis. No son las únicas perspectivas que se manejan.

Hay algunos autores que parecen más centrados en advertir sobre los riesgos, que al final todo los entraña, asociados a cuestiones como tratar de inferir las condiciones de vida o existencia a partir de lo fenoménico de los salarios, o de que se olvidasen los patrones y regularidades básicas del proceso económico, cualquiera que fuese la unidad o sociedad que se asentara en la separación entre productores directos y medios de producción. Estas contradicciones pueden tener lugar en el marco de economías más o menos dirigistas, pero en las que nunca se priorizan los intereses de los explotados y los oprimidos, por mucho patriotismo que se siguiera inoculando.

También los hay que piensan, y con mucha razón, que la comprensión del carácter histórico de los fenómenos económicos y sociales no puede ser convertida, de ninguna de las maneras, en una excusa para desatender lo concreto y del "día a día", o los análisis de orientación más específica sobre el capitalismo. No nos lo podemos permitir, porque el primer ciclo revolucionario ya se terminó hace mucho tiempo, en el pasado siglo veinte, y ya no existen comunistas. Será muy importante cómo se haga notar el descontento general de la parte afectada de la población, y que de hecho lo haga como necesariamente dictamine su conciencia.

De todos los economistas que he citado, de su quehacer teórico en tal condición de críticos con el orden económico establecido y de sus ideas más explícitas o más implícitas de emancipación social, son adversarios frontales esos bots humanos de la hispanidad, que imaginan sus delirios imperialistas sobre la regeneración material y moral de la nación. Los grupillos de estos últimos construyen su ideología y elaboran sus "programas políticos" con el chatgpt y otros softwares, y constituyen la continuación de un fracaso anterior.

Cuando la clase trabajadora y los sectores populares salieron, en América Latina y en Europa, a luchar contra los ajustes neoliberales que les estaban imponiendo sus gobiernos, las izquierdas se lamieron mutuamente los orificios, las unas a las otras, entre ambas orillas del océano que separa ambos continentes. Es simplemente un hecho verificable que en la justificación de sus lengüetazos, a este lado del charco, se sintieron arropadas por el fanatismo de sus acríticas bases sociales.

No comprenden que de hecho nada impide que se puedan incrementar los niveles en que se extrae el excedente para el capital a partir de la explotación. Este es el punto en el que se lleva tiempo articulando otro posible retroceso ideológico. Sucede que después de que nos hubieran entregado a las hirientes y dañinas políticas de la globalización en esta última década, corremos un serio peligro: que las izquierdas europeas involucionen ya hacia el socialpatriotismo, o nacionalismo de redistribuir los restos de un modelo welfarista que, en realidad, ya transformaron en algo muy distinto.

Lo que se espera es que las ayudas tiendan a ser aún más insignificantes e inaccesibles que las que quedaron en la ronda anterior, por si acaso alguien tiene dudas. Es lógico que tenga lugar la susodicha deriva patriotera, porque tampoco tienen proyecto ni itinerario. No tienen ni tendrán nada que ofrecernos. Por eso resultan arrastradas.

Tales restos están ya siendo obtenidos para intentar seguir camelando más en los países centrales, mediante una división que se acentúa con respecto a la periferia, machacada hasta la extenuación con las varias carnicerías y sangrías abiertas a lo largo y ancho del planeta. No funcionará tratar de resolver los acuciantes y crecientes problemas que tenemos y tendremos aquí jodiendo al resto. Estamos ya ante la persecución y la brutal, inhumana e insolidaria restricción de una inmigración que seguirá masificándose. A duras penas se alcanzan nuestras jurisdicciones, relativamente seguras en comparación con la brutalidad de la que se alejan millones de personas en todo el mundo, buscando refugio.

En el mismo sentido que el anterior, uno que nadie con dos dedos de frente duda que es nítidamente reaccionario, juegan las cambiantes e imprevisibles tácticas comerciales y belicistas de Washington, especulativas e intervencionistas al mismo tiempo. Estamos en el desarrollo profundo de la actual fase neoliberal, y en ello participan las principales superpotencias económicas o militares del globo.

Hay una corriente que manifiesta con mucha claridad la posible contaminación ideológica, que puede tener lugar ya de manera parcial, al interior de las propias izquierdas, y es la de los rojipardos. Aquellos que se encuentran en su libelo terminan prefiriendo, antes o después, tales o cuales "facetas y aspectos" de Meloni, de Orbán o de Radev. Es porque resulta más fácil blanquear la orientación de sus gobiernos y la dirección política que se va imponiendo en el continente, antes que hacer algo por la salud de las dañadas democracias, en cuya defensa nunca se han implicado.

Algunos son ahora prochinos. Muchos de ellos reconvertidos porque, antes de que se le hiciera la jugada sucia al depuesto gobierno laico de la república árabe siria, ahora en manos de Tahrir al-Sham, los muy cretinos habían convertido a Putin en su héroe, y al Kremlin en un bastión del antiimperialismo, porque se apoyaban en la teoría campista y de la bipolaridad. Y todavía antes, se habían tragado aquello de que el sucesor de Biden sí iba a acabar con todas las guerras, una idea que incluso reproducían sin pudor ni vergüenza alguna.

Son los mismos que se negaban a mirar hacia Irán, cuando protestaba allí la población contra los abusos y crímenes cometidos por sus autoridades y los matones a su servicio. Su completa ceguera estratégica pronto quedaría olvidada al respecto. Vino el protegido de Estados Unidos a avanzar en el proyecto genocida y expansionista sin control por Oriente Medio que se llama Israel. Pero a las Fuerzas de Defensa de ese exterminio no las pagan solamente los gringos.

El presidente de la votada idiocracia estadounidense, Donald "Chromp", cuyo apellido suena como algo sucio cayendo por la tubería de un desagüe en un inodoro del que nadie tira de la cadena, tiene su propia visión del orden. Pero si Europa no quiere terminar haciéndola suya, en ninguna de las formas mundiales existentes, hay que dejar el pseudoactivismo de las plataformas digitales, inherentemente inútiles.

Habría que pasar a la acción y la organización, de clase y con autonomía con respecto a cualesquiera que fuesen los intereses de Estado, con los que tratarán de confundir a los descontentos. Eso es compatible con permitir la bienvenida a todos aquellos que aún conserven algo de humanidad. Una lucha para aplastar a la serpiente que la amenaza, dependería necesariamente de tener los brazos muy abiertos. Pero ésta no tendrá éxito si esa implicación en cada brote de malestar no se empieza a producir desde el respeto, eso para empezar.

miércoles, 28 de enero de 2026

Tuiteros contra la acogida de irregulares y refugiados


 Por Arash

Las alturas alcanzadas son ya de vértigo, por la enorme distancia que separa a los enfermos, que invocan la distopía, de los cuerdos que, en contra de lo esperado, aún se mantienen sobre la tierra en alguno de los continentes de este planeta.

Cuando se alcanzan esas altitudes estratosféricas y no se comprenden cuáles son las reglas del juego, estando tan lejos siquiera de intuirlas con una mínima claridad, resulta mucho más fácil terminar en el nacionalismo y el fascismo. Estas dos últimas son las que vienen a ser fases actuales del capitalismo.

Con ninguno de estos nazis vestidos con disfraces tan rancios, puede intentar razonar nadie con los tradicionales argumentos para establecer, por ejemplo, que bajo las condiciones específicas en que se define y cobra sentido, el dominio absoluto de las leyes que rigen las economías realmente existentes no hacen excepciones de ninguna clase. Tampoco las que brotan de la particular imaginación de tales individuos, tan fanáticos y voluntaristas como son.

Le dirían al atrevido que, si se quiere revertir la pérdida de capacidad adquisitiva de los salarios, o bien su contención en las actualizaciones de los convenios, lo que se tiene que hacer es implementar las recetas del neoliberalismo avanzado de las derechas, porque en la URSS también se controlaban las fronteras. No es broma que así proceden en sus divagaciones mentales. Aún no se han enterado de qué puñetas significará eso que aparentan enfrentar desde hace al menos quince años. En todo ese tiempo no estuvieron jamás en el combate.

Si la economía en su conjunto global no tuviera restricciones, la ubicación y el reparto serían diferentes, qué duda cabe, de los que realmente son. La salida que defienden los rojipardos es la que se plantea para un ratón de laboratorio, correr eternamente por la rueda. Eso es justo lo que quieren para las clases trabajadoras y populares europeas, y no les ha ido del todo mal en sus deseos para con ellas.

La citada corriente ideológica no es única dentro de las posiciones que mantiene. Pero sí se caracteriza por presentarse como algo que no es, lo cual la hace especialmente estridente y desagradable para cada vez más sectores, que están viendo en qué consiste su auténtica naturaleza. Es una corriente que tiene el "virtuoso" efecto de alejar, de eso que manipula y tergiversa a su capricho, a posibles y muy necesarios luchadores sociales. No se puede pelear por ventajas reales y duraderas desde el revanchismo hacia el extranjero o hacia el inmigrante, así que "si el marxismo es racista, no hay que ser marxista".

Pero lo único que cabe es estar del lado de quien se busca la vida venido desde fuera, y por eso hay que presionar por acabar con su sobreexplotación, que al parecer también confunden los tipejos con la base. El marxista también distingue entre izquierda y derecha: por el contrario, estos otros las confunden, porque sólo son los niñatos de treinta o cuarenta años, o de la edad que fuesen en cada caso, que hicieron suya la pretensión de los "indignados" desde los cuentos de literatura roja que se cuentan. Y estos últimos, repiten ahora su confusión a los cuatro vientos, para seguir propagando la infección.

La cuestión es cómo se tienen que articular y traducir recíprocamente los mecanismos del mercado de trabajo, y del trabajo y la reproducción salarial, y cómo esto repercutirá sobre la calidad de vida que había sido conseguida. Es el proceso por el que tiende a la convergencia el ritmo de los ingresos del capital, que es el poder último al que sirven todos estos pardillos, a quienes por el algoritmo de Elon Musk se les amplifican indebidamente sus oraciones. 

Más allá de que contasen o no, o de que lo hicieran más o menos, con una representación parlamentaria, la lógica que aplican también comparte algo con la del supermercado electoral del voto: hay que plantear diferencias. De lo contrario no podrían tratar de atraer así la atención del consumidor frente a la ya menguada competencia política real, atributo de una democracia liberal (burguesa) que perece y deja paso al delirio que viene. 

Lo normal no va a ser escuchar o leer a uno de estos reconocer que, la traición al Polisario y el pueblo saharahui, se debe en gran medida a una externalización de la política fronteriza. Si lo hicieran, probablemente estarían admitiendo, casi de manera automática, que en la cuestión migratoria, como en otras, tampoco defienden nada que sea sustancialmente distinto con respecto a lo que pretenden todos y cada uno de los gobiernos. Estoy hablando, sin exagerar tampoco ya que hay lugares y circunstancias incomparablemente peores, de esta Europa de sabor tan gustoso para algunos. Aunque esos gobiernos hacen lo suyo con sus más y con sus menos. No es lo mismo el actual ejecutivo en funciones de nuestro país, que el de Italia con Meloni. 

De la misma manera, tampoco fueron idénticas, ni mucho menos, las consecuencias de la pandemia en España, y al otro lado del charco en países como Estados Unidos o Brasil, con abiertos delincuentes al mando de sus correspondientes gobiernos: el magnate pedófilo que sigue, Donald Trump, y el militar golpista que está donde tendría que estar el otro, en la trena, Jair Bolsonaro. O de igual modo que tampoco un tipo o una tipa que fueran hipotéticamente decentes, son lo mismo que la IDA y Carlos Cabrón, en las comunidades autónomas madrileña o valenciana.

Pero hay algo por lo que en tal corriente, nunca se cuestionará al gobierno más progresista del cosmos y los miembros de la coalición, y es por su orientación reaccionaria. Porque la corriente en cuestión sólo puede augurar el despliegue de ese hilo conductor, por el que se conduce a los socios hacia la derecha. Así que lo que enciende los ánimos es, precísamente, un real decreto por el que podrían concederse permisos de trabajo y residencia a una parte muy significativa de la población (hasta 500.000 personas, eso siempre según las fuentes disponibles y que se deben contrastar) que, siendo irregular su situación legal en España, se encuentra al borde más absoluto de la catástrofe humanitaria. El decreto fue precedido, por cierto, por una iniciativa legislativa popular en 2024, que no terminó de desarrollarse.

A lo mejor es que el reajuste provocado por las actuales políticas migratorias que los rojipardos defienden, esto es, el que se deriva de esas medidas encaminadas a restringir la circulación vinculada al flujo global, debe ser obligatoriamente acompañado, en términos generales, de una mayor devaluación de la mano de obra en todas partes. De ahí las fantasías industrialistas del imperialismo, a las que también se van arrastrando estos y otros elementos.

Lo que queda tras ir recurriendo al cierre, después de ir echando el candado poco a poco en las puertas, es más explotación laboral. Para el que tiene la nacionalidad y para el que no, el extranjero. Para el que ha nacido aquí y para el que entró, el inmigrante. Y en cualquier lugar. La paulatina restricción del movimiento migratorio, en la medida en que dicha restricción va teniendo lugar, es algo simultáneo y, desde luego, muy compatible, con el incremento del ritmo al que se le extrae el excedente a la formación asalariada, dividida primero por esto, luego con aquello, y mañana vaya a saber uno de qué otra manera adicional.

Y si la llevamos al nivel de las relaciones internacionales, esa misma contradicción que entraña el desempeño de las actividades productivas, puede que se esté dando mientras se acentúa el desarrollo desigual. Con ello, a escala global se podrá abrir aún más la brecha salarial entre, por un lado los países de nuestro entorno, que vayan dejando de ser tan de acogida como solían, y por otro los países de origen, que pueden ser aún más subdesarrollados y dependientes.

Esta nueva involución se puede dar incluso con la instrumentalización de nuevas capas más elevadas, a las que se recurre para neutralizar o evitar que la conflictividad, ahora localizada, trascienda más allá de todas sus adversidades inmediatas. Unas capas aburguesadas que estarían constituidas esencialmente por  nacionales. Esa es la manifestación que la geopolítica tiene "hacia adentro": la aparición de tales segmentos en el interior de la propia población que debiera tener el protagonismo.

Un protagonismo que debe suceder en el marco de una alianza con las clases golpeadas, y aglomerar por encima de la posesión o no de la nacionalidad, y por encima de la procedencia de cada cual.

Sea como sea, por fuera de los intereses de los Estados, y con respecto a la cuestión de la dimensión más allá de los ámbitos territoriales de estos últimos, hace falta seguro una actualización teórica porque aquel período, el de la dominación de los monopolios tal y como fue conceptualizado, ya no es "antesala" de nada, por mucho que ello contradiga a Lenin. Hace tiempo que hay marxistas trabajando en el asunto, desde una perspectiva que sí se presta a la discusión.

¿Qué hacer con los salarios?

Propongo empezar por desearles colectivamente a todos aquellos insinuados revolucionarios, a esos que pretenden arrogarse una potestad para decidir dónde tienen o no que poder buscarse las habichuelas los demás, un feliz crucero por mitad del océano Atlántico. Para que pudieran disfrutar la experiencia completa de un soleado día de verano, o de la majestuosidad provocada por el oleaje y la meteorología de una impetuosa tormenta.

Podrían utilizarse esas mismas pateras con grietas con las que llega, por las peligrosas rutas de Canarias y el Mediterráneo, una parte minoritaria del total de los sin papeles que habitan en nuestro país. Si este deseo que propongo se convirtiera en una realidad inminente, quizá comprobaríamos si es realmente cierto que estos hiperventilados, que descargan la frustración de sus propias carencias e inoperancia sobre aquellos supervivientes de periplo a quienes culpabilizan, no están persiguiendo en los demás lo que no quieren para sí mismos. 

Todo suponiendo que acaso les importase esta última regla, que no se deduce del análisis económico, pero que sí debiera ser de aplicación universal, a no ser que seas materia prescindible.